AtivarnAshram

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Dedicado a Bhagavan Sri Ramana Maharshi

 

Enseñanzas con
Sri Siddharameshwar Maharaj - 1

 

CAPÍTULO I

LA IMPORTANCIA DEL CONOCIMIENTO DEL SÍ MISMO

Al comienzo de esta exposición ha de ofrecerse adoración reverencial a Shri Ganesha primero, después a Shri Saraswati, y finalmente a Shri Sadguru. ¿Cuál es la razón de esto? Si alguien pregunta, «¿Si se cambia el orden de esta adoración, habrá confusión entonces?», la respuesta tiene que ser: «sí, habrá confusión». Porque Shri Ganesha es la deidad de la meditación y la contemplación, y Shri Saraswati, la deidad que preside la exposición (a través de las palabras). Con la ayuda de estas dos deidades, la deidad en la forma de la luz del Sí mismo, que surge en el corazón del aspirante, no es ninguna otra que el Sadguru. De aquí que el Sadguru tenga que ser adorado necesariamente después de Shri Ganesha y de Shri Saraswati.

Sólo cuando la comprensión del tema deviene firme, desciende la gracia del Sadguru del Sí mismo. La contemplación y la exposición textuales de este tema, no llevarán por sí solos al aspirante a su meta. De aquí que deba adorar reverencialmente a Shri Ganesha y a Shri Saraswati.

Para comprender el secreto de este principio: primero, que la forma manifiesta sea vista por los ojos y que entonces sea alabado el Vedanta, la boca debe cantar el mantra (nombre sutil) e imprimir su significación dentro.

Según la experiencia de los santos, como se muestra en estas citas, el Sadguru explica primero el tema sobre el que trata la exposición, y después indica sus características, seguido por un detallado conocimiento del mismo.

En la mayoría de las escuelas, cuando se enseña a niños pequeños, el maestro informa primero verbalmente al niño sobre el objeto. A esto se le llama el método «Kindergarten» (de parvulario). Similarmente, el Sadguru os da verbalmente primero la idea de la Realidad (mantra), la cual ha de ser contemplada. A través del canto, esta idea se imprimirá indeleblemente en la mente. A esto se le llama la tradición del Sadguru. A través de este método, el aspirante obtiene resultados muy pronto. Así sea.

Cuando el maestro expone la verdad (el tema tratado) a un aspirante normalmente inteligente, éste comprende lo que el Sadguru transmite y lo que está enseñando. Pero la principal dificultad está en realizar lo que se comprende intelectualmente. A través de la exposición del tema por el Sadguru uno comprende lo que es el Sí mismo (Atman), pero en la mente del aspirante el espíritu de la duda se insinúa de esta manera, «¿Cómo puedo yo ser el Sí mismo (el Atman)?», y la actitud mental del aspirante no deviene libre de duda. Hay una comprensión intelectual, pero no hay realización.

El remedio para esto es practicar y aprender asiduamente. A no ser que haya un estudio sostenido y repetido, no se embeberá completamente.

En el modelo del libro de caligrafía, las letras son muy bellas. Nosotros comprendemos que lo son; pero, inicialmente, no podemos escribir las letras de la misma manera. No obstante, si se escriben repetidamente las mismas letras, entonces, por la virtud de esa práctica o estudio, las letras se forman bellamente tan pronto como la pluma toca el papel. Aquí alguien podría preguntar, «¿Cuánto estudio o práctica se requiere para aprender bien?» La respuesta es, «El estudio o la práctica y el esfuerzo tienen que continuar incesantemente, según la capacidad de cada uno, hasta que se comprenda o se realice».

Aquí puede enunciarse una regla general: Un hombre normalmente inteligente puede comprender algo si se le explica dos o tres veces. Si lo repite diez o veinte veces, eso deviene un hábito. Si lo repite un centenar de veces, deviene una adicción. Una vez que se familiariza con ello un millar de veces, deviene una naturaleza inherente para el que lo practica.

Las fibras de yute son tan delicadas y finas que se dispersan en todas direcciones cuando son movidas por el viento. Sin embargo, cuando las mismas fibras se trenzan para formar una soga, esta soga es tan fuerte que puede atar incluso a un fuerte y violento elefante a una pequeña pica. Igualmente grande es el poder del estudio de este tipo de práctica o repetición.

Es ciertamente verdadero que el Parabrahman (la Realidad Última) es omnipenetrante y eternamente libre. Sin embargo, la mente, en la forma de aire, ha devenido tan fuerte en nosotros, debido a la práctica y el estudio extraviados, nacimiento tras nacimiento, que ha aprisionado al Brahman eternamente libre en el pensamiento de la identificación con el cuerpo. Este es el tremendo resultado de la práctica repetida. El Santo Tukaram ha dicho, «Todo lo que es inalcanzable deviene alcanzable sólo por la virtud del estudio, la repetición y la práctica». Reconociendo la importancia de este estudio, el aspirante debe adorar a Ganesha y Saraswati. Esto significa que debe fortalecerse por la meditación continua y aprendiendo a través de la escucha de la exposición (de la Verdad).

Antes de comenzar este estudio, será deseable para el discípulo conocer otras muchas cosas pertinentes sobre este tema. ¿Por qué ha aparecido en un ser humano la ilusión «Yo soy el cuerpo»? ¿Cuál era la condición del ser humano cuando nació? ¿Cómo desarrolló esta idea de «yo» y «mío»? ¿Era su condición en el mundo, libre de todo miedo? Si no era así, ¿por quién y cómo fue ayudado a deshacerse de ese miedo? Primero, debe meditarse sobre todo esto.

Primeramente, el ser humano yacía enrollado en un pequeño espacio dentro de la matriz de su madre. Cuando nació, entró en este mundo sin límites, abrió ligeramente sus ojos y miró alrededor. Al ver el inmenso espacio y la tremenda luz, sus ojos se agrandaron y se llenó de estupefacción. «¿Adónde he venido solo? ¿Quién va a darme apoyo? ¿Cuál va a ser mi suerte?» Este tipo de miedo surgió en su mente. Inmediatamente después del nacimiento, con el primer choque, comenzó a llorar. Después de un ratito, se le dio una gota de miel para chupar. Con esto se sintió aliviado, pensando que todo iba bien y que tenía el soporte de alguien; así pues, se calmó. Pero este primer choque de miedo estaba ya tan engranado en su psique, que se asusta al más ligero sonido; sin embargo, de nuevo se calma cuando se le da la miel o el pecho de su madre. De esta manera, al tomar soporte externo a cada paso, este ser humano devino dependiente del soporte de sus padres.

A medida que crecía, sus maestros, junto con sus padres, comenzaron a darle conocimiento sobre el mundo. Después de eso, los maestros de la escuela le prepararon en las ciencias físicas tales como la geografía, la geometría, la geología, etc., las cuales valen tanto como el polvo.

Cuando uno entra en la etapa de la «juventud» mira de nuevo alrededor buscando más soportes para su vida. Está predeterminado en este mundo que el soporte para la vida viene del dinero, la esposa, etc.; así pues, junta riqueza y toma una esposa. Da por hecho que puede sostenerse sólo con estos apoyos y así malgasta su tiempo. Con la fama, la erudición, el poder y la autoridad, la riqueza y la esposa, suma cada vez más prosperidad y deviene cada vez más atrapado.

Las principales posesiones y todo su soporte son su esposa, su riqueza, su rango, su juventud, su belleza y su autoridad. Así pues, enorgulleciéndose especialmente de esto e intoxicándose con esto, el ser humano olvida el conocimiento de su naturaleza real. Las posesiones indicadas arriba comienzan a esfumarse una a una.

El orgullo del dinero, el orgullo de la autoridad, el orgullo de belleza, son absorbidos en el hombre y, así, olvida su naturaleza real. Cuando estas posesiones se esfuman una a una de acuerdo con la ley de la naturaleza, la memoria del primer choque recibido antaño le sacude hasta las mismas raíces, y entonces deviene frustrado.

Lleno de pánico, pregunta, «¿Qué voy a hacer ahora? Estoy perdiendo mis soportes por todos lados. ¿Qué me acontecerá ahora?» Pero este hombre ignorante no comprende que todas estas posesiones sólo tenían un soporte sólido, a saber, su YOSOYDAD. Debido sólo a ese soporte el dinero tenía su valor, la esposa aparecía encantadora, el honor recibido parecía apetecible, su erudición le daba sabiduría, su forma adquiría belleza y su autoridad le daba poder.

¡Oh hombre, tú mismo eres el soporte de todas las riquezas descritas arriba! ¿Puede haber una paradoja más grande que sentir que la riqueza te daba soporte a ti?

Si además de esta riqueza, poder, mujer, juventud, belleza de formas y honor, uno recibe la mal avenida fortuna, ¿cuán extrañas devienen entonces las propias acciones de uno?

Un poeta, describiendo las pretensiones de la mente humana, escribió, «Primeramente un mono, sumamos a eso que se emborracha, y para colmo además le pica un escorpión». Este poeta abandonó su pluma al ver las ridículas absurdidades de este ser humano y dijo adiós a sus talentos poéticos.

La suerte del hombre que considera su cuerpo como Dios, y que está absorbido en su adoración día y noche, debe considerarse como un zapatero (en marathi «chambar», el que carga «cuero» a sus espaldas). Hay un proverbio adecuado que dice que el Dios de un zapatero debe ser adorado sólo con zapatos. Esto nos habla de la manera en que tiene que ser adorado el Dios del hombre que considera como Dios al cuerpo. La devoción de un ateo es alimentar su cuerpo, y su liberación es la muerte del cuerpo. Para un hombre cuya meta última en la vida es alimentar a su cuerpo y cuya liberación es la muerte, no hay ninguna salida por encima del nivel del cuerpo. En su caso esto no es sorprendente.

