|
Antes de concluir este capítulo, en el que hemos tratado de
encontrar una respuesta teórica satisfactoria a la pregunta crucial «¿Quién soy
yo?», merece la pena narrar un evento importante en la vida temprana de Sri
Ramana. La primera persona que le hizo preguntas verdaderamente pertinentes y
útiles, fue un humilde y desapercibido devoto llamado Sri Sivaprakasam Pillai,
que llegó por primera vez a él en 1901, cuando Sri Ramana tenía solo veintiún
años. La primera pregunta que Sri Sivaprakasam Pillai le hizo fue «¿Quién soy
yo?», a lo que él simplemente contestó, «Solo el conocimiento [o la consciencia]
es yo».
Las palabras tamiles habladas por Sri Sivaprakasam Pillai
fueron «nan yar?», que significa literalmente «¿yo [soy] quién?», y las
palabras que Sri Ramana, que rara vez hablaba en aquellos primeros tiempos,
escribió en respuesta con su dedo en el suelo arenoso, fueron «arive nan».
La palabra tamil arivu significa «conocimiento» en el sentido más amplio,
y, por lo tanto, es usada para denotar muchas formas diferentes de conocimiento,
incluyendo consciencia, sabiduría, inteligencia, aprendizaje, sentido de
percepción, cualquier cosa que es conocida, e incluso atma, nuestro sí
mismo real, que es nuestro conocimiento fundamental «yo soy». En este contexto,
sin embargo, significa solo nuestro conocimiento fundamental «yo soy» —nuestra
consciencia esencial de nuestro propio ser. La letra e que él añadió a
arivu es un sufijo que se usa comúnmente en tamil para dar énfasis a una
palabra, transmitiendo el sentido «ello mismo», «solamente», o «en verdad», y la
palabra nan quiere decir «yo».
En estas dos simples palabras, «arive nan», Sri
Ramana resumió la esencia de su experiencia del auto-conocimiento verdadero, que
es la base de toda la filosofía y ciencia que él enseñó. Lo que él quería decir
con estas simples palabras es que nuestra naturaleza verdadera y esencial es
solo nuestro conocimiento o consciencia fundamental «yo soy», que es la
conclusión a la que tenemos que llegar si analizamos críticamente nuestra
experiencia en los tres estados de consciencia ordinarios, como hemos hecho en
este capítulo.
La siguiente pregunta que Sri Sivaprakasam Pillai le hizo
fue «¿Cuál es la naturaleza de [tal] conocimiento», a lo que él respondió «La
naturaleza del conocimiento es sat-chit-ananda» o más probablemente solo
«sat-chit-ananda». La palabra compuesta sat-chit-ananda, que está
de hecho fusionada en una sola palabra, transcrita correctamente como
saccidananda, es un término filosófico bien conocido, de origen sánscrito,
pero que es ampliamente comprendido y frecuentemente usado en tamil y en todas
las demás lenguas indias. Es un término usado para describir la naturaleza de la
realidad absoluta, y aunque está compuesto de tres palabras, no trata de dar a
entender que la realidad absoluta está compuesta de tres elementos distintos,
sino solo que la simple naturaleza no-dual de la única realidad absoluta puede
ser descrita de tres maneras diferentes.
La palabra sat significa básicamente «ser» o
«existir», pero por extensión significa también «eso que realmente es»,
«realidad», «verdad», «existencia», «esencia», «real», «verdadero», «bueno»,
«correcto», o «eso que es real, verdadero, bueno o correcto». La palabra chit
significa «consciencia», de una raíz verbal que significa «conocer», «ser
consciente de», «percibir», «observar», «prestar atención a» o «estar atento». Y
la palabra ananda significa «felicidad», «gozo» o «dicha». Así
saccidananda o como es deletreado más comúnmente en la escritura romana,
sat-chit-ananda, significa «ser-consciencia-felicidad», es decir, ser que es
a la vez consciencia y felicidad, o consciencia que es a la vez ser y felicidad,
o felicidad que es a la vez ser y consciencia.
Ser verdadero y consciencia verdadera no son dos cosas
diferentes. Si la consciencia no fuera la naturaleza esencial del ser, el ser
tendría que depender de alguna consciencia otra que sí mismo para ser conocido,
y, por consiguiente, no sería ser absoluto, sino solo ser relativo —ser que
existiría solo bajo el punto de vista de alguna otra consciencia existente.
