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Dedicado a Bhagavan Sri Ramana Maharshi

 

Conversaciones con
Sri Ramana Maharshi - 1

 

6 de enero de 1935

 

1. La señora M. A. Piggot, una señora inglesa que había leído La India Secreta, de Paul Brunton, vino a ver al Maharshi. Se le proporcionaron los servicios de un discípulo como intérprete. En ese momento había muchos visitantes en la sala, incluyendo algunas señoras con sus niños. Había mucho ruido en el lugar. Finalmente, prevaleció el silencio. De repente, al Maharshi, que parecía estar mirando el espacio infinito, se le oyó decir suavemente: «¡Un mono!» Entonces se descubrió que en la entrada (sin que lo pudiera observar la madre que estaba sentada al otro lado de la puerta) había un niño con un mono grande de pie, que con ambas manos le acariciaba sin hacerle el menor daño: ambos estaban mutuamente en paz en la presencia del Maharshi. Cuando se escuchó la voz del Maharshi, el mono salto hábilmente y desapareció. El incidente impresionó mucho a la señora.

 

 

7 de enero de 1935

 

2. ¿Es necesario un Maestro para la realización? —preguntó primero la señora Piggot.

Maharshi: La realización es el resultado de la gracia del Maestro más que de las enseñanzas, los discursos, la meditación, etc. Éstas son sólo ayudas secundarias, mientras que la gracia es la causa principal y esencial.

Devoto: ¿Cuáles son los obstáculos que impiden la realización del Sí mismo?

M.: Los hábitos de la mente (vasanas).

D.: ¿Cómo vencer los hábitos mentales (vasanas)?

M.: Realizando al Sí mismo.

D.: Eso es un círculo vicioso.

M.: Es el ego el que suscita esas dificultades creando obstáculos, y después sufre la perplejidad de las aparentes paradojas. Encuentre quién hace las preguntas y el Sí mismo será encontrado.

D.: ¿Cuáles son las ayudas para la realización?

M.: Las enseñanzas de las Escrituras y de las almas realizadas.

D.: ¿Pueden ser esas enseñanzas debates, discusiones y meditaciones?

M.: Sí, todas éstas son sólo ayudas secundarias, mientras que lo esencial es la gracia del Maestro.

D.: ¿Cuánto tiempo le llevará a uno obtener eso?

M.: ¿Por qué desea saberlo?

D.: Para darme esperanza.

M.: Ese deseo es un obstáculo. El Sí mismo está siempre aquí, no hay nada sin él. Sea el Sí mismo, y los deseos y las dudas desaparecerán. Ese Sí mismo es el presenciador en los estados de sueño profundo, de sueño con sueños y de vigilia. Estos estados pertenecen al ego. El Sí mismo trasciende al ego. ¿No existía usted en el sueño profundo? ¿Sabía usted entonces que estaba dormido o que no era consciente del mundo? Sólo en el estado de vigilia usted describe la experiencia del sueño profundo como inconsciencia; por consiguiente, la consciencia cuando usted está dormido es la misma que cuando usted está despierto. Si usted sabe qué es esta consciencia de la vigilia, conocerá la consciencia que presencia los tres estados. Esta consciencia puede ser encontrada buscando la consciencia como ella era en el sueño profundo.

D.: En ese caso, me quedo dormido.

M.: ¡No hay mal en ello!

D.: Es un vacío.

M.: ¿Para quién es el vacío? Encuéntrelo. Usted no puede negarse a sí mismo nunca. El Sí mismo es siempre y continúa en todos los estados.

D.: ¿Debo permanecer como si estuviera en el sueño profundo y presenciar al mismo tiempo?

M.: Sí. La presenciación es el estado de vigilia. Por consiguiente, ese estado no será un estado de sueño profundo, sino de sueño profundo sin sueño profundo. Si usted sigue los pasos a sus pensamientos, será extraviado por ellos y se encontrará en un laberinto sin fin.

D.: Así pues, debo receder a la fuente de los pensamientos.

