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Aunque a la realidad absoluta se le dan muchos
nombres y descripciones tales como Dios, allah, brahman, lo absoluto, lo
eterno, lo infinito, la plenitud de ser, purna o el todo, conocimiento
puro, sat-chit-ananda o ser-consciencia-felicidad, tat o «ello»,
nirvana, el reino de Dios y demás, Sri Ramana a menudo decía que las
palabras que expresan su naturaleza real más perfecta y exactamente son «yo» y
«soy» o su forma combinada «yo soy».
Esto es así debido a que lo que estas palabras
«yo» y «soy» expresan no es solo ser, sino también la auto-consciencia esencial
de ser. Por lo tanto, no importa en qué lenguaje sean expresadas estas palabras;
el pronombre personal de la primera persona del singular «yo», y la forma
equivalente de la primera persona del singular del verbo básico ser, «soy»,
expresan ambas la verdad total tan exacta como posiblemente ningunas otras
palabras puedan expresarla.
Por eso es por lo que en la mayoría de las
grandes religiones del mundo, el nombre «yo soy» es reverenciado como el
primero, principal y último nombre de Dios. La santidad suprema de este nombre
divino «yo soy» es expresada y venerada en el Antiguo Testamento (sobre el que
están basadas las tres grandes religiones de origen asio-occidental, a saber, el
judaísmo, el cristianismo y el islam) en las palabras habladas por Dios a
Moisés, «YO SOY EL QUE SOY» (Éxodo 3.14), y también en los Vedas (sobre
los que están basadas la amplia familia de las religiones sudasiáticas conocidas
como hinduismo) en el mahavakya o gran dicho «Yo soy brahman» (Brihadaranyaka
Upanishad 1.4.10).
El hecho de que «yo» y «soy» son los nombres
originales y naturales de la realidad absoluta o Dios, es declarado
enfáticamente por Sri Ramana en los versos 712, 713, 714 y 715 de Guru
Vachaka Kovai:
Cuando meypporul mismo
[la «sustancia real», «esencia verdadera» o realidad absoluta], que es llamado
ullam [el «corazón» o «núcleo»], sale [aparentemente] y se extiende
gradualmente desde el corazón como la consciencia [es decir, cuando parece
manifestarse exteriormente como nombres y formas innumerables, que de hecho son
solo distorsiones imaginarias de la única consciencia verdadera sin-forma e
indivisa «yo soy», que es esa «sustancia real» misma], entre los miles de
nombres [sagrados] que son [atribuidos] a [este] ulla-porul [el
«ser-esencia» o realidad absoluta], sabe que cuando [nosotros] escudriñamos
[descubrimos que] ciertamente «yo» es el primero [el original y principal].
Puesto que [junto] con ese
«yo», que se ha dicho previamente [en el verso de arriba] que es el nombre
primario [de la realidad absoluta o Dios], como su meypporul-vilakkam [la
luz que es su esencia real] él [«soy»] existe siempre como «yo soy» [en el
corazón de cada uno de nosotros], ese nombre «soy» también es [el nombre
primario de la realidad absoluta o Dios].
Entre los muchos nombres
[atribuidos a Dios en todas las diferentes religiones y lenguajes de este
mundo], que son miles y miles, ningún nombre tiene [tal] belleza real [o] es
[tan] verdaderamente apropiado a kadavul [Dios, que es kadanda-ullavan,
«él que existe trascendiendo»], que mora en [nuestro] corazón exento de
pensamiento, como este nombre [«yo» o «soy»]. [Es decir, «yo» o «soy» es el
nombre más bello y verdaderamente apropiado de Dios, debido a que él existe en
nuestro corazón como nuestro ser auto-consciente naturalmente libre de
pensamiento, «yo soy».]
Entre todos [los nombres de
Dios] que son conocidos, solo el nombre de Dios [original, natural y verdadero],
[que es experimentado] como «yo [soy] yo», clama [su única supremacía] a
aquellos cuya atención está vuelta hacia sí mismos, brillando como la mauna-para-vak
[la palabra suprema, que es silencio absoluto], llenando el espacio de [su]
corazón, en el que [su] ego ha sido aniquilado.
Cuando volvamos la atención hacia nosotros y con
ello nos experimentemos como somos realmente, la mente o ego será aniquilado,
toda dualidad desaparecerá, y en el espacio libre de pensamiento de nuestro
corazón, que es el espacio infinito de ser-consciencia-felicidad, solo la
auto-consciencia no-dual «yo soy» permanecerá brillando claramente en toda su
prístina pureza. Puesto que no hay nada que perturbe la paz perfecta de esta
experiencia de auto-conocimiento verdadero, y puesto que ella revela su propia
realidad absoluta más claramente de lo que cualquier palabra hablada o escrita
podría hacerlo, Sri Ramana la describe como la mauna-para-vak, la
«palabra suprema» o para-vak, que es silencio absoluto o mauna.
