|
Puesto que en el estado de vigilia nosotros sabemos
claramente no solo que hemos dormido profundamente, sino también que en el sueño
profundo no sabíamos nada, ¿no está claro que el sueño profundo era un estado
que hemos experimentado efectivamente? La «inconsciencia» del sueño profundo —la
ausencia en ese tiempo de todo conocimiento de algo otro que «yo soy»— era
nuestra experiencia propia, algo que nosotros mismos experimentábamos y sabíamos
en ese tiempo.
Podemos emplear otra línea de razonamiento paralelo para
demostrar el hecho de que nosotros éramos conscientes de nuestra existencia en
el sueño profundo. Después de despertar del sueño profundo, ¿no tenemos una
memoria clara de haber dormido profundamente, y de no haber conocido nada
mientras dormíamos? Puesto que nosotros no tenemos ninguna memoria de algo a no
ser que lo hayamos experimentado efectivamente, nuestra memoria de haber dormido
profundamente y de no haber conocido nada mientras dormíamos, es una prueba
clara del hecho de que nosotros nos experimentamos a nosotros mismos al dormir
profundamente y no conocer nada en ese tiempo.
Si no recordáramos verdaderamente nuestra experiencia en el
sueño profundo, no podríamos saber con tal certeza que nosotros éramos
inconscientes de todo en ese tiempo. Lo que sabríamos sobre el sueño profundo no
es el conocimiento positivo de que hemos dormido profundamente y no sabíamos
nada en ese tiempo, sino meramente un conocimiento negativo de que no recordamos
ningún estado tal en absoluto.
En lugar de recordar un intervalo claro entre un período de
vigilia y el siguiente —un intervalo libre de pensamiento en el que éramos
claramente inconscientes de toda otra cosa que nuestro propio ser— nosotros no
recordaríamos ninguna pausa en absoluto entre esos dos períodos de vigilia
consecutivos. En nuestra experiencia, el final de un período de vigilia se
fundiría simplemente sin ninguna ruptura perceptible con el comienzo del
siguiente período de vigilia, y todos nuestros muchos períodos de vigilia
consecutivos, nos parecerían ser un único período de vigilia continuo e
indiviso, lo mismo que las muchas imágenes de una película, cuando se proyectan
en sucesión rápida sobre una pantalla, parecen ser una única imagen móvil
continua e indivisa. Si no hubiera continuidad de nuestra consciencia durante el
sueño profundo, el intervalo que existe entre un período de vigilia y el
siguiente sería imperceptible para nosotros, lo mismo que es imperceptible para
nosotros el intervalo entre cada imagen de la película.
El sueño profundo es así un estado del que tenemos una
experiencia directa y de primera mano. Puesto que no puede haber ninguna
experiencia sin consciencia, el hecho de que experimentemos el sueño profundo,
prueba con claridad que ciertamente tenemos algún nivel de consciencia incluso
en ese estado. Ese nivel de consciencia que experimentamos en el sueño profundo
es nuestro nivel de consciencia más profundo y más fundamental —nuestra simple
consciencia no-dual de nuestro propio ser esencial, que es nuestra verdadera
auto-consciencia «yo soy».
Nosotros estamos tan acostumbrados a asociar la consciencia
solo con nuestra mente, la consciencia que conoce otras cosas que sí misma, que
con respecto al sueño profundo pasamos por alto lo evidente. Pasamos por alto el
hecho de que la «inconsciencia» del sueño profundo es algo que hemos
experimentado nosotros mismos, y que para haber experimentado esa supuesta
«inconsciencia» en el sueño profundo, nosotros mismos debemos haber sido
conscientes.
Por lo tanto, hasta donde posiblemente podamos saber nunca,
no hay ninguna cosa tal como un estado de inconsciencia absoluta. Un estado tal
de inconsciencia absoluta sería un estado que no podría ser conocido o
experimentado nunca. El único tipo de inconsciencia que podemos experimentar y
conocer no es un estado de inconsciencia absoluta, sino meramente un estado de
inconsciencia relativa —un estado en el que la consciencia de la dualidad con la
que estamos familiarizados en los estados de vigilia y sueño con sueños se ha
sumergido, un estado en el que no somos conscientes de nada otro que nuestro
mero ser, nuestra consciencia fundamental no-dual «yo soy».