Si postulamos que hay un ser absoluto que no es consciente
de su propia existencia, y que existe incluso aunque no sea conocido por sí
mismo ni por ninguna consciencia otra que sí mismo, tal ser sería una mera
suposición o imaginación —un ser que existe solo en nuestra propia mente— y, por
consiguiente, no sería un ser real. Nosotros no tenemos ninguna razón válida
para suponer que algún ser desconocido tal exista. El término «ser» o
«existencia» tiene un significado válido solo si se aplica a algo que se sabe
que existe, y no si se aplica a algo cuya existencia es meramente imaginaria.
Por lo tanto, el ser verdadero y absoluto debe ser siempre consciente de su
propio ser, y, por consiguiente, la consciencia debe ser su naturaleza misma.
Similarmente, la naturaleza misma de la consciencia debe
ser «ser», debido a que si ser no fuera la naturaleza esencial de la
consciencia, la consciencia no sería —no existiría. Una consciencia
no-existente, una consciencia que no es, no tendría absolutamente ninguna
realidad. No sería nada, y, por consiguiente, no sería consciente. Ser
consciente significa ser, lo mismo que ser verdaderamente significa ser
consciente —conocer que «yo soy».
Ser verdadero y absoluto, el ser que existe
incondicionalmente e independiente de cualquier otra cosa, debe ser «ser
auto-consciente», ser que conoce «yo soy». Aunque no conoce ninguna otra cosa,
debido a que no hay nada otro que él para conocer-lo, debe conocerse siempre a
sí mismo. Por lo tanto, la consciencia que conoce su propio ser como «yo soy» es
el único ser verdadero, independiente, incondicional y absoluto. Cualquier otro
ser, cualquier ser que no se conozca a sí mismo como «yo soy», es meramente una
ficción de nuestra imaginación.
Puesto que en su naturaleza esencial el ser o la
consciencia no tiene forma, es exento de límites, e incluye todo dentro de sí
mismo. Puesto que puede decirse que una cosa es una cosa solo si ella es, no
existe nada separado de u otro que el ser. Por lo tanto, todo lo que existe es
en su naturaleza esencial solo ser.
Aunque puede decirse que una cosa es solo si se conoce que
ella es, la mayoría de las cosas de hecho no conocen su propio ser. Una cosa que
no conoce que ella es, y que es conocida solo por alguna consciencia que es
aparentemente otra que ella misma, no existe independiente o absolutamente. Su
existencia aparente como una «cosa» es solo relativa. Por lo tanto, no es real
como la «cosa» que parece ser, sino solo como el mero «ser» que es su esencia.
La única «cosa» que es real como tal es la consciencia,
debido a que solo la consciencia conoce su propio ser. Por lo tanto, puesto que
el ser es la naturaleza esencial de todo, y puesto que el ser es siempre
consciente de su propio ser, todo lo que no conoce «yo soy» es una mera
imaginación —una ilusión, una aparición que, aunque irreal como la cosa que
parece ser, no obstante es real en su naturaleza esencial como mero ser.
Aunque el ser no tiene forma suya propia, es la esencia
indefinible de todas las formas. Siendo esencialmente sin-forma, el ser es
exento de todas las formas de limitación, y, por consiguiente, es infinito.
Puesto que lo infinito incluye todas las cosas dentro de sí mismo, es
esencialmente único y no-dual. No puede haber más que una realidad infinita,
debido a que si las hubiera, ninguna de esas «realidades infinitas» sería de
hecho infinita. Por lo tanto, el ser es el todo infinito no-dual —la totalidad
de todo lo que es.
No obstante, aunque el ser es infinito y no-dual en sí
mismo, sin embargo incluye dentro de sí mismo todo lo que es finito y dual.
Aunque la dualidad parece existir en el ser, no es la naturaleza esencial del
ser, sino una mera ilusión. Es una forma ilusoria del ser, una imaginación que
aparece y desaparece en el ser, aunque no afecta en lo más mínimo a la
naturaleza esencial, sin forma, infinita y no-dual del ser. Sin embargo, aunque
es una imaginación ilusoria, la dualidad no podría parecer existir sin el
soporte subyacente del ser esencial, infinito y no-dual.
Lo mismo que el ser es no-dual, así también la consciencia
del ser es no-dual, debido a que ella conoce solo su propio ser y nada más. La
consciencia que parece conocer cosas que imagina ser otras que ella misma, no es
la consciencia infinita, absoluta y por lo tanto real, sino solo una forma de
consciencia finita, relativa y por lo tanto irreal.
Lo mismo que cualquier forma del ser finita, relativa o
dual no es la naturaleza verdadera y esencial del ser, así también cualquier
forma de consciencia finita, relativa o dual no es la naturaleza verdadera y
esencial de la consciencia. Por lo tanto, la palabra compuesta sat-chit
denota solo el ser-consciencia real y esencial, que es completamente
incondicional, independiente, no-dual, infinito y absoluto.