Si debido a algún infortunio este hombre perdiera toda su riqueza, continuaría pidiendo dinero prestado para satisfacer sus hábitos de comer, beber y disfrutar. Si los acreedores le cercaran, se declararía insolvente y así zanjaría todo el asunto. Cuando la muerte le golpea, finalmente sólo yace muerto. Muere como ha venido. ¿Podría haber algo más trágico o más miserable que este tipo de vida?

La mujer que se desvive en alabanzas a su marido porque le ha regalado un bello anillo para la nariz, ¿por qué no piensa en el Señor que le proporcionó una nariz para poner el anillo en ella? De la misma manera, ¿cómo pueden ver a Dios estos seres humanos animalizados que consideran que sólo el cuerpo es todo y el fin de toda la vida?

Aquel cuyo poder da al sol su existencia como sol, a la luna su existencia como luna, a los dioses su existencia como dioses, este Omnipotente que es el soporte de todo, que está presente en los corazones de todos los seres, Éste ha devenido invisible para el hombre.

El hombre cuyos ojos son atraídos por los objetos externos, sólo ve aquello que es externo. En marathi, la palabra «Aksha» es un sinónimo de ojo. «A» es la primera letra del alfabeto y «Ksha» es una de las últimas. Eso significa que todo lo que ve el ojo está dentro del alcance de estas dos letras. Sólo le dará información de los objetos exteriores. Los objetos groseros serán visualizados por el ojo grosero y lo sutil será sentido por los sentidos que son sutiles.

Pero en marathi, una letra que viene después de «Ksha» es «jña». La letra «jña» indica el conocimiento que no puede ser visto ni por el ojo grosero externo ni por el ojo sutil del intelecto. Por consiguiente, al «ojo» se le indica con el sinónimo «aksha».

Como el ojo, los demás órganos de los sentidos, a saber, el oído, la nariz, la lengua, etc., están dirigidos hacia afuera y continúan existiendo debido a la fuerza de los objetos externos. El rey del conocimiento (yo soy) persuade a todos los sentidos y parece otorgarles el dominio. Que no atraiga la atención de nadie el hecho de que él (yo soy) esté presente antes de los sentidos, se debe a esta externalización. Durante muchos nacimientos, la mente y el intelecto han adquirido el hábito de mirar sólo hacia afuera; por lo tanto, «volverlos hacia adentro» ha devenido una tarea muy difícil. A esto se le llama «la vía inversa», que siguen los santos cuando se vuelven en la dirección opuesta y observan la mente, abandonando completamente ver lo que es externo. Donde un hombre ordinario está dormido, estos santos están despiertos; y donde un hombre ordinario está despierto, estos santos están dormidos.

Todos los seres se encuentran despertados a los objetos externos y han devenido extremadamente hábiles en este tipo de despertar. Sin embargo, los santos han cerrado sus ojos a las cosas externas. Y el tema del Sí mismo, para el que los demás seres están dormidos, mantiene a los santos completamente despiertos.

El que tiene un millón de rupias está preocupado por cómo doblar la suma al día siguiente. Se estimula a sí mismo para adquirir cada vez más. Pero los santos le advierten, «Vuelve atrás, vuelve atrás —¡Oh hombre!— pues podrías ser atrapado en un torbellino, en esta ilusión. (Maya) ha venido como marea alta y podrías ser arrastrado».

Los adelantos modernos que vienen a este mundo con novedades cada vez más recientes, así como aquellos por venir, constituyen un ciclón de Mahamaya (la Gran Ilusión). Estad seguros de que seréis cautivados por ella. ¿Quién sabe adónde será arrastrado el hombre que es atrapado por este ciclón? Cuando los santos ven a esta persona, cuya atención está raptada por estos adelantos modernos, corriendo de acá para allá, luchando en sus persecuciones, tratan con todas sus fuerzas de provocar un despertar en él, un conocimiento del Sí mismo. Ciertamente, será un día auspicioso cuando el mundo en la forma de Kumbhakarna le despierte de su profundo sopor presente.

Ramdas y Tukaram se encontraron mientras estaban en las orillas opuestas de un río. Con un gesto de su mano, Ramdas preguntó a Tukaram, «¿Cuánto despertar has producido entre las gentes?» Tukaram le respondió también con un gesto, cerrando su mano derecha en un puño y llevando el anverso a sus labios, para indicar que no había encontrado en ninguna parte a nadie que se interesara por el conocimiento del Sí mismo. Tukaram Maharaj hizo también la misma pregunta a Samartha Ramdas, que sugirió que no había habido ningún despertar. Entonces cada uno siguió su camino.

El Santo Tukaram ha dicho, «¿Cómo puedo describir los agradecimientos a estos santos? Ellos están despertándome del sueño continuamente». Aunque es verdadero que el Santo Tukaram y Samartha Ramdas ya no están con nosotros en la forma corporal, nos han dado todo lo que querían enseñar en los libros «Abhangagatha» y «Dasabodh». La gran riqueza que nos han transmitido, es el legado inapreciable de sus libros. Quienquiera que declara que es su heredero, gozará de esta inapreciable herencia. Pero el hombre que quiere esta riqueza debe abandonar su orgullo de la demoniaca riqueza mundana.

Además, todos los actos que consideraba meritorios, y, por lo tanto, queridos para su corazón, también debe renunciar a ellos. Debe estar preparado para dar el paso en la senda de vuelta hacia dentro. Esta es la única condición para devenir un beneficiario de este legado. El hombre está plenamente inmerso en el orgullo de su cuerpo, de su casta, de su familia, de su país, de su nación y de todo lo que hay de bueno o malo en su naturaleza. Todos estos diferentes tipos de orgullo le han poseído. Hasta el momento en que devenga libre de estos diferentes tipos de orgullo, ¿cómo puede pretender beneficiarse del legado de este tesoro que los santos han dejado? Aquel cuyo corazón se arrepiente sinceramente puede devenir el beneficiario de esta riqueza. Hay esperanza para el hombre que se preocupa de si puede deshacerse de estos diferentes tipos de orgullo que ha adquirido con el nacimiento, y que han devenido así su segunda naturaleza, si este hombre se arrepiente sinceramente. No tiene que sentirse frustrado. Si un esclavo se despierta al conocimiento de que es un esclavo, instantáneamente comienza a buscar una vía a la liberación.

Un esclavo que encuentra gozo en su esclavitud y que hace todos los esfuerzos posibles para continuar en esa condición, no puede pensar siquiera que exista una senda a la liberación hasta que llegue el tiempo en que amanezca en él la consciencia de la esclavitud. Similarmente, el hombre afortunado que siente que la ambición de adelantar a los demás le está llevando de hecho a un camino de descenso, desde ese día en adelante tendrá un vislumbre de la dirección inversa mostrada por los santos. Puede ser lento, pero automáticamente comienza a hacer el esfuerzo de caminar por la nueva vía.

Los tipos de orgullo buenos y malos pueden no dejarle ir de una vez por todas. Pero, si con determinación comienza a devenir completamente libre de orgullos, y a abandonarlos uno a uno, el Señor infinitamente misericordioso no dejará de prestarle su ayuda.

Si un hombre se enorgullece de sus actos viciosos, esto debe ser contrarrestado por un creciente orgullo de sus actos buenos, erradicando así todas las malas cualidades. Las buenas cualidades deben ser alimentadas y embebidas. Sin embargo, uno no debe apegarse a ellas y debe abandonar lentamente el orgullo que surge de las buenas acciones. Aquí puede surgir una duda, a saber, aunque los vicios merecen ser abandonados, ¿cómo es que usted nos dice que abandonemos también las buenas cualidades? Después de todo, las buenas cualidades son siempre buenas.

Pero, queridos aspirantes, aunque la posesión de buenas cualidades en comparación con los vicios y malas cualidades es mejor, cuando se quiere alcanzar la riqueza del conocimiento del Sí mismo, la posesión de buenas cualidades que atrapan su corazón es cien veces peor y merecen ser arrojadas. Mirad, el hombre trata de abandonar sus malas cualidades aconsejadas por los santos debido al sentido de vergüenza creado por la sociedad o creado en la propia mente de uno, pero el hombre que posee buenas cualidades, siempre se está enorgulleciendo en el mundo y así, al estar lleno de orgullo por sus buenas cualidades, deviene muy difícil para él apartarse de ese orgullo.

Mientras que el orgullo concerniente a las malas cualidades puede ser dejado muy fácilmente, éste no es el caso con el orgullo concerniente a las buenas cualidades. Nadie admite un pecado, pero el orgullo que le entra a un hombre cuando ha dado comida a miles, visitado los cuatro lugares sagrados, abierto albergues para gentes santas, o adorado a la deidad millones de veces, este orgullo ha devenido tan firme en él que deviene casi imposible abandonarlo. Con arrepentimiento un pecador encuentra pronto a un Sadguru. Sin embargo, aquel que es buscado por muchos por haber cumplido obras meritorias, está enterrado tan profundamente en los halagos que se le muestran, que incluso su senda hacia el Sadguru está igualmente enterrada y perdida.

Cuando se comprende esto, uno debe concluir que si bien el orgullo de las malas cualidades es tolerable, el orgullo de las buenas cualidades es mejor evitarlo completamente. Ambos orgullos sobre lo bueno y lo malo son espinas en la senda del que aspira a conocer el Sí mismo. Cuando una espina es sacada por otra espina, todavía queda la segunda espina (el orgullo de las buenas acciones) en el bolsillo de la camisa. ¿No se clavará esta espina en el pecho o en las costillas? Si a un malhechor se le encadena con argollas de hierro y al rey con argollas de oro, ¿significa eso que el rey no está encadenado?