M.: Exactamente; de esa manera, los pensamientos desaparecerán y sólo quedará el Sí mismo. De hecho, para el Sí mismo no hay ningún adentro ni ningún afuera. Todo eso son también proyecciones del ego. El Sí mismo es puro y absoluto.

D.: Esto se comprende sólo intelectualmente. ¿No es el intelecto una ayuda para la realización?

M.: Sí, hasta una cierta etapa. Pero aún así, comprenda que el Sí mismo trasciende el intelecto —el intelecto debe desvanecerse para obtener el Sí mismo.

D.: ¿Ayuda mi realización a otros?

M.: Sí, ciertamente. Es la mejor ayuda posible. Pero no hay ningún otro a quien ayudar. Pues un ser realizado ve el Sí mismo de la misma manera que un orfebre aprecia el oro en diversas joyas. Sólo cuando usted se identifica con el cuerpo, las formas y las figuras están aquí. Pero cuando usted trasciende su cuerpo, los otros desaparecen junto con su consciencia corporal.

D.: ¿Ocurre eso también con las plantas, los árboles, etc.?

M.: ¿Existen ellos aparte del Sí mismo? Averígüelo. Usted piensa que los ve. El pensamiento es proyectado desde su Sí mismo. Encuentre de dónde surge. Los pensamientos cesarán de surgir y sólo quedará el Sí mismo.

D.: Yo comprendo teóricamente. Pero todavía están aquí.

M.: Sí. Es como una función de cine. Hay la luz en la pantalla y las sombras que pasan rápidamente impresionan a la audiencia con la puesta en acto de alguna obra. Similarmente, será también así si en la misma representación se muestra también un público. El veedor y lo visto estarán entonces sólo en la pantalla. Aplíquese esto a usted mismo. Usted es la pantalla, el Sí mismo ha creado al ego, el ego tiene sus acrecencias de pensamientos que se muestran como el mundo, los árboles, las plantas, etc., sobre los cuales usted está preguntando. En realidad, todos éstos no son nada sino el Sí mismo. Si usted ve al Sí mismo, encontrará que todo es lo mismo, por todas partes y siempre. No existe nada más que el Sí mismo.

D.: Sí, aunque comprendo sólo teóricamente. Sin embargo, las respuestas son simples, bellas y convincentes.

M.: Incluso el pensamiento, «yo no comprendo» es un obstáculo. De hecho, sólo el Sí mismo es.

 

 

8 de enero de 1935

 

3.   Llegó un anciano y se sentó en la sala. El Maharshi estaba leyendo la versión sánscrita de Sarma, de la obra Arunachala Akshara Manamalai (el primero de Los Cinco Himnos a Arunachala). El hombre preguntó suavemente: «Se dice que la realización es más allá de la expresión, y que la expresión fracasa siempre a la hora de describir la realización. ¿Cómo es eso?»

M.: Esa cuestión ha sido mencionada en Arunachala Ashtakam, verso 3, donde se admite que, aunque la expresión de la realización es imposible, no obstante, se indica su existencia.

Poco después, hubo signos visibles de emoción en el hombre. Su respiración era profunda y ronca. Cayó sobre el suelo postrándose humildemente, y se levantó sólo después de uno o dos minutos. Permaneciendo calmo un corto tiempo, dejo el lugar. Evidentemente, el hombre había tenido alguna iluminación. Buscaba una confirmación del Maharshi, quien le respondió adecuadamente. Encontró la confirmación, y humilde y sentidamente reconoció la intercesión divina en su beneficio.

 

4. Se formuló una pregunta sobre el pasaje de las Upanishads que dice así: «el Espíritu Supremo es más sutil que lo más sutil y más grande que lo más grande».

M.: La estructura del átomo ha sido descubierta por la mente. Por consiguiente, la mente es más sutil que el átomo. Eso que está detrás de la mente, a saber, el alma individual, es más sutil que la mente. Además, el santo tamil Manickavachagar ha dicho de las motas de polvo que danzan en un rayo de sol, que si cada una de ellas representa un universo, la totalidad de la luz solar representará al Ser Supremo.

