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Dedicado a Bhagavan Sri Ramana Maharshi

 

El Evangelio del Maharshi

La Auto-indagación

 

Discípulo. ¿Cómo ha de realizar uno el sí mismo?

 

Maharshi. ¿El sí mismo de quién? Encuentre.

 

D.      El mío, ¿pero quién soy yo?

 

M.     Encuéntrese a usted mismo.

 

D.      Yo no sé cómo.

 

M.     Piense sólo en la pregunta. ¿Quién es el que dice «yo no sé»? ¿Quién es el «yo» en su afirmación? ¿Qué es no conocido?

 

D.      Alguien o algo en mí.

 

M.     ¿Quién es ese alguien? ¿En quién?

 

D.      Quizás algún poder.

 

M.     Encuentre.

 

D.      ¿Por qué he nacido?

 

M.     ¿Quién ha nacido? La respuesta es la misma a todas tus preguntas.

 

D.      ¿Quién soy yo, entonces?

 

M.     (Sonriendo). ¿Usted ha venido a examinarme a mí? Usted debe decir quién es usted.

 

D.      Por mucho que lo intento, no parezco captar el «yo». No es siquiera claramente discernible.

 

M.     ¿Quién es el que dice que el «yo» no es discernible? ¿Hay dos «yo» en usted, de manera que uno no es discernible por el otro?

 

D.      En lugar de indagar «¿quién soy yo?», ¿puedo hacerme a mí mismo la pregunta «¿quién es Usted?», puesto que entonces mi mente puede ser fijada en Usted, a quien yo considero Dios en la forma del gurú? Quizás, estaría más cerca de la meta de mi búsqueda por esa indagación que preguntándome a mí mismo «¿quién soy yo?»

 

M.     Sea cual sea la forma que tome su indagación, finalmente usted debe llegar al único yo, el sí mismo.

Todas estas distinciones hechas entre el «yo» y el «usted», entre maestro y discípulo, etc., son meramente un signo de la propia ignorancia de uno. Solo el yo supremo es. Pensar de otro modo es engañarse a uno mismo.

Una historia de los Puranas entre el sabio Ribhu y su discípulo Nidagha, es particularmente instructiva en este contexto.

Aunque Ribhu enseñó a su discípulo la verdad suprema del único Brahman sin un segundo, Nidagha, a pesar de su erudición y comprensión, no tenía suficiente convicción para adoptar y seguir la vía de jñana, sino que se instaló en su ciudad natal para llevar una vida dedicada a la observancia de la religión ceremonial.

Pero el sabio amaba a su discípulo tan profundamente como el discípulo veneraba a su maestro. A pesar de su edad, Ribhu quiso ir él mismo a ver a su discípulo a la ciudad, sólo para ver cuánto había desarrollado éste su ritualismo. A veces el sabio iba disfrazado, de manera que podía observar cómo actuaba Nidagha cuando no sabía que estaba siendo observado por su maestro.

En una tal ocasión, Ribhu que se había puesto el disfraz de un rústico campesino, encontró a Nidagha observando atentamente la procesión real. Sin ser reconocido, el rústico campesino le preguntó qué era todo aquel alboroto, y Nidagha le respondió que el rey iba a pasar en procesión.

«¡Oh! Es el rey. ¡Él va en procesión! ¿Pero dónde está él?», preguntó el campesino.

«Ahí, sobre el elefante», dijo Nidagha.

«Dices que el rey está sobre el elefante. Sí, yo veo a los dos» dijo el rústico, «¿Pero cuál es el rey y cuál es el elefante?»

«¡Qué!», exclamó Nidagha, «¿Usted ve a los dos, pero no sabe que el hombre de arriba es el rey y el animal de abajo es el elefante? ¿Dónde está la utilidad de hablar a un hombre como usted?»

«Por favor, no se impaciente con un hombre ignorante como yo», imploró el rústico, «Pero usted dijo “arriba” y “abajo”, ¿qué significan?»

Nidagha no pudo soportarlo más. «Usted ve al rey y al elefante, uno arriba y el otro abajo. Sin embargo, usted quiere saber ¿qué se entiende por “arriba” y “abajo”?» espetó Nidagha. «Si las cosas vistas y las palabras habladas pueden comunicarle tan poco, solo la acción puede enseñarle. Inclínese hacia adelante y lo sabrá todo muy bien».

El rústico hizo lo que se le dijo. Nidagha se subió sobre sus hombros y dijo «Sépalo ahora. Yo estoy arriba como el rey, y usted está abajo como el elefante. ¿Está suficientemente claro?»