El poder de la claridad silente de la
auto-consciencia inadulterada para revelarse a sí misma como la realidad
absoluta, es expresado por Sri Ramana poéticamente en el verso 5 de Ekatma
Panchakam:
Eso que existe siempre es
solo ese ekatma vastu [la única realidad o sustancia, que es nuestro sí
mismo verdadero]. Puesto que el adi-guru en aquel tiempo hizo que ese
vastu fuera conocido [solo] hablando sin hablar, di, ¿quién puede lograr
concerle hablando?
La palabra eka significa «uno», atma
significa «sí mismo», y vastu es el equivalente sánscrito de la palabra
tamil porul, que significa la realidad, sustancia o esencia absoluta. Por
lo tanto, el ekatma vastu, que Sri Ramana declara ser eppodum ulladu,
«eso que siempre es», es la única realidad absoluta o sustancia esencial, que es
nuestro sí mismo verdadero.
En la versión kalivenba de Ekatma
Panchakam, Sri Ramana añadió dos palabras más para calificar ulladu,
que significa «eso que es», a saber tanadu oliyal, que significa «por su
propia luz». Así pues él no declaró solo que el ekatma vastu es la única
cosa que existe siempre, sino también que es «eso que existe siempre por su
propia luz», es decir, por su propia luz de auto-consciencia no-dual, «yo soy».
La palabra compuesta adi-guru significa
el «gurú original», y es un término que denota a Sri Dakshinamurti, una
forma de Dios que simboliza la revelación de la realidad absoluta a través del
silencio, que es la «palabra suprema» o para-vak, y que Sri Ramana
describe poéticamente como «hablar sin hablar», es decir, comunicar la verdad
sin pensamiento o palabras habladas. Puesto que el ekatma vastu es
nuestro ser auto-consciente libre de pensamiento y por lo tanto absolutamente
silente, solo puede revelarse a sí mismo brillando dentro de nosotros silente y
claramente como «yo soy yo», sin la obstrucción de ningún pensamiento o palabra.
Puesto que esta experiencia de puro ser
auto-consciente no-dual silente, libre de pensamiento, apacible y absolutamente
clara, «yo soy», es el estado verdadero y natural de nuestro sí mismo real, que
es la única realidad absoluta o sustancia esencial que llamamos «Dios», Sri
Ramana dice que el nombre original y más bellamente apropiado de Dios es solo
«yo», «soy», «yo soy» o «yo soy yo».
Aunque «yo» y «soy» son dos palabras separadas,
ambas denotan nuestro sentido de sí mismo único, no-dual y absolutamente
indivisible —la consciencia esencial de ser, el conocimiento fundamental de la
existencia. Cada una de estas dos palabras está por lo tanto implícita en la
otra.
El pronombre «yo» implica que existimos, y esta
existencia de nosotros es expresada por el verbo «soy». A la inversa, el verbo
«soy» implica solo la existencia de nosotros, que es expresada por el pronombre
«yo». En muchas lenguas, por lo tanto, una u otra de estas dos palabras puede
ser usada por sí sola, puesto que su contrapartida está implícita en ella y por
lo tanto se comprende claramente. En tales lenguas, la forma compuesta «yo soy»,
es una opción que se usa solo para dar énfasis.
En este respecto el inglés es una excepción. Por
ejemplo, si deseamos decir que somos un ser humano, en inglés tenemos que usar
tanto la palabra «yo» como la palabra «soy» y decir, «yo soy un ser humano»,
mientras que en muchas otras lenguas es suficiente en un contexto tal, usar ya
sea solo la palabra «yo» o ya sea solo la palabra «soy». En tamil, por ejemplo,
no necesitamos decir la larga frase «nan manidanay irukkiren», que
significa «yo soy [un] hombre», debido a que podemos transmitir exactamente el
mismo sentido, diciendo simplemente ya sea «nan manidan», que significa
«[soy un] hombre», o ya sea «manidanay irukkien», que significa «[yo] soy
[un] hombre». Es similar el caso con muchas otras lenguas antiguas y modernas de
Asia y Europa, de las que el sánscrito, el hebreo, el griego y el latín son unos
pocos ejemplos.
En el Evangelio según San Juan, que fue
escrito originalmente en una forma de griego antiguo, hay muchos dichos «yo soy»
bien conocidos de Jesús, en varios de los cuales él está aludiendo más o menos
claramente al uso de la palabra «yo soy» en el Antiguo Testamento para denotar
el ser auto-consciente esencial de Dios. Esta alusión es particularmente clara
en los siete versículos (8.24, 8.28, 8.58, 13.19, 18.5, 18.6 y 18.8) en los que
él usa «yo soy» sin añadir ningún predicado, y que los eruditos bíblicos
describen por lo tanto como ejemplos de su uso «absoluto» de «yo soy».
En cada uno de estos siete versículos, el más
conocido de los cuales es, «Antes de que Abraham fuera, yo soy» (8.58), sus
dichos acaban con las palabras griegas ego eimi, que significan «yo soy».