Si fuéramos realmente inconscientes en el sueño profundo, o
en cualquier otro tiempo, no podríamos ser consciencia, debido a que la
consciencia no puede ser nunca inconsciente. Sin embargo, puesto que somos
conscientes del sueño profundo y de otros estados semejantes de inconsciencia
relativa, nosotros somos la consciencia absoluta que subyace y soporta, aunque
trasciende, todos los estados de consciencia e inconsciencia relativas.
El hecho de que experimentemos la vigilia, el sueño con
sueños y el sueño profundo como tres estados distintos, ¿no prueba claramente
que nosotros existimos y somos conscientes de nuestra existencia en estos tres
estados? Hay así una continuidad de nuestra existencia y nuestra consciencia a
través de nuestros tres estados de vigilia, sueño con sueños y sueño profundo.
Sin embargo, la consciencia de nuestra existencia o mero
ser que continua indivisa en los tres estados, es distinta de la consciencia que
conoce un cuerpo y el mundo en solo dos de ellos, a saber, la vigilia y el sueño
con sueños. Nuestra consciencia simple y fundamental de nuestro propio mero ser,
que continua a todo lo largo de nuestros tres estados, es nuestra pura
consciencia incontaminada «yo soy», mientras que la consciencia que se
identifica con un cuerpo particular, y que conoce un mundo a través de los cinco
sentidos de ese cuerpo, es la consciencia mezclada y contaminada «yo soy este
cuerpo».
Esta consciencia mezclada que se identifica con un cuerpo,
es una forma limitada y distorsionada de nuestra consciencia original y
fundamental «yo soy». Puesto que esta consciencia distorsionada, que nosotros
llamamos nuestra «mente», aparece solo en los estados de vigilia y sueño con
sueños, y desaparece en el sueño profundo, no puede ser nuestra naturaleza real,
nuestro sí mismo verdadero y esencial. Nuestra naturaleza real es solo nuestra
consciencia «yo soy» pura, incontaminada e ilimitada, que subyace y soporta la
apariencia pasajera de nuestros tres estados.
Así pues, de nuestro análisis crítico de nuestra
experiencia en nuestros tres estados de consciencia ordinarios, podemos concluir
que nosotros somos la consciencia subyacente que conoce tanto los estados
conscientes de vigilia y sueño con sueños como el estado aparentemente
inconsciente de sueño profundo. O para ser más precisos, nosotros somos esa
consciencia fundamental que sabe siempre «yo soy», y que en el sueño profundo no
conoce nada sino «yo soy», pero que en la vigilia y sueño con sueños parece
conocer otras cosas además de «yo soy».
Ni la consciencia de cosas otras que «yo» que
experimentamos en la vigilia y en el sueño con sueños, ni la inconsciencia de
otras cosas que experimentamos en el sueño profundo, son nunca capaces de
ocultar completamente nuestra consciencia fundamental «yo soy». Sin embargo,
ellas parecen nublar y oscurecer esta consciencia «yo soy», haciéndonos sentir
en la vigilia y el sueño con sueños «yo soy este cuerpo» y en el sueño profundo
«yo soy inconsciente», y con ello nos privan de nuestro claro conocimiento de
nuestro estado verdadero de mero ser auto-consciente. Por consiguiente, para
conocer claramente la verdadera naturaleza de nuestro ser, debemos usar nuestro
poder de conocimiento para prestar atención a nuestra consciencia fundamental y
esencial «yo soy», penetrando con ello más allá de las apariencias transitorias
tanto de la consciencia objetiva de la vigilia y el sueño con sueños, como de la
inconsciencia aparente del sueño profundo.
Nosotros pensamos normalmente en el sueño profundo como un
estado de inconsciencia debido a que estamos acostumbrados a asociar la
consciencia con el estado de conocer cosas otras que nosotros mismos en la
vigilia y el sueño con sueños. Cuando el conocimiento de otras cosas se sumerge
en el sueño profundo, experimentamos un estado de oscuridad o vacuidad aparente
que tomamos erróneamente como inconsciencia. Hemos devenido tan acostumbrados a
asociar la consciencia con el conocimiento de otras cosas que nuestro propio
ser, que pasamos por alto el hecho de que en el sueño profundo somos claramente
conscientes de nuestro ser. La razón por la que pasamos así por alto nuestra
clara consciencia de nuestro propio ser en el sueño profundo es porque nos hemos
habituado a pasarla por alto en la vigilia y en el sueño con sueños.