 

 

19 de enero de 1935

 

5. Había llegado a Madrás, como huésped de la Casa de Gobierno, el señor Douglas Ainslie (Sr. Grant Duff), un aristocrático caballero inglés, de 70 años de edad, sobrino de un ex Gobernador de Madrás, escritor y poeta, agregado de la Delegación Británica en Atenas, París y La Haya. Vino a ver al Maharshi con una carta de presentación de Paul Brunton. Al día siguiente volvió y permaneció poco menos de una hora en la sala. Esos dos días prácticamente no hubo intercambio de palabras, sólo la mirada encontró a la mirada. Sus hábitos son abstemios; permanece sin alimento de ningún tipo hasta la una de la tarde y entonces almuerza; se dice que toma café y galletas por la noche y que se retira sin más alimento. Se ha mantenido soltero, camina unos kilómetros a diario con el estómago vacío, habla poco y es muy agraciado en sus movimientos. Su voz es baja y suave, y sus palabras parecen venir del corazón. Tiene amigos, entre los cuales podrían contarse al extinto Sir John Woodroffe, Sir Sarvepalli Radhakrishnan y al señor Thomas, profesor de sánscrito en la Universidad de Oxford. Expresó un deseo de escuchar los Vedas. El lunes llegó una carta de Riga y las preguntas contenidas en ella coincidían con las preguntas que el visitante europeo había formulado sobre la existencia de las almas de los difuntos y sobre cómo servirlas mejor.

Se le leyó la respuesta enviada a Riga. En su presencia se repitieron cantos de La Verdad Revelada, del Maharshi, y los Vedas. Él consideró magníficas las recitaciones. Volvió la tarde siguiente, y para asombro de los demás, la noche anterior tuvo una experiencia que repitió al Maharshi. Fue que había visto algo como una luz eléctrica dentro de sí mismo en el centro del corazón, en el lado derecho. Además, agregó que había visto al sol brillando por dentro. El Maharshi sonrió un poco y entonces hizo que se le leyera una traducción del Atmavidya (El Conocimiento del Sí mismo), donde está el dicho críptico de que la realización consiste en llegar al Atman (el Sí mismo) que es la expansión de la consciencia (chidvyoman), para distinguirla de la mente, que es la expansión de chittavyoman. Esta explicación llamó la atención del visitante.

Al hablar de éste, el Maharshi observó después: «Piensen en un anciano de setenta años que no eligió vivir apaciblemente en su propia casa, con los ingresos que había ganado! Cuan intenso ha sido su fervor que ha dejado su país natal, se ha atrevido a emprender un viaje por mar de nueve mil kilómetros, y ha afrontado las penalidades de largos viajes por tren en un país extraño, ignorante de la lengua, sufriendo las vicisitudes de una vida solitaria, sometiéndose a las inclemencias de un clima tórrido, en ambientes que no le son familiares ni acostumbrados. Podía haber sido feliz en su propia casa. Es su anhelo por la paz interna lo que le ha traído aquí».

¡Es exactamente así! Las gentes dicen que la intensidad de su fervor se revela por sus experiencias de iluminación aquí dentro de los cuatro días consecutivos a su llegada.

En lo que concierne a la pregunta sobre las almas de los difuntos, mientras un hombre se identifique con su cuerpo grosero, el pensamiento materializado como manifestaciones groseras debe ser real para él. Debido a la imaginación de que su cuerpo ha sido originado de otro ser físico, el otro existe tan verdaderamente como su propio cuerpo. Habiendo existido aquí una vez, ciertamente sobrevive a la muerte, debido a que la descendencia está aún aquí y siente que ha nacido de ese otro. Bajo estas circunstancias, el otro mundo es verdadero; y las almas de los difuntos se benefician de las plegarias que se ofrecen por ellos. Por otra parte, considerado de una manera diferente, la Única Realidad es el Sí mismo de quien ha brotado el ego que contiene dentro de sí mismo las semillas de las predisposiciones adquiridas en nacimientos anteriores. El Sí mismo ilumina el ego, las predisposiciones y también los sentidos groseros, de modo que las predisposiciones aparecen a los sentidos como si se hubieran materializado como el universo, y devienen perceptibles para el ego, el reflejo del Sí mismo. El ego se identifica con el cuerpo, y así pierde la visión del Sí mismo, y el resultado de esta inadvertencia es la oscura ignorancia y la miseria de la vida presente. El hecho de que el ego surja del Sí mismo y que lo olvide es el nacimiento. Así pues, puede decirse que el nacimiento del individuo ha matado a la madre. El deseo presente de recuperar a la propia madre es, en realidad, el deseo de recuperar al Sí mismo, que es lo mismo que realizarse a uno mismo, o la muerte del ego; esto es entregarse a la madre, para que ella viva eternamente.