«No, todavía no», fue la tranquila respuesta del rústico. «Usted dice que está arriba como el rey, y que yo estoy abajo como el elefante. El “rey”, el “elefante”, “arriba” y “abajo”, hasta aquí está claro. Pero, se lo ruego, dígame qué entiende usted por “yo” y “usted”».

Cuando Nidagha fue enfrentado así, de repente, con el gran problema de definir el «usted» aparte del «yo», la luz se hizo en su mente. Al instante saltó y cayó a los pies de su maestro diciendo, «¿Quién más sino mi venerable maestro, Ribhu, podría haber sacado así mi mente de las superficialidades de la existencia física al verdadero ser del sí mismo? ¡Oh, benigno maestro!, suplico tus bendiciones».

Por consiguiente, mientras su meta es trascender aquí y ahora, estas superficialidades de la existencia física a través de atma-vichara, ¿dónde está el lugar para hacer las distinciones de «usted» y «yo», que solo pertenecen al cuerpo? Cuando usted vuelve la mente hacia dentro, buscando la fuente del pensamiento, ¿dónde está el «usted» y dónde está el «yo»?

Usted debe buscar y ser el sí mismo que incluye todo.

 

D.      ¿Pero no es gracioso que el «yo» deba buscar al «yo»? ¿No se convierte finalmente la indagación «¿Quién soy yo?» en una fórmula vacía? ¿O he de hacerme a mí mismo la pregunta incansablemente, repitiéndola como un mantra?

 

M.     La auto-indagación no es ciertamente una fórmula vacía, es más que la repetición de un mantra. Si la indagación «¿Quién soy yo?» fuera un mero preguntar mental, no sería de mucho valor. El verdadero propósito de la auto-indagación es focalizar la mente entera en su fuente. Por consiguiente, no es el caso de un «yo» buscando a otro «yo».

La auto-indagación es aún menos una fórmula vacía, puesto que implica una intensa actividad de la mente entera para mantenerla fijada firmemente en la auto-consciencia pura.

La auto-indagación es el único medio infalible, el único medio directo para realizar el ser absoluto e incondicionado que usted es realmente.

 

D.      ¿Por qué solo la auto-indagación debe ser considerada el medio directo a jñana?

 

M.     Porque todo tipo de sadhana, excepto la de atma-vichara, presupone la retención de la mente como el instrumento para llevar a cabo la sadhana, y sin la mente no puede ser practicada. El ego puede tomar formas diferentes y cada vez más sutiles en las diferentes etapas de la práctica de uno, pero él mismo nunca es destruido.

Cuando Janaka exclamó: «Ahora he descubierto al ladrón que ha estado arruinándome todo el tiempo. Será tratado sumariamente», el rey se estaba refiriendo en realidad al ego o la mente.

 

D.      Pero el ladrón puede ser aprehendido también por las otras sadhanas.

 

M.     El intento de destruir al ego o la mente por otras sadhanas que no sean atma-vichara, es lo mismo que el ladrón que se hace policía para coger al ladrón, es decir, a sí mismo. Solo atma-vichara puede revelar la verdad de que ni el ego ni la mente existen realmente, y permitirle a uno realizar el ser puro e indiferenciado del sí mismo o lo absoluto.

Habiendo realizado el sí mismo, no queda nada que conocer, debido a que es felicidad perfecta, el todo.

 

D.      En esta vida rodeada de limitaciones, ¿puedo yo realizar alguna vez la felicidad del sí mismo?

 

M.     Esa felicidad del sí mismo está siempre con usted, y la encontrará por usted mismo, si la busca sinceramente.

La causa de su miseria no está en la vida de afuera; está en usted como ego. Usted se impone a usted mismo limitaciones, y entonces emprende una lucha vana para trascenderlas. Toda infelicidad es debida al ego; con él viene todo su sufrimiento. ¿De qué le sirve atribuir a los acontecimientos de la vida la causa de la miseria que está realmente dentro de usted? ¿Qué felicidad puede usted obtener de cosas externas a usted mismo? Y cuando la obtiene, ¿cuánto dura?

Si niega al ego y le quema ignorándole, usted es libre. Si le acepta, él le impondrá limitaciones y le arrojará a una lucha vana para trascenderlas. Así fue como el ladrón buscó arruinar al Rey Janaka.

Ser el sí mismo que usted es realmente, es el único medio de realizar la felicidad que es siempre suya.

 

D.      No habiendo realizado la verdad de que solo existe el sí mismo, ¿no debo adoptar yo las vías (margas) de bhakti y yoga como más adecuadas para los propósitos de la sadhana que la vía (marga) de vichara? ¿No es la realización del propio ser absoluto de uno, es decir, brahma-jñana, algo completamente inalcanzable para un laico como yo?