Pero mientras el hombre da las gracias a quien desata su argolla de hierro, el hombre con la argolla de oro saltará a la garganta de aquel que intente liberarle. Tratará por todos los medios de conservar permanentemente las argollas de oro en sus manos. ¿Cuál es la fuerza que hay detrás de esto? ¿Quién es este enemigo aparentemente amistoso que hace que el hombre se sienta feliz en la esclavitud? Es el orgullo de las obras buenas y meritorias el que tiene atrapado al hombre por el cuello, y éste es su peor enemigo. Este es el enemigo que bloquea la senda a la Verdad Última (Paramartha) con mayor persistencia, y, por lo tanto, es necesario renunciar a él. Esto puede requerir un tremendo trabajo debido a que si no se renuncia a él, no podemos pretender nunca nuestro legado a la riqueza del conocimiento.

Se cree que la riqueza del hombre descrita antes, a saber, el dinero, una bella esposa, rango social, etc., es el resultado de obras meritorias hechas en nacimientos anteriores. Pero en la senda hacia el encuentro de la Verdad Última, estas mismas cosas actúan como rocas que obstruyen el camino. Por consiguiente, puede decirse que estas cosas son el resultado del pecado. Cuando una persona está llena de orgullo, deviene poseída y, por lo tanto, deviene incapacitada para seguir la senda de la Verdad Última.

Contrariamente a esto, podría haber un hombre que no tiene un duro, que es muy feo, que no tiene esposa, que no tiene ningún rango social y a quien la pobreza golpea tanto que para llenar su estómago tiene que comer cualquier cosa que le den; que ha perdido su casta, su familia, sus amigos y sus seres queridos. Este tipo de pobre, desnudo en todos los aspectos e incluso tenido por pecador por el mundo, podría ser más digno de recibir el conocimiento del Sí mismo debido a que está naturalmente libre de orgullo. Los oídos de este hombre desnudo se vuelven hacia el Sadguru mucho más rápidamente que los de aquel que está lleno de halagos y que no tiene sitio para contener el consejo del Sadguru. Éste último no tiene tiempo para volverse hacia el consejo del Sadguru ni siquiera durante un minuto.

Toda la humanidad ha devenido atrapada de esta manera desde el nacimiento, y eso es su esclavitud. Y no solamente eso, sino que el hombre crea diversas esclavitudes artificiales en torno suyo en forma de los artefactos que resultan de invenciones cada vez más recientes. Si el hombre tiene que vivir en la sociedad presente, tiene que conformarse a la esclavitud de la tradición, de las convenciones sociales y de los dictados del gobierno y soportarlas y respetarles. Por ejemplo, se supone que una corbata atada al cuello es la etiqueta adecuada. Estar a la moda en una sociedad tal hace que el hombre sienta que tiene cada vez más libertad.

El que no bebe el venenoso té o no se afeita todos los días se supone que es un rústico. Al hundirse en la esclavitud de una tal sociedad y al aceptar tales ideas como queridas para su corazón, el hombre va esclavizándose cada vez más, aumentando su orgullo con cosas sin ningún valor. A menos que se arrojen completamente tales ataduras y tal orgullo, y a menos que se sea llamado un hombre loco por estas gentes «a la moda», no hay ninguna esperanza de tener un estado mental desprovisto de orgullo o de devenir libre de la esclavitud alguna vez.

El único propósito del Sadguru es que uno se despoje completamente de todo orgullo y erradicar la actitud de identificación con el cuerpo. Si el aspirante encuentra muy difícil de hacer todo este trabajo o es renuente a renunciar formalmente a la esposa, al dinero o al estado, entonces puede comenzar con la renuncia interior. Cuando se ha llevado a cabo esto, entonces la renunciación formal deviene posible lentamente.

La renuncia interior significa la renuncia emprendida a través de la mente. Supongamos que alguien tiene el hábito de herir a los demás con las palabras; no cuesta nada reemplazar ese hábito por el de decir a otros sólo palabras dulces.

Otras gentes tienen el hábito de decir mentiras innecesariamente. Primero deben dejar de decir mentiras, al menos hasta que llegue la ocasión en que no decir mentiras acarree una gran calamidad. Tampoco esto requerirá ningún esfuerzo.

Igualmente, al mirar la prosperidad de su vecino uno no debe envidiarle. ¿Acarreará algún daño tomar una tal decisión? De esta manera, cuando uno renuncia a las malas cualidades, uno también gana en fuerza para renunciar a las cosas externas.

Este mundo es como un sueño, y de aquí que, en este mundo semejante a un sueño, todo lo que es bueno o malo, dharma o adharma, mérito o pecado, no son de ninguna consecuencia en el despertar del Sí mismo. Por lo tanto, la renuncia tanto a lo auspicioso como a lo inauspicioso, tanto al bien como al mal, es necesaria para obtener el conocimiento del Sí mismo. Aunque lo dicho arriba es verdadero, no obstante los hombres encuentran problemático erradicar el orgullo. No importa cuán a menudo alguien repita el precepto «renuncia, renuncia» una y otra vez, eso no hará la menor mella en el orgullo. Pero si se descubre la razón de por qué le ha entrado a uno este orgullo, y si se erradica esta razón misma, entonces la renuncia sigue automáticamente. La principal razón por la que el orgullo de un objeto le entra a un hombre es porque asume que el objeto es verdadero.

Pero si está convencido intelectualmente de la completa inutilidad del objeto y comprende que es sólo una apariencia, entonces la aparente realidad del objeto se esfuma automáticamente. Entonces deviene posible para él desarrollar el desapego de ese objeto que albergaba en su corazón como verdadero.

Un tamarindo de juguete no es un tamarindo real. Está hecho de madera. Sin embargo, hasta que este conocimiento discriminativo amanece en uno, la vista del tamarindo de madera provocará sin duda que a uno se le haga la boca agua. La razón de esto es la convicción del hombre de que la cosa es verdadera. Pero cuando uno deviene consciente de que el tamarindo está hecho de madera, uno puede apreciar sus aspectos artísticos o estéticos, pero eso no afectará a sus glándulas salivares. A este acontecimiento mismo se le llama desapego hacia el objeto.

Todos estos ejemplos nos llevan a la conclusión de que la razón que está detrás del desapego hacia un objeto resulta de la comprensión de su verdadera naturaleza. A menos que la futilidad de este mundo se imprima irrevocablemente en la mente del hombre, el conocimiento del Sí mismo es difícil de alcanzar. A menos que uno comprenda la falsa naturaleza de un objeto, uno no aspirará nunca a la cosa real. No puede haber ninguna renuncia a lo falso mientras el intelecto crea que es absolutamente verdadero.

El día en que el conocimiento perverso del mundo es aniquilado por la virtud del consejo del Sadguru, entonces uno deviene convencido de que todo esto es sólo una apariencia. Cuando acontezca esto, nosotros seremos capaces de ver el mundo y apreciarlo como si fuera un cine o una fuente de entretenimiento, pero el desapego logrado permanecerá inafectado.

El desapego sin el conocimiento del Sí mismo es afín a lo que se experimenta en los lugares de cremación. Sin conocimiento del Sí mismo, no puede haber ninguna renuncia real; y sin renuncia no puede haber ningún conocimiento del Sí mismo. Esta es la paradoja. Los santos han mostrado diferentes métodos para salir de este torbellino, a saber, por la devoción al Guru, por la devoción a Dios, por el canto de bhajans, por la adoración, por el canto de las glorias de Dios, por la visita a los lugares sagrados, por la caridad, por las obras meritorias, etc. De esta manera, lo santos han prescrito un infinito número de obligaciones a la humanidad.

La naturaleza humana es tal que si a un hombre se le roba a la fuerza una cosa, sufre intensamente. Entonces hará un persistente esfuerzo por recuperarla. Pero si se aparta de esa misma cosa por su libre voluntad, entonces ese sacrificio le aportará un inmenso gozo. Un hombre que no quiere gastar un céntimo bajo compulsión, por su libre elección gastaría millones para alimentar a las gentes en Pandharpur (un lugar sagrado en Maharashtra).

Después de mezclarse con santos y cantar bhajans, una persona orgullosa también cambia. Anteriormente su orgullo no le permitía inclinarse a la voluntad de otras gentes, pero ahora se inclina en total sumisión ante un ser mucho menor. De esta manera, olvida completamente su orgullo de casta o de rango social. Ese Rao Saheb (Título gubernamental honorario) que se sentía avergonzado de aplicarse pasta de madera de sándalo en la frente en su casa, ahora permite que se le esparza Buka (un polvo negro) en la cara, ennegreciendo así el rostro del orgullo. El mismo que consideraba que cantar y bailar eran obscenos, se olvida de sí mismo y de su cuerpo, y comienza a dar vueltas gozoso con un compañero, cantando en voz alta en nombre de Dios junto con los demás. Al comprender cómo el hombre sacrifica su orgullo de esta manera, los santos han extendido el culto de los bhajans y de la puja para la práctica cotidiana. De este modo, han señalado un paso progresivo en la senda al conocimiento del Sí mismo. De esta manera imprimen en el hombre cuán fácil es renunciar y cómo la actitud mental del aspirante se limpia del orgullo.

El conocimiento del Sí mismo significa el conocimiento de uno mismo. Una vez que reconocemos quién somos, entonces se hace automáticamente la decisión sobre lo que es permanente y lo que es transitorio. Entonces, de manera completamente natural, sigue la renuncia a lo impermanente y la aceptación de lo permanente. Debido a la naturaleza transitoria de las cosas, es inevitable el miedo de la desilusión. El hombre dominado por este miedo de la muerte o de la desilusión, se esfuerza continuamente para cuidar de que una cierta cosa no se separe de él. Toma todas las precauciones para preservar su dinero, trata esforzadamente de que la juventud y belleza de su esposa no se deterioren y lucha por mantener su rango y autoridad; pero nada acontece de acuerdo con sus anhelos o deseos, debido a que la muerte es omniconsuntiva. Nadie puede escapar a su destino, y finalmente será aplastado por sus dientes. Incluso los Dioses, como Brahman, no están libres del miedo de la muerte.