El Maharshi leyó entonces, de la versión tamil del Yoga Vasistha, la historia de Dirga Tapasi, que tenía dos hijos, Punya y Papa. Después de la muerte de los padres, el menor se lamentaba de la pérdida, mientras el mayor le consolaba como sigue: «¿Por qué lamentas la pérdida de nuestros padres? Yo te diré dónde están; están sólo dentro de nosotros mismos, y son nosotros mismos. Pues la corriente de la vida ha pasado a través de innumerables encarnaciones, nacimientos y muertes, placeres y dolores, etc.; de la misma manera que la corriente de agua de un río fluye sobre rocas, hoyos, arenas, elevaciones y depresiones en su curso y, sin embargo, la corriente no es afectada por ello, así también, los placeres y dolores, los nacimientos y las muertes, son como ondulaciones en la superficie de esa apariencia de agua en el espejismo del ego. La única realidad es el Sí mismo, desde donde aparece el ego que corre a través de los pensamientos que se manifiestan como el universo, y en el que aparecen y desaparecen las madres y los padres, los amigos y los parientes. Ellos no son nada sino manifestaciones del Sí mismo, por lo que los padres de uno no están fuera del Sí mismo. Así pues, no hay ninguna razón para lamentarse. Apréndelo, realízalo, y sé feliz».

 

24 de enero de 1935

 

6. Con una carta de presentación del señor Brunton, llegó de visita el señor W. Y. Evans-Wentz, un erudito investigador de la Universidad de Oxford.

Estaba cansado por el viaje y solicitó descansar. Está muy acostumbrado al modo de vivir de la India, pues había visitado este país varias veces. Había aprendido la lengua tibetana y había ayudado en la traducción de El Libro Tibetano de los Muertos y El Gran Yogi Milarepa del Tíbet, el más grande de los Yogis Tibetanos, y un tercer libro sobre el Yoga Tibetano y Doctrinas Secretas.

Por la tarde, empezó a formular algunas preguntas. Se relacionaban con el Yoga. Quería saber si era correcto matar animales, como por ejemplo, tigres, ciervos, etc., y usar la piel para la postura yóguica (asana).

M.: ¿La mente es el tigre o el ciervo?

D.: Si todo es una ilusión, ¿puede uno entonces quitar la vida?

M.: ¿Para quién es una ilusión? ¡Encuentre eso! De hecho, todo el mundo es un «matador del Sí mismo» (atmahan) en cada momento de su vida.

D.: ¿Cuál postura (asana) es la mejor?

M.: Cualquier asana, posiblemente la sukha asana (una postura cómoda, o la posición semibúdica). Pero eso no importa en lo que atañe a jnana, el Camino del Conocimiento.

D.: ¿La postura indica el temperamento?

M.: Sí.

D.: ¿Cuáles son las propiedades y los efectos de la piel del tigre, de la lana, o de la piel de ciervo, etc.?

M.: Algunos los han encontrado y los han relacionado en los libros sobre Yoga. Corresponden a los conductores y los no conductores del magnetismo, etc. Sin embargo, todo eso carece de importancia para el Camino del Conocimiento (Jnana Marga). La postura significa realmente estar y permanecer en el Sí mismo. Es interna. Los otros se refieren a posiciones externas.

D.: ¿Cuál es el tiempo más provechoso para la meditación?