 

M.     Brahma-jñana no es un conocimiento que tenga que ser adquirido, de modo que al adquirirlo, uno pueda obtener la felicidad. Es la propia visión ignorante de uno lo que se debe abandonar. El sí mismo que busca conocer es verdaderamente usted mismo. Su ignorancia supuesta le causa un sufrimiento innecesario, como el de los diez hombres necios que lamentaban la «perdida» del décimo hombre que nunca se había perdido.

Los diez hombres necios de la parábola vadeaban un arroyo y, al alcanzar la otra orilla, quisieron asegurarse de que todos ellos habían cruzado a salvo la corriente. Uno de los diez comenzó a contar, pero al contar a los otros se excluyó a sí mismo de la cuenta. «Yo veo solo nueve; ciertamente, hemos perdido a uno. ¿Quién puede ser?» dijo. «¿Contaste correctamente?» preguntó otro, e hizo el recuento él mismo. Pero también contó solo nueve. Uno detrás de otro, cada uno de los diez, contó solo nueve, olvidándose de sí mismo. «Nosotros somos solo nueve», acordaron todos; «¿pero quién es el que falta?», se preguntaban. Todo esfuerzo que hicieron para descubrir al individuo «que faltaba», fracasó. «Quienquiera que sea se ha ahogado», dijo el más sentimental de los diez necios, «le hemos perdido». Al decir esto, estalló en lágrimas, y los nueve restantes le siguieron.

Viéndoles llorar a la orilla del río, un compasivo viajero les preguntó la causa. Ellos contaron lo que había ocurrido, y dijeron que incluso después de contarse varias veces, no pudieron encontrar más que nueve. Al oír la historia, pero viendo a los diez ante él, el viajero adivinó lo que había pasado. Para hacerles saber por sí mismos que eran realmente diez, y que todos ellos habían salido ilesos de la travesía, el viajero les dijo: «Que cada uno de vosotros cuente por sí mismo, pero uno detrás de otro en serie: uno, dos, tres y así sucesivamente, mientras que yo os daré a cada uno un cachete de modo que todos podáis estar seguros de haber sido incluidos en el recuento y solo una vez. Entonces el décimo hombre “perdido” será encontrado». Al escuchar esto, ellos se alegraron ante la perspectiva de encontrar a su camarada «perdido» y aceptaron el método sugerido por el viajero.

Mientras el buen viajero daba un cachete a cada uno de los diez en fila, el que recibía un cachete se contaba en voz alta. «Diez» dijo el último hombre cuando recibió el último cachete en la fila. Perplejos, se miraron unos a otros, «Nosotros somos diez» dijeron con una sola voz y agradecieron al viajero haber eliminado su aflicción.

Esa es la parábola. ¿De dónde fue traído el décimo hombre? ¿Se había perdido alguna vez? Al saber que había estado allí todo el tiempo, ¿aprendieron ellos algo nuevo? La causa de su aflicción no era la pérdida real de alguno de los diez, era su propia ignorancia, o más bien su mera suposición de que uno de ellos se había perdido —(aunque no podían encontrar quién era)— debido a que contaban solo nueve.

Tal es también el caso con usted. Verdaderamente no hay ninguna causa para que sea miserable e infeliz. Usted mismo impone limitaciones a su verdadera naturaleza de ser infinito, y entonces llora porque es solo una criatura finita. Entonces emprende esta o aquella sadhana para trascender las limitaciones no-existentes. Pero si su sadhana misma asume la existencia de las limitaciones, ¿cómo puede ella ayudarle a trascenderlas?

Por consiguiente, yo digo: sepa que usted es ser puro e infinito, el sí mismo Absoluto. Usted es siempre ese sí mismo y nada sino ese sí mismo. Así pues, usted no puede ser nunca realmente ignorante del sí mismo; su ignorancia es meramente una ignorancia aparente, como la ignorancia de los diez necios sobre el décimo hombre «perdido». Es esta ignorancia la que les causaba la aflicción.

Sepa entonces que el conocimiento verdadero no crea un ser nuevo para usted, sino que solo elimina su «ignorancia aparente». La felicidad no es agregada a su naturaleza, es meramente revelada como su estado verdadero y natural, eterno e imperecedero. La única vía para librarse de su sufrimiento es conocer y ser el sí mismo. ¿Cómo puede ser esto inalcanzable?

 

Última actualización: miércoles, 10 de septiembre de 2008
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