Aunque a un hombre tan lleno de miedo se le diera todo, ¿podría evitar tener miedo? Si necesita algo, eso es ciertamente el don del no-miedo. Debe encontrar algo que le libere del miedo permanentemente. Este mendigo del hombre, que ha perdido el tesoro de su propio Sí mismo, canta continuamente «Yo soy el cuerpo, yo soy el cuerpo». Siempre está descontento, diciendo «Yo quiero esto, yo quiero aquello», y vaga errante de acá para allá mendigando siempre algo. Este hombre sólo puede ser pacificado con el don del Sí mismo.

El hombre que canta, «¿Qué me va a ocurrir, a mi esposa, a mis hijos y a mi dinero, que yo considero míos?», está siempre perturbado e inquieto. Este tipo de hombre debe recibir el don del no-miedo y ser hecho así libre del miedo. Sólo el Sadguru es suficientemente capaz y generoso para dar el don del no-miedo, que es el más noble de todos los dones.

Ni lo reyes ni los emperadores, y ni siquiera los Dioses son capaces de garantizar este don del no-miedo. Aunque toda la riqueza terrenal está a los pies de un emperador, sin embargo él está inquieto por el miedo al pensamiento mismo de que le ataque un enemigo. El Señor Indra también está inquieto día y noche con el pensamiento de que su posición como Indra (Rey de los Dioses) sea amenazada por la penitencia y las austeridades cumplidas por algún sabio.

Pensad en esto profundamente: ¿Cómo pueden aquellos que no se han liberado ellos mismos del miedo, dar el don del no-miedo a otros? Sólo aquellos Mahatmas que han desarraigado el miedo de sus mismas profundidades, estableciéndose ellos mismos en el centro del Sí mismo y destruyendo la identificación con el cuerpo, son capaces de dar el don del no-miedo. Exceptuando estos Mahatmas, dioses, demonios u hombres son pobres mendigos. Ellos no pueden dar nunca el don del no-miedo a menos que se refugien en un Sadguru. Incluso si son dioses, conservan el orgullo de la riqueza divina. Si son demonios, tienen el orgullo de su viciosa riqueza en sus cabezas. Igualmente, los seres humanos yacen aplastados por su propio fardo. Los dioses no son mejores que coolis (porteadores) que llevan sobre sus cabezas el fardo de otros. ¿Qué se puede decir entonces del mendigo humano? Sólo el Sadguru extiende su mano para descargarle de su fardo y para bendecirle al mismo tiempo con el don del no-miedo.

De todos los conocimientos, el conocimiento del Sí mismo es el más noble; y de todos los dharmas, el swadharma es el más noble. Estos Mahatmas mismos difunden el conocimiento del Sí mismo entre los hombres y les enseñan el significado del swadharma. En este mundo se enseña el conocimiento de la astrología, de la magia negra, de las relaciones públicas, los cuatro tipos de ciencias y las sesenta y cuatro artes. Pero todo ese conocimiento, exceptuando el conocimiento del Sí mismo, es conocimiento falso. Los santos se niegan a reconocerlos y difunden solamente el arte del conocimiento del Sí mismo.

Muchos misioneros compiten unos con otros afirmando sólo sus propias opiniones, y comienzan aconsejando de la siguiente manera, «Mi religión es la más noble y todas las demás llevan al hombre a la ruina». Y no sólo dan consejos, sino que cumplen su sagrado deber de conversión a veces por medio de sobornos o amenazas de quemar a las gentes, de quemar las casas, o de matar a las personas. Con poca diferencia este tipo de propaganda continúa incluso hoy día. Esta piratería de la religión, llena de coacción y de tiranía, no es útil para llevar a cabo el bienestar de nadie.

El santo Ramdas dijo, «Si hay alguna religión en el mundo que sea la más noble de todas, es el swadharma, es decir, vivir en la propia naturaleza de uno». Vivir en la propia naturaleza innata de uno es swadharma, sea cual sea la casta, la religión o la nación a las que un hombre pertenezca. Para comprender el swadharma, uno debe entender que existe en todas las formas de vida, ya se trate de una hormiga o de un insecto. Sólo esto es swadharma, y todos los demás cultos que se presentan como religiones son paradharma, es decir, son religiones de lo que no es el Sí mismo, o que son extrañas al Sí mismo. Estas religiones establecen ciertas reglas y métodos que son ajenos a nuestra naturaleza real. Así es como podemos definir swadharma y paradharma.

Si damos por bueno el significado corriente de swadharma, eso podría resultar en una absurdidad. Supongamos que hay una prostituta. Ella también tiene un dharma relevante que sigue asiduamente, creyendo que es su swadharma. Ella enseña lo mismo a su hija (nacida de su vientre) en la cuna misma, y finalmente muere siguiendo su propia religión. Quién sabe si algún «Streedhar Swami» (amante de las mujeres) no llegará a incluir la historia de la vida de esta mujer en el libro de los santos religiosos.

El Señor ya nos aconsejó en la Bhagavad Gita, «Es mejor morir en el swadharma». «El dharma que es extraño está lleno de peligros». «Si viene la muerte mientras uno trata de realizar el swadharma, eso es preferible a seguir ese dharma que es extraño al Sí mismo». La interpretación de los versos del consejo del Señor debe tener en cuenta la distinción mencionada arriba. La erradicación de la idea de identificación con el cuerpo es el signo del conocimiento del Sí mismo. Los Mahatmas experimentan este tipo de muerte mientras todavía viven. Éste es el tipo de muerte que ha de ser preferido.

El santo Tukaram ha dicho, «Yo he visto mi propia muerte. ¿Cómo describiré ese proceso que es único?» ¿Cómo pueden los cobardes que viven en paradharma, y que mueren con la muerte de un cadáver, comprender este proceso de muerte mientras se vive? Estos infortunados sólo piensan en la muerte en términos de piras funerarias o sarcófagos según sean los ritos de su religión. Esos dharmas, fundados sobre la sólida base de la identificación con el cuerpo, contienen la tentación y el miedo del cielo y el infierno, del mérito y el pecado, de la esclavitud y la liberación.

Todo ser humano tiene derecho a seguir el swadharma, su propia naturaleza, donde no hay ninguna tentación de gozos celestiales, ni ningún miedo de sufrimiento en el purgatorio, y donde la esclavitud y la liberación no tienen ningún significado. Hay una máxima cruel, «Todo lo que viene, tiene que partir». Estas seudoreligiones brillan y se extienden debido a su novedad, y en algunos casos con el patrocinio del gobierno. Ciertamente se hundirán hasta el fondo, y no habrá nada excepto la gloria y la victoria del swadharma.

El Señor Krishna aconsejó a Arjuna, «Deja a un lado todas las religiones y ven a buscar refugio dentro de Mí. Ven a Mí abandonando todas esas religiones, que sólo crean obstáculos en la senda para llegar a Mí. Busca refugio en Paramatma (el Supremo Sí mismo) que es de la naturaleza del “conocimiento”. Te habrás realizado a ti mismo cuando Me alcances, y para ti ya no habrá nada más que hacer. Todo el karma, ¡oh hijo de Prutha! —se agota en el conocimiento del Sí mismo». Con el pretexto de aconsejar a Arjuna, el Señor Krishna ha dado este consejo a todos los seres humanos, y ellos deben realizarse a sí mismos aceptándole.

No hay nada en el mundo tan sagrado como el conocimiento del Sí mismo. Todo otro «trabajo» o «acción» es insignificante. En este contexto, uno no debe pensar que todos los demás tipos de conocimiento o acciones, excepto el conocimiento del Sí mismo, no tienen ningún valor o carecen de resultado. Sin embargo, no son de ningún ayuda para el cumplimiento del swadharma. No es que no sea posible obtener resultados, tales como un hijo o ganar el cielo, por medio de la realización de sacrificios. Por el estudio de las escrituras uno deviene proficiente, y es posible que uno aplaque a las diversas deidades adorándolas. Incluso si esto es así e incluso si se supone que todas estas acciones son meritorias en este mundo práctico, no obstante se presentan como obstáculos mientras no sea realizado el Sí mismo y no derrame Su Gracia. Las cualidades mejor valoradas en el mundo práctico cuentan como descualificaciones, y todos los remedios se convierten en obstáculos. Los sabios saben bien esto y no les importa nada incluso si son capaces de conquistar los tres mundos. Los sabios consideran el rango del Señor Indra (Rey de los dioses), gobernado por los celos, tan inútil como los excrementos de un cuervo. Todos estos santos albergan un solo deseo dentro de sus corazones, y ese es el deseo de obtener la unidad con el Brahman. En todo lo demás, su actitud es la no deseación. Estas aparentes estatuas de buena fortuna devienen uno con el Brahman cuando su consciencia se separa del cuerpo.

En los casos ordinarios el cuerpo se toma sólo como un cadáver, mientras que en el caso de estos Mahatmas devinieron dignos de obediencia y recibieron la adoración de las gentes. Y no sólo esto, sino que sobre sus tumbas se han construido muchos templos. Así han devenido inmortales al devenir el objeto de culto y adoración de todo el mundo.

Rama, Krishna, Siddhartha, Hanuman, Malhari, Jagadamba, etc., fueron Mahatmas en la forma de Gurús. Mientras vivían, hicieron el trabajo de difundir el conocimiento, y cuando murieron devinieron dioses. Todos los templos de la tierra pertenecen a estos dioses verdaderos que otorgan los anhelos de los devotos según sus votos y deseos. Elevan al aspirante a su propio nivel y hacen que alcance la realización.

Muchas gentes piensan que el Dios que adoran viene a su encuentro (cuando tienen una visión) y que así les hace su trabajo, pero Dios no está limitado a un único punto o lugar como imagina el devoto. Dios reside en el corazón del devoto y en todos los corazones, e inspira a que cada uno haga su trabajo.