Lo mismo que la realidad esencial, absoluta e infinita es
tanto el ser como la consciencia de ser, así es también la felicidad o dicha
perfecta. La infelicidad no es una condición natural, como tampoco son naturales
la no-existencia o la inconsciencia. La no-existencia, la inconsciencia y la
infelicidad no son de ninguna manera absolutas, sino meramente condiciones
relativas que parecen surgir solo cuando nosotros nos tomamos erróneamente por
la forma finita de un cuerpo físico.
En el sueño profundo, cuando no nos tomamos erróneamente
por un cuerpo ni por ninguna otra cosa finita, nosotros existimos felizmente
conociendo solo nuestro propio ser. Nuestro ser, nuestra consciencia de ser, y
la felicidad que gozamos cuando somos conscientes solo de nuestro ser, son por
lo tanto, nuestra naturaleza esencial. Cuando todo lo demás es quitado de
nosotros, lo que permanece es solo nuestra naturaleza esencial, y eso es nuestra
consciencia perfectamente apacible y feliz de nuestro propio ser, «yo soy». La
infelicidad es una condición innatural y por lo tanto irreal que parece surgir
solo cuando por nuestro poder de imaginación sobreimponemos algún otro
conocimiento sobre nuestro conocimiento fundamental y esencial «yo soy».
Por consiguiente, como Sri Ramana declaraba en la respuesta
a la segunda pregunta de Sri Sivaprakasam Pillai, la naturaleza de nuestro
conocimiento fundamental «yo soy» es sat-chit-ananda o
«ser-consciencia-felicidad». Esto no significa que nuestra naturaleza verdadera,
que nosotros experimentamos siempre como «yo soy», sea alguna forma de ser,
consciencia o felicidad relativa o finita, sino solo que es
ser-consciencia-felicidad absoluto, infinito, eterno, inmutable, indiviso y
no-dual, como Sri Ramana declara explícitamente en el verso 28 de Upadesa
Undiyar y en el verso 18 de Upadesa Tanippakkal:
Si conocemos qué es nuestra naturaleza [real], entonces
[descubrimos que es] sat-chit-ananda [ser-consciencia-felicidad]
sin-comienzo, sin-fin [e] indiviso.
Si conocemos nuestra forma real en [nuestro] corazón [en el
núcleo o profundidad más íntimo de nuestro ser], [descubrimos que es]
ser-consciencia-felicidad, que es plenitud [totalidad, completud o perfección
infinita] sin comienzo [ni] fin.
Aunque estos dos versos expresan la verdad efectiva
experimentada por Sri Ramana y todos los demás sabios reales, la idea de que
nosotros mismos somos la realidad infinita y absoluta, puede parecernos a muchos
de nosotros fantástica y artificiosa. Aunque al analizar críticamente nuestra
experiencia de nosotros mismos en los tres estados de consciencia ordinarios,
como hemos hecho anteriormente en este capítulo, podemos haber sido convencidos
de que en esencia nosotros somos solo nuestra consciencia fundamental de ser,
«yo soy», todavía podemos encontrar difícil comprender el hecho de que nuestra
consciencia fundamental o conocimiento «yo soy», que es nuestro sí mismo real,
es en verdad la realidad infinita y absoluta. Por consiguiente, examinemos esta
idea más detalladamente, para verificar si tenemos o no alguna base razonable
para creer que eso es la verdad.
Debido a que los sabios experimentan esta verdad como su
propia naturaleza real, ellos no necesitan ningún análisis filosófico ni
argumento teórico para convencerlos de que eso es la verdad, pero para aquellos
de nosotros que nos tomamos erróneamente por un individuo finito, es necesaria
una clara comprensión de la racionalidad de esta idea, para convencernos de que
es la verdad, y de que es la única y sola experiencia que es verdaderamente
digna de que hagamos un esfuerzo para obtenerla. Por consiguiente, veamos qué
bases razonables podemos tener, si las hay, para concluir que en verdad nosotros
somos la realidad infinita y absoluta.
Asumiendo que todos nosotros hemos sido convencidos por
nuestro análisis anterior de que nuestra naturaleza esencial es solo nuestra
auto-consciencia básica —nuestra consciencia fundamental de nuestro propio ser,
«yo soy»— tomemos esa conclusión como nuestro punto de partida. A diferencia de
nuestra mente, nuestra «consciencia que conoce» superficial, que siempre se toma
erróneamente a sí misma por un cuerpo particular, nuestro sí mismo real, nuestra
«consciencia de ser» fundamental, no se toma erróneamente a sí misma por ninguna
cosa particular, y, por consiguiente, no tiene forma o dimensión particular. Por
lo tanto, mientras nuestra mente se ha limitado a sí misma dentro de las
dimensiones del tiempo y el espacio identificándose con un cuerpo finito,
nuestra consciencia de ser real no está limitada de ninguna manera.