M.: ¿Qué es el tiempo?

D.: ¡Dígame usted qué es!

M.: El tiempo es sólo una idea. Hay sólo la Realidad. Cualquier cosa que usted piense que es, ello aparece como eso. Si usted lo llama tiempo, es tiempo. Si lo llama existencia, es existencia, y así sucesivamente. Después de llamarlo tiempo, usted lo divide en días, noches, meses, años, horas, minutos, etc. El tiempo no tiene importancia para el Camino del Conocimiento. Pero algunas de estas reglas y disciplinas son buenas para los principiantes.

D.: ¿Qué es Jnana Marga?

M.: De alguna manera, la concentración de la mente es común tanto al Conocimiento como al Yoga. El Yoga busca la unión del individuo con lo universal, con la Realidad. Esta Realidad no puede ser nueva. Debe existir incluso ahora, y ella existe.

Por consiguiente, el Camino del Conocimiento trata de encontrar cómo apareció viyoga (la separación). La separación es sólo de la Realidad.

D.: ¿Qué es la ilusión?

M.: ¿Para quién es la ilusión? Encuéntrelo. Entonces, la ilusión se desvanecerá.

Generalmente, las gentes quieren saber acerca de la ilusión, y no examinan para quién es ella ilusión. Es necedad. La ilusión está fuera y es desconocida. Pero se considera que al buscador se le conoce y que está dentro. Encuentre lo que es inmediato, íntimo, en vez de tratar de averiguar lo que es distante y desconocido.

D.: ¿Aconseja el Maharshi alguna postura física para los europeos?

M.: Puede ser aconsejable. Sin embargo, debe comprenderse claramente que la meditación no está prohibida en ausencia de asanas, o tiempos prescritos, o cualesquiera accesorios del tipo que sea.

D.: ¿Tiene el Maharshi algún método particular para impartirlo a los europeos en particular?

M.: Eso es acorde al equipamiento mental del individuo. En verdad, no hay ninguna regla fija.

El señor Evans-Wentz empezó a formular preguntas, en su mayoría relacionadas con los preliminares del Yoga, a todas las cuales el Maharshi respondió que son solo ayudas del Yoga que, en sí mismo, es una ayuda para la realización del Sí mismo, que es la meta de todos.

D.: ¿Es el trabajo una obstrucción para la realización del Sí mismo?

M.: No. Para un ser realizado, sólo el Sí mismo es la Realidad, y las acciones son sólo fenoménicas, y no afectan al Sí mismo. Incluso cuando actúa, no tiene ningún sentido de ser un hacedor. Sus acciones no son volitivas y él permanece como un presenciador de ellas sin ningún apego.

Para esta acción no hay ninguna meta. El que todavía está practicando el Camino de la Sabiduría (jnana) puede practicar incluso mientras trabaja. Para un principiante, esto puede ser difícil en las primeras etapas, pero después de alguna práctica, pronto será efectivo y no se encontrará que el trabajo es un obstáculo para la meditación.

D.: ¿Qué es la práctica?

M.: Una búsqueda constante del «Sí mismo», que es la fuente del ego. Encuentre «¿Quién soy yo?» El puro «Sí mismo» es la realidad, la Existencia-Consciencia-Felicidad Absoluta. Cuando se olvida Eso, aparecen todas las miserias; y cuando se aprehende Eso, las miserias no afectan a la persona.

D.: ¿No es necesario el brahmacharya (celibato) para la realización del Sí mismo?

M.: El brahmacharya es «vivir en el Brahman». No tiene ninguna relación con el celibato como se comprende comúnmente. Un brahmachari real, es decir, el que vive en el Brahman, encuentra la felicidad en el Brahman que es lo mismo que el Sí mismo. ¿Por qué debe usted buscar entonces otras fuentes de felicidad? De hecho, la emergencia del Sí mismo ha sido la causa de toda la miseria.

D.: ¿Es el celibato una condición sine qua non para el Yoga?

M.: Así es. Ciertamente, el celibato es una ayuda para la realización entre muchas otras ayudas.