Nadie debe albergar la falsa idea de que después de que el Mahatma deja su cuerpo, asume el mismo cuerpo, sale de su Samadhi y entonces hace que se haga el trabajo de su devoto.

Cuando uno quiere que una cierta persona reciba diez rupias en Puna, uno debe poner un giro de diez rupias en la oficina de correos de Sholapur. Al segundo o al tercer día uno recibe la confirmación que indica que esa persona particular ha recibido la suma que uno ha enviado. ¿Hace uno indagaciones alguna vez al efecto de saber si las rupias que uno puso en el giro son las mismas que le han llegado a esa persona? Este tipo de pregunta no aparece nunca en la mente. La atención de uno no está centrada en saber si las rupias son las mismas, sino sólo en su valor, y cuando ese valor ha llegado a la persona, uno no tiene ninguna queja. De la misma manera, estos santos y Mahatmas que se han convertido en dioses, consiguen que los devotos cumplan su trabajo a través de los Mahatmas que están vivos y que son de la misma comprensión. Esta es la manera en que hacen que se cumplan los anhelos de sus devotos.

¿Qué mágica pericia poseían estas personas que fueron veneradas en vida y devinieron inmortales al retener su fama incluso después de su muerte corporal? ¿Qué conocimiento especial tenían para que sean adoradas por las gentes incluso después de la muerte?

En este mundo hay muchas artes y ciencias. Muchos descubridores y muchos héroes aventureros son alabados durante su vida. Estos héroes son felicitados y cubiertos de guirnaldas y de flores. Las gentes expresan su admiración por los héroes unciendo los caballos de su carro y llevándolos a hombros. Pero, al mismo tiempo, un héroe que ha sido objeto de la adoración de las gentes, deviene también sujeto de su censura. Pronto, las gentes que fueron alabadas como héroes durante unos días son condenados en una asamblea. E incluso se llevan a cabo las resoluciones de condena.

Está claro que la grandeza de estos héroes es artificial y que no es duradera, porque su «grandeza» se basa en su conocimiento transitorio. Su grandeza no se basa en el conocimiento sagrado, sempiterno y dador de paz, como el conocimiento del Sí mismo. Se basa en algunas ciencias como la política con algunos motivos prácticos. En la política los colores cambian constantemente y en las ciencias físicas los nuevos descubrimientos se suceden sin cesar. Una persona que una vez fue proclamada grande, se encuentra que no tiene ninguna importancia en algún otro rincón del mundo. Hay siempre alguna otra persona que comienza a brillar en el horizonte.

La grandeza que se logra con cualquier conocimiento que no sea el conocimiento del Sí mismo sigue una dirección opuesta, debido a lo cual estos grandes tienen que sufrir experiencias dulces y amargas así como honores e insultos.

De todos los conocimientos (vidyas), el conocimiento del Sí mismo (Atma Vidya) es el único que da la paz duradera. Un santo preguntó, «¿Cuál es la utilidad de un conocimiento que no da la paz de espíritu?».

Hoy día, hay muchos tipos de cursos de conocimiento disponibles en el mundo. ¿Por qué hay una tal proliferación de cursos? La razón es que nadie ha encontrado la paz de espíritu, que la lucha no se ha detenido ni siquiera por un momento, y que la inquietud de la mente no ha cesado.

¿Y por qué es ello así? Porque todas estas ciencias y artes han puesto su centro en la ignorancia y sólo resultan útiles para aumentar la agitación y la inquietud de la mente humana. Entre las palabras conocimiento y paz ya no hay ninguna relación de causa y efecto. El que evalúa los distintos tipos de gemas y el que examina las distintas ciencias y artes o estéticas, han perdido la felicidad que viene de la paz de espíritu debido a que no tienen ninguna capacidad de examinarse a sí mismos.

El que no ha buscado en su propia casa, ¿por qué debe buscar en la casa de otro hombre una cosa que ha perdido en su propia casa? El hombre que afirma temerariamente, «Este hombre es esto y ese otro es el señor A o B», mientras que él mismo no sabe quién es, no está libre de inquietud nunca. Sería completamente vano descubrir qué cosa podría sacarse de aquí o de allí, o saber muchas direcciones, si uno no sabe su propia dirección.

CAPÍTULO II

INVESTIGACIÓN DE LOS CUATRO CUERPOS EN BUSCA DEL «YO»

¿Quién es este «yo»?

Hubo una vez una persona que vivía en un pueblo llamado Andheri (Obscuridad). No obstante, pudo establecer una costumbre en el Juzgado de que ninguna orden o documento se aceptara como legal a menos de que llevara el sello de «La Puerta de Bronce».

Y todos los oficiales de aquella ciudad aceptaban un documento como legal sólo si llevaba el sello de «Gomaji Ganesh, La Puerta de Bronce».

Este procedimiento continuó durante mucho tiempo y, así, el sello devino firmemente establecido en la ciudad de Andheri. Nadie preguntó nunca en cuanto a quién era este «Gomaji Ganesh».

Pero pasado un tiempo, aconteció que un importante documento que no llevaba el sello de «Gomaji Ganesh, La Puerta de Bronce» fue citado como evidencia en un caso dirimido en el Juzgado, y según se vio en el procedimiento ordinario era enteramente legal en lo que concernía a todos los demás puntos. Entonces surgió la cuestión de que no debía ser aceptado como evidencia debido a que no llevaba el sello de «Gomaji Ganesh, La Puerta de Bronce».

En aquel punto, un hombre de coraje que era parte del proceso argumentó ante el juez que el documento era perfectamente válido puesto que llevaba todas las firmas de importantes oficiales del gobierno vigente. Este hombre argumentó, «¿Por qué el documento no es admisible si por otra parte es legalmente perfecto? ¿Por qué deber llevar además el sello de “Gomaji Ganesh”?».

De esta manera, cuestionó la legalidad del sello mismo y, por consiguiente, la legalidad del sello devino objeto de un contencioso. Hasta aquel día nadie se había atrevido a plantear este tema ante el Juzgado. Puesto que se había planteado por primera vez, se decidió que debía tomarse una decisión en cuanto a los trastornos que provocaba este asunto.

El juez, tomado por la curiosidad sobre el procedimiento del sello de la «Puerta de Bronce», tomó en sus manos el asunto para investigarlo. Cuando se completó la investigación, esta mostró que cierta persona sin ningún rango se había aprovechado de la mala administración del Gobierno y había introducido en ella su propio sello, y que los oficiales del gobierno habían seguido la tradición ciegamente.

De hecho, este Gomaji Ganesh era un hombre sin ninguna importancia y no tenía ninguna autoridad de ningún tipo. No es necesario describir cuán ridiculizado fue el sello desde el día en que el Juzgado tomó esta decisión.

De la misma manera, nosotros debemos indagar también quién es este «yo» y cómo domina todo como «yo» y «mío», como el «Gomaji» que se describe en la historia. Es una regla general que la disputa de dos personas beneficia a una tercera, pero que si dos cosas se combinan, entonces se produce una tercera. Por ejemplo, por el contacto de una pieza de tela y flores, se produce una guirnalda que no había previamente. Incluso los nombres de los padres cuyo contacto fue el responsable de producir una guirnalda, devienen eclipsados tan pronto como la guirnalda viene a la existencia. A la guirnalda se la conoce entonces por su propio nombre. Los nombres de las flores y de la tela se extinguen y es evocado el nuevo nombre de «guirnalda», y con ese nuevo nombre una nueva acción tiene lugar. Con el contacto de la tierra y el agua aparece el barro como «yo», y tanto la tierra como el agua se extinguen. Igualmente también se juntan las piedras, los ladrillos, el barro y el albañil, y entonces se levanta ante los ojos una tercera cosa llamada «muro»; entonces las piedras, los ladrillos, el barro y el albañil, simplemente se desvanecen de nuestra vista.

Así es como por la confluencia del conocimiento y la ignorancia, viene a la existencia una cosa peculiar llamada «intelecto», y con este contacto emerge el mundo.

El oro y un orfebre han producido un ornamento, y éste comienza a tentar nuestros ojos como un ornamento. El oro y el orfebre son olvidados. De hecho, si uno es lo suficientemente curioso para encontrar si hay algo como un ornamento dentro del oro, verá que no hay nada más que oro. Si pedimos a alguien que nos traiga un ornamento sin tocar el oro, ¿qué podría traer? De hecho, la cosa que nosotros llamamos un ornamento simplemente se desvanecería en el aire.

De la misma manera, debido al encuentro de Brahma y Maya, ha venido este «yo» malhechor, susurrando orgullosamente «yo», «yo», levantando su cabeza y desraizando tanto a Brahma como a Maya. El hijo de esta mujer estéril (Maya), que en realidad no existe, trata de establecer su soberanía ilimitada permanentemente en todo el mundo.

Si observamos a sus padres, estará claro que para ellos es imposible tener una tal descendencia. La madre del niño es Maya (Ma = nada y Ya = lo que, de donde Maya = Lo que es nada), que no existe. De la matriz de esta Maya habría salido «yo», que se supone que ha sido engendrado por el «espíritu». Este «espíritu», de género neutro, no ha pretendido nunca poseer el arte de «hacer». Así pues, los lectores pueden imaginar qué tipo de «yo» es éste.

Como se describe arriba, la existencia de «yo» es sólo de nombre y, sin embargo, como Gomaji Ganesh, anuncia su propio nombre por todas partes diciendo «yo soy sabio», «yo soy grande», «yo soy pequeño», mientras que este hombre ha olvidado de dónde viene. En lugar de ello, comienza a glorificarse a sí mismo como «yo»; e, incluso si esta gloria es merecida, es como un gato que bebe con los ojos cerrados, sin darse cuenta del palo que está a punto de golpearle el lomo. Tan pronto como acepta un derecho o un privilegio, debe aceptar también la responsabilidad que va junto con él. Tan pronto como digo que «yo soy el hacedor de un cierto acto», debo gozar o padecer el fruto de una tal acción. El gozo o el sufrimiento del fruto de una acción va aparejado a la acción misma.