Al usar estas dos palabras juntas, y colocarlas al final de cada respectiva
sentencia, estos versos logran poner gran énfasis sobre el significado de «yo
soy» pretendido por Jesús, pero en algunos casos este énfasis desafortunadamente
se ha perdido en la traducción.
Además de estos siete ejemplos de su uso
«absoluto» de «yo soy», hay más de otros treinta dichos en los que él usa «yo
soy» con un predicado, pero mientras en algunos de estos dichos las palabras
ego eimi son usadas en el griego original, en otros la palabra eimi,
que significa «soy», se usa por sí sola sin la palabra ego, que significa
«yo».
Este uso válido del verbo «soy» sin su sujeto
lógico «yo», es común en aquellas lenguas en las que todos los verbos toman una
forma particular en cada una de las tres personas y cada uno de los dos o más
tiempos. Un lenguaje tal es el latín, y por lo tanto, en latín, la palabra
sum, que significa «soy», y también las formas de primera persona del
singular de otros verbos, pueden ser usadas sin la palabra ego o «yo».
Por ejemplo, cuando Descartes concluyó el famoso, «cogito ergo sum», que
significa «[Yo] pienso, por lo tanto [yo] soy», no necesitó usar la palabra
ego ni antes de cogito ni antes de sum, debido a que está
claramente implícita en la forma gramatical de cada uno de estos verbos. Como
veremos en el siguiente capítulo, esta conclusión de Descartes está poniendo
realmente el carro delante del caballo, pero la cito aquí solo como un ejemplo
del verbo «soy» transmitiendo un sentido completo sin el uso explícito de su
correspondiente pronombre «yo».
En el hebreo original en el que fue escrito el
Éxodo, las palabras que son traducidas usualmente como «YO SOY EL QUE
SOY», son «ehyeh asher ehyeh». La palabra ehyeh de hecho significa
solo «soy», y el pronombre «yo» está simplemente implícito en ella, de modo que
una traducción más literal sería «SOY EL QUE SOY» o «SOY LO QUE SOY».
En el hebreo antiguo no había tiempos como
tales, sino solo dos «aspectos» de un verbo, el «perfecto» y el «imperfecto». El
«aspecto perfecto» de un verbo era usado para denotar una acción que ha sido
completada o acabada, y por lo tanto era equivalente en función al tiempo
pasado, mientras que el «aspecto imperfecto» era usado para denotar una acción
que aún no estaba completada o acabada, y por lo tanto era usado en casos en los
que usaríamos el tiempo presente o el tiempo futuro.
Puesto que ehyeh es la forma «imperfecta»
de la primera persona del verbo «ser», implica un tiempo presente continuo, que
podríamos traducir como «estoy siendo». Así pues, «ehyeh asher ehyeh»
podría ser traducido como «[YO] ESTOY SIENDO LO QUE [YO] ESTOY SIENDO», o más
libremente como «[YO] SOY SIEMPRE LO QUE [YO] SOY SIEMPRE».
Algunos eruditos Bíblicos sugieren que debería
traducirse como un tiempo futuro, «[YO] SERÉ LO QUE [YO] SERÉ», pero si se
traduce así, debe ser comprendido en el sentido «[YO] SERÉ SIEMPRE LO QUE [YO]
SERÉ SIEMPRE» o «[YO] SERÉ SIEMPRE LO QUE SOY SIEMPRE», debido a que no es un
tiempo exclusivamente futuro, sino solo un tiempo continuo dentro del futuro.
Sin embargo, puesto que el ser esencial que es Dios, es eterno y siempre
presente, ehyeh es traducido más apropiadamente en este contexto por un
tiempo presente continuo, «soy» o «estoy siendo».
Puesto que el ser es en realidad siempre
presente, trasciende las tres divisiones del tiempo, a saber, pasado, presente y
futuro. Esta naturaleza de ser eternamente continua, es expresada adecuadamente
por la palabra ehyeh, que como un «aspecto imperfecto» del verbo «ser»,
implica un estado de ser inacabable y continuo.
El ser como tal nunca comienza ni acaba, ni
sufre nunca ningún cambio. Permanece siempre como es, de modo que en el futuro
será siempre lo que siempre ha sido, y nunca devendrá algo nuevo. Por lo tanto,
la verdadera naturaleza o realidad absoluta de Dios, es solo ser eterno y
sin-cambio, y no es ninguna forma de «devenir». Devenir implica cambio, y el
cambio requiere tiempo, pero el ser verdadero de Dios trasciende los límites del
tiempo, y es por lo tanto más allá del cambio y el devenir.
Además, puesto que el ser verdadero es
auto-consciente, y puesto que por lo tanto no puede nunca ser un objeto de
conocimiento, una segunda o tercera persona, sino que siempre se experimenta a
sí mismo como la primera persona, la forma de la primera persona «imperfecta»
ehyeh, es una expresión perfecta de la verdadera naturaleza del ser.