En el sueño profundo, cuando dejamos de tomarnos
erróneamente por un cuerpo finito, no sentimos que existimos en ningún tiempo o
lugar particular, sino que sentimos solo «yo soy». Los límites del tiempo y el
espacio son ideas que surgen solo cuando nos imaginamos ser un cuerpo particular
en la vigilia o en el sueño con sueños.
Incluso ahora, en este estado de vigilia, si tratamos de
ignorar por un momento nuestro cuerpo y mente y ser solo conscientes de nuestro
propio ser, «yo soy», estaremos en disposición de reconocer que nuestra
consciencia «yo soy» no es algo que está limitado dentro de las fronteras de
nuestro cuerpo físico. Ella solo es, y no es algo que pueda ser localizado en
ningún punto particular en el tiempo o el espacio.
Incluso cuando nos identificamos con un cuerpo y por lo
tanto nos sentimos estar localizados en un punto particular en el tiempo y el
espacio, nosotros sabemos siempre «yo soy». Nuestra consciencia o conocimiento
«yo soy» no es por lo tanto afectado por ningún cambio en el tiempo y el
espacio. Existe incondicionalmente, y puesto que existe en nuestros tres estados
de consciencia, existe independiente de cualquier cuerpo, y por lo tanto
independiente del tiempo y el espacio.
Lo mismo que el tiempo y el espacio que percibimos en un
sueño son ambos ideas que existen solo en nuestra propia mente, así también el
tiempo y el espacio que percibimos en nuestro estado de vigilia presente son
ambos igualmente ideas que existen solo en nuestra propia mente. Cuando nuestra
mente se sumerge, como en el sueño profundo, el tiempo y el espacio dejan de
existir, o al menos desaparecen y ya no son conocidos por nosotros. Por
consiguiente, puesto que no tenemos ninguna razón para suponer que ellos existan
de alguna manera independientes o separados de la idea o imagen mental que
tenemos de ellos, podemos hipotetizar razonablemente que ambos son meros
pensamientos, un hecho que es confirmado por Sri Ramana y otros sabios. Puesto
que el tiempo y el espacio como nosotros los conocemos surgen solo en nuestra
mente, y puesto que nuestra mente surge solo en nuestro ser-consciencia
fundamental «yo soy», ¿no es razonable que infiramos que nuestro ser-consciencia
trasciende tanto el tiempo como el espacio?
Lo mismo que trasciende el tiempo y el espacio, trasciende
toda otra dimensión imaginable. Solo eso que tiene una forma particular
definible, y que por lo tanto ocupa una extensión distinta y definible en una o
más dimensiones, puede decirse que es limitado o finito. Pero puesto que nuestro
ser-consciencia fundamental y esencial «yo soy» no tiene forma o extensión
definible, no está limitado de ninguna manera, y por lo tanto es infinito.
Puesto que todo lo que conocemos surge en nuestra mente, y puesto que nuestra
mente surge en nuestro ser-consciencia, todas las cosas finitas están contenidas
en nuestro ser-consciencia infinito, «yo soy».
Mientras no nos imaginemos ser un cuerpo ni ningún otro
objeto que parezca aparecer en nuestra consciencia, nosotros somos infinitos.
Nuestro ser y nuestra consciencia de ser son infinitos ambos, o para ser más
precisos, son ambos la única realidad infinita y no-dual. Puesto que nuestro ser
es infinito, nada puede ser separado de él, y, por consiguiente, solo él existe
verdaderamente.
Sin embargo, cuando nos imaginamos ser un cuerpo, otros
objetos innumerables parecen surgir en nuestra consciencia, y nosotros
imaginamos que cada uno de ellos existe verdaderamente. Así pues, por nuestro
poder de imaginación, damos un ser o realidad aparente a muchas cosas, y con
ello nos engañamos a nosotros mismos creyendo que cada cosa tiene su propio ser
independiente y finito.
Sin embargo, en realidad nada tiene un ser separado o
independiente. El ser no es una cosa finita que pueda ser dividida en partes,
sino el único todo infinito y por lo tanto indivisible, otro que el cual nada
puede ser. Puesto que es infinito, incluye todo dentro de sí mismo, y, por
consiguiente, es el único ser esencial de todas y cada una de las cosas. Ninguna
cosa particular es real como la cosa particular que parece ser —como su forma
particular, o como el nombre, descripción o definición particular que nosotros
damos a su forma— sino que es real solo como el ser que esencialmente es. Otro
que el ser, nada es.
|