En realidad, no existe nada como «yo»; y toda la operación, así como la fuerza motivante que hay detrás de «yo», está contenida en Brahma. Pero el Brahman es tan agudo que en el momento en que encuentra algún «Ghamendananda» (el que se enorgullece de haber hecho), deja toda la responsabilidad de la operación sobre las espaldas de ese «yo» y permanece desapegado. Como consecuencia de ello, este pobre «yo» está destinado a dar vueltas en la rueda del nacimiento y la muerte.

En el ejemplo de la guirnalda mencionado arriba, aunque la guirnalda salió como una guirnalda después de reducir a nada los nombres «flores» y «tela», cuando la guirnalda se seca, nadie dice que se han secado las flores sino que se ha secado la guirnalda; de hecho, cuando se rompe la tela, dicen que se ha roto la guirnalda.

Eso significa que la operación del objeto original se impone sobre el tercer objeto debido al orgullo del objeto. De la misma manera, una serie de miserias golpea a este «yo» no-existente. Si uno quiere liberarse de esta miseria, debe abandonar este «yo»; pero antes de abandonarlo, debemos encontrar exactamente dónde reside este «yo». Una vez que encontremos el «yo», entonces hablaremos de cómo abandonarlo.

Cada uno debe comenzar la búsqueda de este «yo» en su propio centro si verdaderamente está anhelante de buscarle. Este «yo» no se encontrará nunca fuera de nosotros. En cada ser humano este «yo» o «ego», esta sensación de «mío» y el sentido de posesión lo llena todo hasta el borde. Todas las acciones en el mundo se llevan a cabo por la fuerza de este «ego» y sensación de «mío». Esta suerte de ley es asumida por todos los seres humanos, pero la totalidad de la acción puede llevarse a cabo sin este ego o la sensación de «mío». ¿Cómo puede hacerse esto?, lo veremos después. Por ahora examinaremos sólo este sentido de «yo» y «mío».

Para seguir el rastro a este «yo», tomemos primero nuestro cuerpo grosero físico que aparece como adherido a nosotros. Después de analizarle, veamos si este «yo» se encuentra en alguna parte de este cuerpo.

¿Qué es un cuerpo? Es un conjunto colectivo de partes (o miembros), a saber, manos, pies, boca, nariz, orejas, ojos, etc. El conjunto de todos estos miembros es llamado el «cuerpo». Encontremos cuál de estos miembros es el «yo». Si alguien dice, «la mano es yo», cuando esa mano es cortada, nadie dice «Yo he sido cortado», o «Yo he sido hecho desaparecer». Supongamos que los ojos se quedan ciegos; entonces nadie dice «Yo he desaparecido». Si el estómago se hincha, nadie dice «Yo estoy inflado». En lugar de eso se dice, «mi mano ha sido cortada», o «mis ojos se han quedado ciegos», o «mi estómago está inflado». De todas estas partes se habla como «mías». No sólo eso, del cuerpo mismo, que es el conjunto de todos estos miembros, también se habla como «mi cuerpo». Así pues, queda establecido que el que afirma su posesión de todos los miembros y también del cuerpo, es en realidad un poseedor que es completamente diferente del cuerpo, al que llama «suyo».

Acabamos de probar que el «yo» no es ninguna parte ni miembro del cuerpo grosero, sino que todos los miembros son «míos». Sin embargo, prosigamos con la máxima, «Donde no existe “yo”, tampoco existe nada que pueda ser llamado “mío”». De esta máxima se sigue que el cuerpo y los miembros, en realidad no me pertenecen a «mí» pues «yo» no estoy en ellos. Si «yo» no estoy en la casa del vecino, ¿pueden pertenecerme la casa del vecino o sus miembros? Si uno quiere verificar la verdad de la máxima, «donde no hay ningún “yo”, tampoco puede haber nada “mío”», sólo tiene que ir a la casa de su vecino Rao Bahadur y decir, «Yo soy Rao Bahadur, su esposa también es mía». Si entonces le mostráis vuestro sentido de «mía» a ella y comenzáis a acercaros a ella, veréis qué experiencia tendréis. Rao Bahadur os golpeará tan fuertemente que os daréis cuenta de que «Yo no soy Rao Bahadur y ella no es mi esposa».

De esta manera, cuando no puede encontrarse ningún rastro de «yo» en el cuerpo, ¿cómo puede decirse entonces que los miembros del cuerpo y sus tendencias me pertenecen? Si todavía insistís en llamarle vuestro, descubrid por qué lo hacéis y qué hay de él que sea vuestro; y mirad también la condición de todos los seres humanos que consideran sus cuerpos como suyos y comienzan a actuar en consecuencia.

El ser humano se olvida de sí mismo y no comprende quién es. Por consiguiente, tiene que tomar muchos nacimientos en numerosas especies. A veces deviene un gusano y sale de un excremento. A veces deviene un buey y trabaja uncido en un yugo, dando vueltas y vueltas en la máquina de extraer aceite. Otras veces deviene un burro y trabaja muy duramente, revolcándose en un montón de basura.

Es casi imposible describir cuántas de tales miserias tiene que sufrir. Después de sufrir nacimientos en todas las demás especies, finalmente nace como un ser humano. Este nacimiento está orientado hacia el intelecto para que pueda conocer a Dios, el Sí mismo Último. Si observamos el cuerpo de la especie humana, parece meramente un personaje de una representación vulgar durante el festival de Shimga. Este personaje se describe así: la cara de alguien tiene que ser rociada con pintura negra, el cuerpo tiene que ser vestido de harapos, una guirnalda de zapatos rodea su cuello y un parasol hecho igualmente de zapatos tiene que ser sostenido sobre su cabeza. Entonces se le sienta en un burro y se le lleva en procesión por las calles acompañado por ruidos estridentes. Pero este personaje se enorgullece de ser el centro de este espectáculo denigrante y saluda a las gentes de la calle.

De la misma manera, el cuerpo del hombre es también una parte peculiar de este espectáculo pasajero. Toda la belleza de la cara se supone que se concentra en la nariz y los ojos. Nosotros decimos que un hombre es guapo o que una mujer es bella si tienen una nariz y unos ojos bonitos. Pero la nariz es como un tubo para la secreción nasal. La boca es una escupidera de saliva y flemas. El estómago es como el alcantarillado de un municipio. Al cuerpo se le dan nombres respetables como «Shiral Sheth». Es producido por una mezcla de huesos, de carne y de sangre. La intención del Paramatman (el Sí mismo Supremo) es despertar al ser humano denigrándole por medio de su cuerpo. Entonces hace que el ser humano clame por la felicidad y que vaya en todas direcciones a buscarla.

A pesar de esto, el ser humano considera el cuerpo como un gran regalo y lo elogia con un lenguaje florido; por ejemplo, la nariz, que es un tubo de mocos, se compara al capullo de la flor de Champaka; los ojos, que son depósitos de secreciones, son llamados ojos de loto; la cara, con una boca para escupir saliva, es llamada la cara de la luna; y los brazos y las piernas, que son retorcidos como las ramas de un árbol, son comparados con manos de loto y con pies de loto.

El ser humano considera esta actitud como una gran victoria y exhibe su falta de pudor. No obstante, el Gran Señor ha otorgado a este ser humano, a este personaje de una representación vulgar del festival de Shimga, una cosa maravillosa llamada «intelecto» que no ha dado a ninguna otra especie. El propósito de este regalo es que comprenda la Verdad Última, el Sí mismo, y que ponga fin a este espectáculo denigrante. Sin embargo, el ser humano usa mal su intelecto. Considera la alcantarilla como el Ganges y el cuerpo como Dios, y así lo echa a perder. Esta persona pasa un montón de tiempo entregado al adorno de su cuerpo físico. Al tomar su cuerpo como «yo», entra en contacto entonces con otro cuerpo femenino, y llama a esa persona suya. Deposita todo su sentido de «mío» o de posesión en ese cuerpo femenino. Por virtud del contacto de este «yo» y «mío», nacen muchos hijos y toda una familia es traída a la existencia. El hogar finalmente se desmembra, y entonces el pobre hombre queda en ridículo; su historia ha sido descrita en el libro «Dasabodh» por Shri Samartha Ramdas. Sólo puede recomendarse que este libro se lea enteramente.

El «yo» no puede ser encontrado en ninguna parte del cuerpo. También es un hecho que el cuerpo no es «mío». ¿Entonces a quién pertenece el cuerpo? ¿Quién es el «propietario» del cuerpo? Los cinco elementos (la tierra, el agua, la luz, el aire y el espacio) tienen el derecho de propiedad de este cuerpo. Cuando el cuerpo muere, cada uno de estos elementos (que en su forma más sutil son los cinco sentidos del cuerpo) se lleva su propia parte y entonces destruyen el cuerpo. El cuerpo es un paquete de estos cinco elementos. Las telas que fueron atadas en el paquete han sido retiradas por sus respectivos propietarios; y la tela con la que estaba atado el paquete también ha sido retirada por su propietario. ¿Cómo puede permanecer entonces una cosa llamada «paquete»? Entonces ya ni siquiera está disponible ante la vista. De la misma manera, una vez que el cuerpo compuesto de los cinco elementos se absorbe en los cinco principios de estos elementos, entonces ya no queda ningún objeto tal como el cuerpo.