Como quiera que podemos elegir traducir esta
profunda expresión de la verdadera naturaleza de ser, «ehyeh asher ehyeh»,
lo que es importante es que comprendamos la verdad que expresa. Por sí misma, la
palabra ehyeh, expresa el hecho de que el ser es auto-consciente,
no-objetivo y continuo —o en otras palabras, que el ser es la realidad
auto-consciente eternamente presente de la primera persona. Esta verdad sobre el
ser, que es expresada perfectamente por la primera persona del verbo continuo
ehyeh o «soy», es reiterada y enfatizada por la sentencia entera «ehyeh
asher ehyeh».
Es decir, al decir «[YO] SOY LO QUE [YO] SOY»,
estas palabras enfatizan más la verdad de que el ser eterno de primera persona
auto-consciente «soy», es absolutamente único y no-dual. Ellas implican, «Soy
solo lo que soy», «No soy nada sino lo que soy», o más simplemente, «Soy solo
yo, y nada otro que yo».
Debido a que este dicho bíblico, «YO SOY EL QUE
SOY», es una expresión tan perfecta de la naturaleza de la primera persona del
ser absoluto, eterno, no-dual, no-objetivo y auto-consciente, Sri Ramana solía
decir que es el mahavakya más grande, incluso más grande que los cuatro
mahavakyas o «grandes dichos» de los Vedas. Aunque el sentido de cada uno
de los mahavakyas védicos, a saber, «la consciencia pura es Brahman»,
«Yo soy brahman», «ello eres tú» y «este sí mismo es brahman», es
esencialmente el mismo que el de este dicho Bíblico, ellos son de hecho
expresiones menos perfectas y exactas de la realidad debido a que cada uno de
ellos contiene una o más palabras que no están en la forma de la primera
persona.
Es decir, en «YO SOY EL QUE SOY» el sentido de
ser de la primera persona, «soy», es igualado solo consigo mismo y no con nada
más, mientras que en cada uno de los mahavakyas védicos, es igualado ya
sea con un nombre de tercera persona, brahman, que significa la realidad
absoluta o espíritu supremo, o con el pronombre de la tercera persona «ello»,
que denota la misma realidad absoluta. Aunque «yo soy» es verdaderamente la
realidad absoluta o brahman, tan pronto como pensamos que ello es así, la
atención es retirada de la consciencia de ser natural de primera persona, hacia
una concepción mental extraña y antinatural de «la realidad absoluta». Para
ayudarnos a fijar la atención total e indivisa en «yo soy», es mejor que se nos
diga que «yo soy» es solo «yo soy», antes que decirnos que «yo soy» es Dios,
brahman o la realidad absoluta.
De la misma manera que la verdad de ser absoluta
es expresada por Dios en el Éxodo igualando «soy» solo con «soy», y con
nada más que «soy», así también siempre que Sri Ramana expresaba la experiencia
eterna de nuestro ser que es revelado cuando el obscurecimiento imaginario
causado por la mente es eliminado, él lo expresaba igualando «yo» solo con «yo»,
y con nada más que «yo».
Al hacer eso, él usaba las palabras mínimas,
solo «nan nan», que significan literalmente «yo yo», pero que, de acuerdo
con la costumbre tamil de omitir «soy» dondequiera que su sentido está claro con
el uso de «yo», implican claramente «yo [soy] yo». Es decir, lo mismo que «nan
yar?» significa «¿quien [soy] yo?» y «edu nan?» significa «¿qué [soy]
yo?», o lo mismo que «nan manidan» significa «[soy un] hombre» y «nan
innar» significa «[soy] fulano», así también «nan nan» significa
claramente «yo [soy] yo».
Tres ejemplos importantes de su uso de estas
palabras «nan nan» o «yo [soy] yo» para describir el estado de
auto-conocimiento verdadero, son el verso 20 de Upadesa Undiyar,
el verso 30 de Ulladu Narpadu y el verso 2 de Anma-Viddai,
en los cuales él dice:
En el lugar [el núcleo de
nuestro ser] donde «yo» [la mente o sí mismo individual] se sumerge [o deviene
uno], el único [conocimiento verdadero] aparece [o brilla] espontáneamente [o
como nosotros] como «yo [soy] yo». Eso mismo [o eso, que es nosotros] es el todo
[la totalidad o plenitud infinita de ser, consciencia y felicidad].
Cuando [la] mente alcanza
[el] corazón [el núcleo del ser] escudriñando internamente «¿quién soy yo?» [y]
cuando ella [la mente] que es «yo» [el ego o sí mismo individual] es [con ello]
sometida [literalmente, «cuando ella sufre humillación», es decir, cuando se
sumerge, inclinando su cabeza avergonzada], el único [conocimiento verdadero]
aparece [o brilla] espontáneamente [o como nosotros] como «yo [soy] yo». Aunque
aparece, no es «yo « [nuestro sí mismo individual]. Es el porul total [la
esencia, sustancia o realidad infinita], el porul que es [nuestro] sí
mismo [real].