D.: ¿Entonces no es indispensable? ¿Puede un hombre casado realizar el Sí mismo?

M.: Ciertamente. Es una cuestión de aptitud de la mente. Casado o no, un hombre puede realizar al Sí mismo, porque Eso es aquí y ahora. Si no fuera así, sino que fuera alcanzable por algunos esfuerzos en algún otro tiempo, y si fuera algo nuevo que hubiera de ser adquirido, no sería digno de ser buscado. Lo que no es natural, no puede ser permanente tampoco. Lo que digo es que el Sí mismo es aquí y ahora y único.

D.: Puesto que Dios es inmanente en todos, uno no debe quitar la vida de ningún tipo. ¿Es correcta la sociedad cuando quita la vida de un asesino? ¿Puede hacerlo el Estado? Los países cristianos empiezan a pensar que está mal hacer eso.

M.: ¿Qué es lo que impulsó al asesino a cometer el crimen? El mismo poder le recompensa con el castigo. La Sociedad o el Estado es sólo un instrumento en las manos del poder. Usted habla de una vida que fue quitada; ¿pero qué hay sobre las innumerables vidas que se pierden en las guerras?

D.: Así es. La pérdida de vidas está mal de todos modos. ¿Están justificadas las guerras?

M.: Para un hombre realizado, para el que permanece siempre en el Sí mismo, la pérdida de una vida, o de varias vidas, o de todas las vidas, ya sea en este mundo o en los tres mundos, no constituye ninguna diferencia. E incluso si acontece que él las destruye todas, ningún pecado puede tocar a un alma tan pura. El Maharshi citó la Gita, capítulo 18, versículo 17 —«El que está libre de la idea del ego, cuyo intelecto es desapegado, aunque aniquile a todos los mundos, no mata, ni es tocado por los resultados de sus acciones».

D.: ¿No afectan las acciones de uno a la persona en posteriores nacimientos?

M.: ¿Es usted nacido ahora? ¿Por qué piensa en otros nacimientos? El hecho es que no hay ni nacimiento ni muerte. Deje que el que ha nacido piense en la muerte y en sus paliativos.

D.: ¿Cuánto le llevó al Maharshi realizar el Sí mismo?

M.: Esta pregunta se formula debido a que se perciben el nombre y la forma. Éstas son percepciones consecuentes a la identificación del ego con el cuerpo grosero.

Si el ego se identifica con la mente sutil, como en el sueño con sueños, las percepciones son también sutiles. Pero en el sueño profundo no hay ninguna percepción. Sin embargo, ¿no estaba el ego también ahí? A menos que estuviera, no puede haber el recuerdo de haber dormido. ¿Quién era el que dormía? En su sueño profundo, no dijo que usted dormía. Usted lo dice ahora, en su estado de vigilia. Así pues, el ego es el mismo en el estado de vigilia, en el estado de sueño con sueños, y en el estado de sueño profundo. Encuentre la Realidad que subyace detrás de estos estados. Eso es la Realidad que subyace a éstos. En ese estado hay solo Ser. No hay ningún usted, ni yo, ni él; no hay ningún presente, ni pasado ni futuro. Eso es más allá del tiempo y del espacio, más allá de la expresión.

Es siempre.

Así como un platanero produce brotes en sus raíces, antes de dar fruto y perecer, y estos brotes, al ser trasplantados, hacen lo mismo otra vez, así también el Maestro primordial de la antigüedad (Dakshinamurti), que aclaraba las dudas de sus discípulos rishis en silencio, ha dejado retoños que se están multiplicando siempre. El Gurú es un retoño de aquel Dakshinamurti. Esa pregunta no surge cuando se realiza el Sí mismo.

D.: ¿Entra el Maharshi en el nirvikalpa samadhi?

M.: Si los ojos están cerrados, es nirvikalpa; si están abiertos, es savikalpa (aunque diferenciado, en absoluto reposo). El estado siempre-presente es el estado natural sahaja.

 

Última actualización: miércoles, 10 de septiembre de 2008
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