Así pues, «yo» no estoy en el cuerpo y el cuerpo no me pertenece. Este tipo de cuerpo no puede tener el orgullo de «yo» o «ego», y tampoco puede tener las relaciones que existen debido al contacto del cuerpo, tales como el nacimiento y la muerte o las seis pasiones que afectan al cuerpo. Todas estas cosas no pueden dirigirse a mí como «mías». El cuerpo puede estar en un estado de infancia o de juventud o de vejez; o puede ser negro, blanco, bello o feo. Puede haber estado infectado por la enfermedad. Puede estar vagando sin ninguna meta o ir a los lugares sagrados de peregrinación, o puede devenir inmóvil en samadhi. Todas estas actitudes, propiedades o modificaciones pertenecen al cuerpo, pero el «yo» está separado de todo esto.

Al menos hemos aprendido esto del análisis del cuerpo físico. El bello niño de algún otro no tiene ningún valor comparado con nuestro propio niño rechoncho, granujiento y mocoso. Nosotros no sufrimos si muere el dulce niño de algún otro tanto como sufrimos si se pierden nuestras zapatillas viejas.

La razón de esto es que nosotros no tenemos el mismo sentido de «posesión» o «mío» hacia la otra persona. Sin embargo, una vez que se comprende que esta cosa particular no es «mía», que pertenece a algún otro, entonces deviene indiferente y gradualmente incluso comienza el menosprecio de ese «otro»; y entonces viene la renuncia.

El cuerpo de ese otro no es mío, pertenece a los cinco elementos, es la propiedad de otro. Si se comprende esto, sea el tipo de cuerpo que sea, ¿cómo puede afectarnos? Así pues, dejemos este cuerpo y prosigamos. Sin embargo, dejar este cuerpo no significa que debamos arrojarlo a un pozo o colgarlo de una soga alrededor del cuello. Dejarlo significa que sabemos lo que es. Cuando lo conocemos por lo que es, el interés persistente en él se desvanece y entonces se renuncia automáticamente al cuerpo. Si el cuerpo es destruido a propósito, renacerá sin duda una y otra vez. La renuncia completa al cuerpo se obtiene sólo a través de la discriminación. La renuncia viene de la discriminación, y en lugar de devenir una razón para el renacimiento, libera al ser humano enteramente de él. Hay cinco tipos de disolución que tienen lugar todos los días.

 

Son las siguientes:

 

1) La disolución por la muerte

2) La disolución constante

3) La disolución del Brahman

4) La disolución (del mundo) al final de un «Kalpa» o un millar

de «yugas» (eones), y,

5) La disolución a través del pensamiento, o la discriminación.

 

De éstas, todo el mundo conoce la disolución constante, cotidiana, que es el sueño profundo. En el sueño profundo, la totalidad del mundo, incluyendo nuestro cuerpo, se disuelve. Sin embargo, al despertar el cuerpo y el mundo están presentes como antes y todas las acciones comienzan como lo hacían antes. El hecho de la disolución después de la muerte es también lo mismo que ésta.

Después de la muerte, en ausencia del conocimiento del Sí mismo, el ser tiene que tomar un cuerpo, y lo toma de acuerdo con su karma. En el nuevo cuerpo también acontecen las acciones de comer, dormir, tener miedo y emparejarse de acuerdo con las impresiones recibidas en las vidas anteriores.

Brahma Pralaya (disolución de Brahma) significa la disolución después del fin de la vida del creador, es decir, del Brahma mismo. Kalpa Pralaya es la disolución que tiene lugar en un cierto punto del tiempo en el que muchos Brahmas han venido y han partido. Entonces comienza un nuevo Kalpa y la creación, que estuvo latente por algún tiempo, aparece con vigor renovado y la actividad comienza por todas partes de nuevo.

De esta manera, esta rueda (que hace brotar las vidas) continúa girando, apareciendo y desapareciendo en periodos determinados. Por consiguiente, los cuerpos no pueden disolverse por completo en estos cuatro tipos de disolución. Pero el resultado de la disolución por el pensamiento o la discriminación es muy poderoso y único. En este tipo de disolución, el cuerpo no sólo se disuelve mientras vive, sino que después de la muerte, cuando se disuelva completamente, no volverá a aparecer de nuevo.

Supongamos que hay una serpiente de goma sobre suelo. Hasta el momento en que uno comprende que es sólo de goma, ¿desaparecerá el miedo si cerramos los ojos o ponemos la serpiente en una cesta? ¿Qué acontece tan pronto como se abren los ojos o la cesta? Supongamos que alguien coge la cesta y la tira lejos y que algún bribonzuelo la arroja de nuevo a nuestros pies; habrá un estremecimiento. Así pues, para que la serpiente salga de nuestra vista, el hombre se sumerge en el sueño profundo. Sin embargo, verá la serpiente tan pronto como se despierte. Supongamos que se emborracha con alcohol, o que se le hace perder la consciencia con cloroformo. Tan pronto como se acaba el efecto de la bebida o de la anestesia, la serpiente está viva de nuevo. Esto muestra que la erradicación del miedo por los medios mencionados arriba es sólo temporal y no duradera. ¿Cómo podemos liberarnos definitivamente del miedo de la serpiente? El remedio para deshacerse del miedo de la serpiente es saber con certeza que está hecha sólo de goma. Una vez que amanece este conocimiento, incluso si los ojos ven la serpiente y alguien quiere asustarnos con esa serpiente, ya no hay ninguna causa para el miedo.

De la misma manera, cuando uno sabe a ciencia cierta lo que es exactamente este cuerpo, incluso si el cuerpo está vivo, el «orgullo» o el sentido de «mío» a su respecto se desvanece y automáticamente se renuncia a él. Esto es lo que se llama la «disolución por el pensamiento». El que muere con esta certeza de pensamiento está libre del ciclo del nacimiento y la muerte. Sin embargo, debe darse por hecho que el que muere sin haberlo pensado, muere para renacer.

Así pues, por la virtud de la disolución a través del pensamiento, la cosa se ve como si fuera inmaterial, ya sea que esté o no esté aquí. Pero con otros tipos de disolución, incluso si la cosa está oculta de la vista, es todavía como si existiese.

Así pues, Samartha Ramdas afirma que sólo el pensamiento hace completo a un ser humano. El «yo» no pudo ser encontrado ni siquiera cuando el cuerpo físico pasó a través del tamiz del procedimiento de la disolución por el pensamiento.

Ahora usaremos el mismo tamiz de la disolución por el pensamiento para tratar de encontrar al «yo» en el cuerpo sutil y ver si este malhechor llamado «yo» se encuentra en alguna parte de este cuerpo. Entendamos primero lo que significa el cuerpo sutil. Este cuerpo comprende un alto comité de diecisiete miembros: los cinco sentidos usados para la acción, los cinco sentidos usados para obtener conocimiento, los cinco soplos vitales (pranas), la mente y el intelecto. Todas las órdenes que promulga este comité son llevadas a cabo por los miembros trabajadores del comité de trabajo, que es el cuerpo grosero. El campo de autoridad del cuerpo sutil es muy vasto y podría ser posible localizar a ese «yo» aquí, pues el «yo» tiene una fuerte pasión por la autoridad. Pero cuando comenzamos nuestra búsqueda, ese «yo» pone su sello de «mío» también aquí. Todo lo que se encuentra aquí es llamado también «mis» sentidos, «mis» pranas, «mi» intelecto. Pero aquí no se escucha nunca nada como «yo soy el intelecto». Aquí también ese «yo» aparece como «propietario». Pero él mismo no se ve por ninguna parte. Así pues, acordemente al axioma, «no puede haber nada que pueda llamar “mío” donde “yo” no estoy presente», el cuerpo sutil o sus miembros, es decir, los sentidos, los pranas, la mente o el intelecto, no pueden ser «yo» en absoluto.

Hay una objeción al axioma «donde “yo” no estoy, no puede haber nada que pueda llamar mío». Por ejemplo, el rey Jorge V no está presente en Sholapur. ¿Significa eso que Sholapur no está bajo su propiedad? La respuesta a esto es como sigue: Al menos hay un individuo llamado Jorge V y aunque esté viviendo en otra parte, su propiedad puede existir en algún otro lugar, aunque él no esté presente allí. Sin embargo, este «yo» es una no-entidad, y como Gomaji Ganes de Andheri en el imperio de la ignorancia, ha comenzado reclamando la autoridad aquí también. Cuando el «yo» no puede ser encontrado, ¿cómo puede ser sostenido lo «mío» por el cuerpo sutil?

El cuerpo sutil es como un paquete de cinco principios de seda sutil. Aunque es más difícil desatar el nudo de seda por el pensamiento, no obstante es incumbencia nuestra desatarlo con esfuerzo. Una vez que el paquete es desatado y abierto, la renuncia a este cuerpo sutil es automática.

La semilla del nacimiento y la muerte es este cuerpo sutil que es de la naturaleza del deseo. Si esa semilla se tuesta una vez en el fuego del conocimiento, la semilla puede parecer que no ha cambiado; pero si se siembra alguna vez, no hay ninguna esperanza de que brote. Aquí puede surgir una duda, a saber, si se renuncia a estos dos cuerpos, grosero y sutil, y la actitud de orgullo, tal como «yo» y «mío», ha desaparecido también, entonces las acciones de esos cuerpos podrían detenerse o podrían no ser ejecutadas eficientemente. La duda puede ser eliminada así: supongamos que uno guarda una cosa en un cofre porque tiene la impresión de que está hecha de oro, pero en lugar de ello, encuentra que es de bronce. Entonces puede dejarla en el cofre o puede sacarla de allí y dejarla fuera. Su apego a la cosa puede desvanecerse o puede devenir mucho menor, y esto es un hecho. De la misma manera, si el orgullo de la posesión del cuerpo como «mío propio» deviene ignorado gradualmente, no se perderá nada.