Puesto que el pensamiento
«este cuerpo compuesto de carne es yo» es el único hilo al cual [todos los]
diversos pensamientos están atados, si [nosotros] vamos adentro [de nosotros
escudriñando] «¿quién soy yo? ¿cuál es el lugar [la fuente de la que este
pensamiento fundamental «yo soy este cuerpo» surge]?», [todos] los pensamientos
desaparecen, dentro de la caverna [el núcleo de nuestro ser] el
auto-conocimiento brilla espontáneamente [o como nosotros] como «yo [soy] yo».
Solo esto es silencio [el estado de mero ser silente o inmóvil], el único
espacio [no-dual] [de consciencia infinita], la única morada de [verdadera]
felicidad [ilimitada].
Aunque Sri Ramana describe esta experiencia de
auto-conocimiento verdadero como «apareciendo» o «brillando» espontáneamente
como «yo [soy] yo», de hecho no aparece como si fuera nueva, debido a que es el
todo eterno e infinito, la plenitud de ser y consciencia que experimentamos
siempre como «yo soy».
Sin embargo, debido a que nos imaginamos ser la
mente o consciencia individual, la claridad natural de la auto-consciencia
no-dual o auto-conocimiento verdadero, ahora parece estar oscurecida. Por lo
tanto, cuando escudriñemos la consciencia básica «yo soy», que es la esencia de
lo que ahora sentimos como la mente, y cuando con ello la mente deje de existir
como una consciencia individual separada, al encontrarse que no es otra que la
consciencia esencial «yo soy», experimentaremos esta consciencia natural libre
de mente «yo soy» como si fuera un conocimiento nuevo y fresco.
Sin embargo, la novedad y frescura de este
auto-conocimiento, será experimentada como tal, solo en el preciso momento en
que la mente se desvanezca. Lo que permanecerá después, es el conocimiento claro
de que somos y hemos sido siempre solo esta consciencia simple de nuestro ser,
«yo soy», que es la realidad única, sola, eterna e infinita. Por lo tanto, en el
verso 30 de Ulladu Narpadu, después de decir que aparecerá o
brillará espontáneamente como «yo soy yo», Sri Ramana añade:
…
Aunque aparece [o
brilla], no es «yo» [nuestro sí mismo individual, que aparece y desaparece]. Es
la esencia [sustancia o realidad] total [eternamente existente], la esencia que
es [nuestro] sí mismo [real].
Debido a que ahora nos experimentamos como una
consciencia individual limitada que se toma a sí misma erróneamente por este
cuerpo, el conocimiento de nosotros aparece ahora en la forma «yo soy esto».
Cuando este conocimiento falso e ilusorio sea destruido por la claridad del
auto-conocimiento verdadero, dejaremos de sentir «yo soy esto» y en lugar de
ello sentiremos solo «yo soy yo».
Sin embargo, tan pronto como aparezca esta
experiencia fresca «yo soy yo», la reconoceremos como nuestro estado de ser
eterno y natural, que experimentamos siempre como «yo soy», y así ya no
sentiremos más que sea nueva o fresca en el sentido en que previamente estaba
ausente, sino que en lugar de ello la experimentaremos como el todo infinito,
que trasciende la dimensión imaginaria del tiempo y que es por lo tanto
eternamente nuevo y fresco.
Para enfatizar el hecho de que este «todo» o
totalidad de ser infinito, que es la claridad absoluta del auto-conocimiento o
auto-consciencia verdadero que brilla como «yo [soy] yo, no es algo que aparece
y desaparece, incluso si momentáneamente parece ser como si fuera nuevo en el
preciso instante en que la mente es disuelta en y enteramente consumida por
ello, después de decir en el verso 20 de Upadesa Undiyar que aparece
espontáneamente como «yo [soy] yo» cuando la mente o ego, el sentido individual
finito de «yo», se sumerge y deviene uno con ello, en el verso 21 Sri Ramana
afirma que, puesto que es experimentado siempre como nuestro ser esencial, es
eterno:
Ese [único todo infinito que
brilla así como «yo soy yo»] es en todos los tiempos [en el pasado, presente y
futuro, y en toda la eternidad] el sentido [verdadero] de la palabra «yo»,
debido a la ausencia de nuestra no-existencia incluso en el sueño profundo, que
es exento de [todo sentido separado o finito de] «yo».
Las palabras de apertura de este verso son
nan enum sol-porul, que he traducido como «el sentido de la palabra yo». Sin
embargo, aunque he traducido la palabra porul como «sentido», de hecho no
hay ninguna palabra adecuada en inglés para transmitir su significado pleno,
particularmente como es usada en este contexto. Cuando está combinada con la
palabra sol, que significa «palabra», para formar la palabra compuesta
sorporul, como lo está aquí, normalmente significaría solo el «sentido» o
«significado» verdadero de cualquier palabra a la que se refiera. Sin embargo,
cuando es usada en filosofía, porul tiene una significación mucho más
profunda, debido a que denota la realidad absoluta, la sustancia verdadera o ser
esencial de todo lo que es. Por lo tanto, en este contexto nan enum sol-porul
significa la realidad absoluta o ser esencial, que es denotado por la palabra
«yo».
Es decir, aunque debido al conocimiento confuso,
usamos frecuentemente esta palabra «yo» para denotar el cuerpo o mente, lo que
de hecho sentimos cuando decimos «yo» es la auto-consciencia esencial —la
consciencia fundamental de ser. Debido a que somos conscientes de ser, sentimos
«yo soy», pero debido a que confundimos ser con este cuerpo y mente,
malaplicamos esta palabra «yo» usándola con referencia a esos adjuntos extraños.
Cuando confundimos así la consciencia de ser con
un cuerpo, la consciencia mezclada resultante que siente «yo soy este cuerpo» es
la forma de consciencia limitada y distorsionada que llamamos «mente». Esta
mente o consciencia limitada por los adjuntos, es el «yo» finito, el sí mismo
individual o ego.
Aunque experimentamos esta mente en la vigilia y
el sueño con sueños, ella desaparece en el sueño profundo. Sin embargo, aunque
esta mente o «yo» individual está ausente en el sueño profundo, no sentimos que
dejemos de existir en ese tiempo. Por lo tanto, en la segunda mitad de este
verso, Sri Ramana dice, «…debido a la ausencia de la no-existencia incluso en el
sueño profundo, que es exento de “yo”».
Aquí las palabras «debido a la ausencia de la
no-existencia» son una forma poética de decir «debido a que no somos
no-existentes». Es decir, aunque la mente deviene no-existente en el sueño
profundo, continuamos existiendo y conociendo la existencia como «yo soy», y,
por consiguiente, la mente no es nuestro «yo» real sino solo una impostora, una
aparición o fantasma que posa como «yo». Nuestro «yo» real solo puede ser eso
que somos en todos los tiempos y en todos los estados.
Debido a que sabemos «he dormido», reconocemos y
admitimos claramente nuestra existencia o ser continuado en el sueño profundo,
aunque en ese tiempo no nos sentíamos ser esta mente limitada o «yo» limitado
por los adjuntos que tomamos erróneamente por nosotros en la vigilia y el sueño
con sueños. Por lo tanto, puesto que continuamos existiendo incluso en la
ausencia de este «yo» falso, él no puede ser el sentido verdadero de la palabra
«yo».
Es decir, puesto que la palabra «yo» nos denota
a nosotros, su sentido verdadero debe ser eso que somos en todos los tiempos, y
no eso que parecemos ser solo en ciertos tiempos. Por consiguiente, el sentido
verdadero de la palabra «yo» —la realidad que es denotada por ella
verdaderamente— solo puede ser la consciencia siempre-presente de nuestro ser
esencial, que experimentamos siempre como «yo soy», incluso en el sueño
profundo.
Puesto que nuestro ser esencial permanece
eternamente distinto de e intocado por ningún adjunto o upadhi que pueda
parecer estar sobreimpuesto en él, no siente nunca «yo soy esto» o «yo soy eso»,
sino que es siempre claramente consciente de sí mismo solo como «yo soy» o «yo
soy yo». Puesto que este «yo soy» no deviene no-existente ni siquiera en el
sueño profundo, cuando nuestro «yo» falso limitado por los adjuntos deja de
existir, él es en todos los tiempos y en todos los estados nuestro ser verdadero
—el sentido real de la palabra «yo».
Por lo tanto, puesto que no está limitada de
ninguna manera por ningún adjunto finito, ni por ninguna dimensión finita tal
como el tiempo o el espacio, la consciencia de ser esencial, que experimentamos
siempre como «yo soy», es eterna e infinita. Puesto que no está limitada como
«esto» o «eso», no está separada de nada. Puesto que la experimentamos siempre
como la base de todo nuestro conocimiento de todo, ella es de hecho la esencia
verdadera de todas las cosas. Puesto que solo ella perdura a través y más allá
de todos los tiempos, mientras que todas las otras formas de conocimiento
aparecen y desaparecen dentro del tiempo, ella es el único conocimiento que es
absolutamente verdadero.
Todas las otras formas de conocimiento aparecen
y desaparecen debido a que son conocidas solo por la mente, que ella misma
aparece y desaparece. Puesto que ella solo aparece en la vigilia y el sueño con
sueños, y desaparece en el sueño profundo, la mente no puede ser nuestro sí
mismo real —el sentido verdadero de la palabra «yo». Por lo tanto, en el verso
717 de Guru Vachaka Kovai Sri Ramana dice:
Puesto que el cuerpo-alma
mismo [el alma encarnada, la consciencia finita que se imagina a sí misma como
un cuerpo] aparece y desaparece, [no puede ser la realidad perdurable denotada
por la palabra «yo», y, por consiguiente] solo atma [nuestro sí mismo
real], que es la base permanente del cuerpo-alma, es el porul [sentido,
significación o realidad] correcto [directo u honesto] de la palabra que [cada
alma incorporada] dice como «yo». Sabe que cuando [nosotros] escudriñamos,
[descubrimos que solo nuestro atma o auto-consciencia fundamental] es el
porul conclusivo [la realidad última denotada por la palabra «yo»].