El santo Tukaram dijo, «Ya sea que el cuerpo muera o viva, yo tengo una fe completa en la naturaleza de mi Sí mismo». Si un aspirante alcanza este nivel de convicción, entonces aparece una actitud, a saber, «Cuando uno experimenta el éxtasis de Brahmananda (la felicidad de Brahma), ¿a quién le importa el cuerpo?» Cuando aparece esta actitud, es realmente buena. Una vez un perro mordió un pedazo de carne de la pantorrilla del Santo Kabir. El Santo Kabir dijo simplemente, «O bien el perro sabe o bien la carne sabe. Todo es posible». Al escuchar esto del Santo Kabir, que era un gran devoto, ¿cuál pudo ser el sentimiento de las gentes que le rodeaban? El aspirante puede imaginar sin dificultad el grado de renuncia que debía haber alcanzado el Santo Kabir. Aunque esto aconteció al Santo Kabir o al Santo Tukaram (cuando perdió toda su casa), vosotros podríais no obtener ese éxtasis dentro de vosotros mismos en el comienzo de vuestra búsqueda del «yo». Si, con la gracia de Dios, os sobreviene un tal éxtasis, entonces podríais decir, «¿Qué vale esto después de todo?», y entonces ya no haréis preguntas tan banales como, «¿Funcionará mi casa adecuadamente?». Habréis desarrollado una actitud tan indiferente que diréis, «¡Lo que tenga que acontecer, que acontezca; y lo que tenga que irse, que se vaya!».

Sin embargo, si el aspirante comprende sólo intelectualmente, lo cual es más fácil que la experiencia del Sí mismo, entonces se hace una pregunta, «Después de que se ha alcanzado el conocimiento del Sí mismo y de que se ha dejado atrás el orgullo de la posesividad del cuerpo y de la mente, ¿podrán llevarse a cabo los deberes mundanos?». Para consolarle el Sadguru responde, «Querido, incluso después de realizar la completa inutilidad del cuerpo y de la mente, uno puede formar un hogar y tener hijos, sin introducir ahí el orgullo del cuerpo y de la mente. Ambas cosas se pueden llevar perfectamente bien. Todos los deberes relevantes que uno hacía antes, puede seguir haciéndolos diligentemente».

¿Cómo? ¡Sólo Mirad! Mirad el comportamiento de la niñera de un niño sin madre. Ella alimenta al niño, lo abraza, lo consuela si llora y lo atiende hasta que se pone bueno si está enfermo, exactamente como si fuera su madre. Si le gusta el niño, incluso lo besa amorosamente. Mientras hace todo este trabajo, ella no tiene la menor sensación de que el niño no es suyo. A pesar de todo lo que hace por el niño, si el padre del niño la despide, al momento recoge sus cosas y sale de la casa. En el momento de marcharse, ni está feliz si el niño ha cogido peso ni se pone triste si el niño muere. La razón de este comportamiento es que ella no tiene ninguna sensación de «mío» con respecto al niño; pero no puede decirse que debido a la ausencia de esta sensación ella no ha cumplido su deber adecuadamente.

Pongamos otro ejemplo. Tomemos el caso de un administrador que gestiona el patrimonio de muchos millones de rupias de un menor. Su sentido de «yo» o «mío» no obstruye su deber, y sin embargo el administrador ha gestionado el patrimonio del menor muy eficientemente. Si el deber no se lleva a cabo adecuadamente, el administrador es reo de castigo. El administrador no deviene afectado si el patrimonio aumenta de valor, o si se decide en una causa legal que el patrimonio no pertenece a ese menor sino que pertenece a algún otro. Su deber es sólo gestionar el patrimonio cuidadosamente mientras está bajo su gestión.

Brevemente, para que los deberes se desempeñen adecuadamente, no es necesario que uno tenga el sentido de «yo» o «mío» mientras cumple esos deberes. Exactamente de la misma manera los cuerpos grosero y sutil forman un paquete que pertenece a los cinco elementos y que se da como un «presente» en «custodia» a un ser humano.

Como «custodios», nosotros debemos cuidar del paquete lo mejor posible. Si se elude la responsabilidad, se sufrirá el castigo en forma de pérdida de la salud de ambos, tanto de la mente como del cuerpo. Si el administrador gestiona el patrimonio del menor eficientemente, y la niñera cuida bien al niño, ambos recibirán sus salarios a cambio. Si cuidáis bien vuestro cuerpo y vuestra mente y los mantenéis en una condición saludable, también recibiréis un cierto gozo a cambio. Un cuerpo saludable es útil en la búsqueda de la Verdad Última. Sin embargo, todo esto tiene que llevarse a cabo sin el sentido de «mío». Con esta actitud, incluso si el cuerpo deviene grueso o delgado, si vive o muere, no hay ninguna exaltación ni lamento.

Si el administrador del patrimonio de un menor, llevado por un sentido de «mío», establece su «propiedad» y roba ese patrimonio, será llevado a prisión. En este caso, la identificación con el cuerpo significa el olvido del Sí mismo o la muerte del Sí mismo. La esperanza de la liberación se esfumará para el que está sujeto a la idea de ser el cuerpo, aunque verdaderamente él es el Sí mismo.

Por lo que se ha expuesto, podréis haber comprendido que las obligaciones y acciones usuales del cuerpo y la mente deben llevarse a cabo de una manera adecuada y que no es necesario establecer la «propiedad» o el sentido de «mío» en ninguna de ambos. Las obligaciones del administrador y de la niñera, al actuar como tales, no tienen ningún sentido de posesión y su deber se lleva a cabo con completa normalidad. De la misma manera, los deberes de un ser humano pueden ser cumplidos sin mantener el sentido de «posesión» o «mío».

 

El Cuerpo Causal

 

Supongamos que perdemos el sentido de posesión tanto del cuerpo grosero como del cuerpo sutil, y que admitimos el hecho de que el paquete pertenece a un extraño; todavía tenemos que encontrar la respuesta a «¿Quién soy yo?» o «¿Dónde estoy yo?». Prosigamos pues con la definición del cuerpo causal. Tan pronto como entramos aquí, por todas partes hay la obscuridad más completa. ¿Es posible que esta ignorancia sea la ciudad de residencia de este «yo»? Parece que esto sea su cuartel principal. Esto parece ser la capital principal de su pertenencia. ¿Hay ciertamente una esperanza de encontrar a ese «yo» aquí? Veamos. Si nos movemos a ciegas, sólo sintiendo, ese «yo» tampoco ha de ser encontrado en ninguna parte del cuerpo causal. Aquí, el «yo» parece haber abandonado su sentido de «mío». En este sitio no parece haber nada que «yo» pueda llamar «mío». Aquí todo parece absolutamente quieto. Ese «yo» que grita a voces «yo», «yo», asperamente (en los cuerpos grosero y sutil), aquí parece estar totalmente silente. Parece estar jugando al escondite, para que no pueda ser cogido por el que le busca. El «yo» parece haberse hundido en un pozo de obscuridad para que el que lo busca caiga en él, y se vea forzado a abandonar su búsqueda.

Queridos aspirantes, no tengáis miedo. El Sadguru está tanto detrás como delante de vosotros, y Él os cruzará indemnes el pozo de la obscuridad. Muchos eruditos y personas instruidas se han echado atrás en este mismo punto y han abandonado así su búsqueda. Sin embargo, vosotros no tenéis ninguna razón para tener miedo, como ellos. Vosotros tenéis un guía que es Samartha Sadguru, es decir, un guía verdaderamente capaz.

Después de estabilizarse en esta obscuridad y de haber puesto los propios pies en ella durante un largo periodo de tiempo, una voz se escucha suavemente, «Yo soy el presenciador de esta ignorancia». Repentinamente aparece un cierto coraje esgrimiendo la esperanza de atrapar al malhechor. También deviene fortalecido con este pensamiento, «¡Oh! Este malhechor está aquí en alguna parte; puede estar cerca o un poco menos cerca, pero está presenciando la ignorancia desde muy cerca». Aquí, la búsqueda significa observar persistentemente. Cómo se hace esto, lo expondremos en la lección siguiente. La presenciación la está haciendo desde más allá del pozo del cuerpo causal, desde su posición en el Mahakarana o cuerpo supracausal. Esto se comprende inmediatamente, y entonces el «yo» esta contentísimo de encontrarse a sí mismo. ¿Quién puede describir ese contento? En ese contento el «yo» exclama «Yo soy Brahman, el conocimiento del Sí mismo».

 

El Brahman

 

El que dice «yo», «yo» es en realidad el omnipresenciador Brahman, que es de la naturaleza del conocimiento «yo soy». Cuando la certeza está establecida, aparece una ola tras otra de felicidad. Cuando la felicidad se desvanece, mirad el milagro que ha acontecido. Después de un profundo pensamiento, comienza una sensación de que yo no soy tampoco de la naturaleza del conocimiento, pues de la misma manera que estoy cubierto por la ignorancia, así también estoy cubierto por el conocimiento. Yo no he nacido con la ignorancia o el conocimiento, sino que la ignorancia y el conocimiento que han nacido de «yo», han devenido «yo», y este orden parece apuntar hacia mí como su creador. Por lo tanto, este conocimiento es mi hijo y «yo» soy su padre; y «yo», como padre, soy alguien diferente de eso.

Cuando esta serie de pensamientos amanecen dentro de mí, el «Aham Brahmasmi» («Yo soy el Brahman») en el Mahakarana (el cuerpo supracausal) comienza también a desvanecerse, hasta desaparecer completamente. Entonces yo estaba absolutamente desnudo. ¡Ahora ya no puede describirse qué es ese «yo» o cómo es ese «yo»! Si queréis la descripción del «yo» que se encuentra aquí, entonces podéis pronunciar cualquier palabra que se encuentre en cualquier diccionario, pero yo tendré que expresarlo como «No es esto, no es esto, sino que es el que ilumina esto». Sin embargo, vosotros seguís pronunciando palabras y sentencias y cualquier significado que venga, lo tomáis como la descripción del «yo». Si no comprendéis, entonces abandonad las palabras y sumergios en el silencio profundo y ved quién «soy yo».

 

Última actualización: miércoles, 10 de septiembre de 2008
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