La realidad básica que subyace a la aparición y
desaparición imaginaria de la mente limitada por el cuerpo, es solo nuestro ser
esencial auto-consciente, que experimentamos siempre como «yo soy». Aunque todo
lo demás aparece y desaparece, la auto-consciencia básica no aparece ni
desaparece, debido a que perdura en todos los estados y en todos los tiempos, y,
por consiguiente, solo ella es la realidad que es denotada verdaderamente cuando
decimos la palabra «yo».
Debido a que Sri Ramana usaba a menudo la
terminología del vedanta advaita, haciendo libre uso de muchos de sus
términos modélicos tales como sat-chit-ananda o
ser-consciencia-felicidad, su filosofía es considerada generalmente una
expresión fresca de esa filosofía antigua. Sin embargo, él no llegó a su
filosofía estudiando ninguno de los textos filosóficos del vedanta advaita,
sino que llegó a ella antes de que hubiera tenido ninguna oportunidad de devenir
familiarizado con esos textos.
Su filosofía era una expresión de su propia
experiencia directa de auto-conocimiento verdadero, que obtuvo a la edad de
dieciséis años cuando, impulsado por un repentino e intenso miedo de la muerte,
volvió su atención hacia dentro y la focalizó aguda y exclusivamente en su
consciencia de ser, «yo soy», para descubrir si su «yo» moriría o no cuando
muriera su cuerpo. Como resultado de este auto-escrutinio agudamente focalizado,
él descubrió que él no era el cuerpo perecedero, sino solo la realidad
imperecedera, que es ser-consciencia-felicidad sin-comienzo, sin-fin e
ininterrumpido. Solo mucho después, cuando las gentes le hacían preguntas para
aclarar sus dudas sobre lo que habían leído en los textos del vedanta advaita,
él tuvo la ocasión de leer tales textos, y cuando lo hizo, reconoció que estaban
describiendo su propia experiencia.
El vedanta advaita es un antiguo
sistema de filosofía indio, y su nombre significa etimológicamente la filosofía
de la «no-dualidad» (advaita) o «no dos-dad» (a-dvi-ta), que es el
«fin» (anta) de todo «conocimiento» (veda), o la conclusión última
de los Vedas. Aunque la mayor parte del conocimiento expresado en los cuatro
Vedas concierne solo a la dualidad, en sus porciones más tardías cada uno de los
Vedas da finalmente alguna expresión del conocimiento de la no-dualidad. Donde
todo el conocimiento de la dualidad (dvaita) expresado en los Vedas llega
a su fin (anta), ahí permanece el conocimiento de la no-dualidad (advaita).
Es decir, el verdadero conocimiento no-dual, «yo
soy», que permanece solo cuando todo conocimiento dualista —que es la
preocupación central no solo de los Vedas sino también de la mayoría de las
demás escrituras, filosofías y ciencias— ha llegado finalmente a su fin, es el
conocimiento de la no-dualidad o advaita expresado en el vedanta.
En verdad, por lo tanto, el vedanta
advaita no es una filosofía que sea exclusiva a la tradición védica de la
India, sino que es la «filosofía perenne» que sustenta todas las formas
verdaderas de misticismo, metafísica y filosofía radicalmente profundas. Es
decir, aunque en el contexto de la tradición védica, la filosofía de la
no-dualidad es llamada vedanta advaita, la filosofía esencial de la
no-dualidad que es llamada así, puede encontrarse expresada en otras palabras en
muchas otras tradiciones místicas y filosóficas por todo el mundo. Sin embargo,
al discutir la filosofía del conocimiento no-dual verdadero, a menudo es útil
referirse específicamente al vedanta advaita, debido a que en la
tradición post-védica conocida como vedanta, a esta filosofía se le ha
dado una expresión particularmente clara.
Por lo tanto, cuando se dice que la filosofía de
Sri Ramana es una expresión moderna de la antigua filosofía del vedanta
advaita, esto no significa que su filosofía se derive del vedanta advaita,
ni que sea relevante solo en el contexto de la religión y la cultura védica
conocida como hinduismo. Su filosofía expresa una verdad que está más allá de
todas las diferencias religiosas y culturales, y que puede encontrarse expresada
en una forma u otra en la mayor parte de las principales religiones y culturas
de este mundo.
Todos los versos filosóficos y otros escritos de
Sri Ramana que cito en este libro, expresan la experiencia de un ser que está en
un estado de consciencia que es completamente diferente al estado de consciencia
limitado por el cuerpo con el que todos estamos familiarizados. Puesto que él
está hablando sobre un estado de conocimiento no-dual absoluto del que
personalmente no tenemos ninguna experiencia (o más bien, del que nuestra
experiencia ha sido aparentemente obscurecida, y del que por lo tanto imaginamos
que no tenemos ninguna experiencia), ¿hay alguna razón por la que debamos creer
todo lo que él dice, o al menos aceptarlo provisionalmente?
Sri Ramana no nos pide que creamos nada
ciegamente. Él comienza su exposición de la filosofía de la no-dualidad
pidiéndonos que analicemos críticamente nuestra experiencia en los tres estados
de consciencia, a saber, vigilia, sueño con sueños y sueño profundo, que todos
experimentamos cada día. Todo el resto de su exposición de esta filosofía se
sigue lógicamente de las conclusiones a las que llegamos por medio de este
análisis crítico.
Nada de lo que él dice es irrazonable, ni está
basado en premisas infundadas. Por lo tanto, aunque al presente no podamos ser
capaces de verificar inmediatamente por nuestra experiencia todo lo que él dice
sobre la realidad absoluta, que es el estado de conocimiento verdadero, no
podemos refutarlo razonablemente, y, por consiguiente, no hay ninguna razón por
la que no debamos aceptarlo al menos provisionalmente.
Además, cuando él hablaba sobre el estado de
conocimiento absoluto verdadero, él no lo hacía con la intención de que debamos
meramente creer sus palabras. Creer algo que no sabemos con certeza, es de poca
utilidad para nosotros si no nos ayuda a obtener conocimiento cierto de ello.
Por lo tanto, Sri Ramana no solo nos dijo la naturaleza de la realidad absoluta,
que es ser-consciencia perfectamente no-dual o auto-conocimiento verdadero, sino
que también nos dijo el medio por el que podíamos obtener experiencia directa de
esa realidad.
El medio que él enseñó encaja lógicamente dentro
de toda la filosofía de la no-dualidad que él expuso. Puesto que el análisis
crítico de nuestra experiencia en los tres estados de consciencia nos lleva a
comprender que la auto-consciencia esencial «yo soy» es la única realidad que
subyace a la apariencia de estos tres estados, al ser la única cosa que
experimentamos continuamente a lo largo de todos ellos, es razonable concluir
que, antes de tratar de conocer cualquier otra cosa, primero debemos tratar de
conocer la naturaleza verdadera de esta consciencia fundamental «yo soy».
Puesto que no podemos conocer algo sin prestarle
atención, la única manera de que podamos conocer la naturaleza verdadera de esta
consciencia, es escudriñarla con una atención agudamente focalizada. Este método
simple y sin embargo profundo de auto-investigación, auto-escrutinio o
auto-atención, es por lo tanto con completa lógica el único medio por el que
podemos descubrir la verdadera naturaleza de la realidad que subyace a todas las
diversas formas de conocimiento que experimentamos ahora.
Así pues, la filosofía del verdadero
conocimiento no-dual expuesta por Sri Ramana, no es solo una filosofía bien
razonada, sino también una ciencia práctica y precisa. Debido a que comienza con
un análisis minucioso de la consciencia, que es la base de todo nuestro
conocimiento, y que con ello construye para sí misma un fundamento de teoría
cuidadosamente pensada y claramente razonada, la búsqueda del conocimiento o
auto-descubrimiento verdadero que Sri Ramana nos apremia a emprender, es una
filosofía en el sentido más profundo y verdadero de esa palabra. Y debido a que
desde esa teoría ella nos lleva naturalmente a la práctica de la simple técnica
empírica de volver nuestro poder de atención —el poder de conocer o consciencia—
sobre sí mismo, hacia la consciencia básica «yo soy», para descubrir qué es
realmente este «yo», esta búsqueda del auto-conocimiento verdadero es también
una ciencia verdadera. Así pues, es una filosofía-ciencia completa, una
filosofía-ciencia en la que tanto la teoría como la práctica son partes
necesarias e inseparables del todo.
La teoría de esta ciencia del auto-conocimiento
es necesaria para ponernos en marcha, para guiarnos y motivarnos en su práctica.
Pero si no comenzamos nunca la práctica, o si no la seguimos hasta su
conclusión, toda la teoría es de poca utilidad para nosotros. La teoría por sí
misma no puede darnos nunca el conocimiento verdadero, sino solo una comprensión
intelectual de él. Tal comprensión intelectual es meramente un conocimiento
superficial y dualista, un conocimiento en el que lo que es conocido es distinto
de la persona que lo conoce.
Ninguna comprensión intelectual puede ser nunca
el conocimiento verdadero, debido a que nuestro intelecto es meramente una
función de la mente, la consciencia limitada sujeta a los adjuntos, que es la
raíz de todo el conocimiento erróneo, al ser ella misma un conocimiento erróneo
que surge solo cuando nos tomamos erróneamente por un cuerpo físico. Por lo
tanto, una comprensión teórica de esta filosofía y ciencia es útil solo en la
medida en que nos motiva a buscar la experiencia directa del verdadero
auto-conocimiento no-dual, y nos capacita para comprender claramente el medio
por el que podemos obtener tal experiencia directa.
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