Tanto en la vigilia como en el sueño con sueños, usualmente
gastamos todo nuestro tiempo prestando atención solo a los pensamientos y
sentimientos en nuestra mente, y a los objetos y acontecimientos en el mundo
aparentemente externo, y rara vez, si es que ocurre alguna vez, prestamos alguna
atención a nuestro mero ser, nuestra auto-consciencia «yo soy». Debido a que
ignoramos habitualmente nuestra consciencia de nuestro propio ser, creemos
erróneamente que nuestra consciencia dualista —nuestra consciencia que conoce
cosas que son aparentemente otras que nosotros mismos— es la única consciencia
que hay. Puesto que esta consciencia dualista se sumerge en el sueño profundo,
ese estado nos parece ser un estado de inconsciencia.
La consciencia que conoce otras cosas es un fenómeno
transitorio que existe solo en la vigilia y en el sueño con sueños, pero no es
la única forma de consciencia que existe. Incluso en la vigilia y en el sueño
con sueños, existe una forma de consciencia más sutil, que subyace y soporta la
apariencia transitoria de nuestra consciencia dualista. Esta forma de
consciencia más sutil es nuestra consciencia no-dual de nuestro propio ser, la
consciencia por la que cada uno de nosotros sabe «yo soy». Así pues, nuestra
consciencia en la vigilia y en el sueño con sueños tiene dos formas distintas:
nuestra «consciencia ser» fundamental, por la que sabemos «yo soy», y nuestra
«consciencia conocer» superficial, por la que conocemos todo lo demás.
Aunque podemos distinguir así dos formas de nuestra
consciencia, éstas no son dos consciencias diferentes, sino solo dos formas de
una y la misma consciencia —la única y sola consciencia que existe. La relación
entre estas dos formas de consciencia es similar a la relación entre la
apariencia ilusoria de una serpiente y la cuerda que subyace y soporta esa
apariencia ilusoria. Cuando caminamos bajo una luz débil, podemos tomar
erróneamente una cuerda que yace en el suelo por una serpiente. Debido a que
vemos la cuerda como una serpiente, fallamos en ver la cuerda como ella es, y,
por consiguiente, pensamos erróneamente que lo que yace en el suelo es solo una
serpiente. Similarmente, debido a que experimentamos nuestra «consciencia ser»
como una «consciencia conocer», fallamos en conocer nuestra «consciencia ser»
como ella es, y, por consiguiente, pensamos erróneamente que la única forma de
consciencia que existe es nuestra «consciencia conocer».
Lo mismo que la cuerda subyace y soporta la apariencia
ilusoria de la serpiente, así también nuestra «consciencia ser» subyace y
soporta la apariencia transitoria de nuestra «consciencia conocer». Mientras
nuestra «consciencia conocer» es una apariencia transitoria e ilusoria, lo mismo
que la serpiente, nuestra «consciencia ser» no es una apariencia transitoria e
irreal, sino nuestro sí mismo verdadero, nuestro ser esencial, que existe y es
conocido por nosotros en todos los tiempos, en todos los lugares, y en todos los
estados.
Puesto que nuestra «consciencia conocer», que es lo que
comúnmente se llama nuestra «mente», aparece en la vigilia y en el sueño con
sueños pero desaparece en el sueño profundo, es impermanente, y, por
consiguiente, no puede ser nuestro sí mismo real —nuestra forma de ser y
consciencia verdadera y natural. Puesto que nuestra «consciencia ser», por otra
parte, existe en todos nuestros tres estados de consciencia, a saber, vigilia,
sueño con sueños y sueño profundo, es permanente, y, por consiguiente, es
nuestro sí mismo real, el núcleo y esencia mismo de nuestro ser —nuestra forma
de consciencia verdadera y natural.
Puesto que tanto la forma «ser» como la forma «conocer» de
nuestra consciencia son experimentadas por nosotros en el estado de vigilia,
tenemos una posibilidad de prestar atención ya sea a los pensamientos,
sentimientos, objetos y acontecimientos que son conocidos por la forma conocer
de nuestra consciencia, o ya sea al «yo soy» que es conocido por la forma ser de
nuestra consciencia. Cuando prestamos atención a cosas otras que nuestro ser,
devenimos aparentemente nuestra forma falsa de «consciencia conocer», que es
nuestra mente, mientras que cuando prestamos atención solo a nuestro propio ser,
«yo soy», permanecemos como nuestra forma esencial de «consciencia ser» no-dual,
que es nuestro sí mismo real.
La naturaleza de nuestra «consciencia ser» esencial es solo
ser, y no conoce nada otro que sí misma. Puesto que es consciencia, se conoce a
sí misma meramente siendo ella misma. Por lo tanto, su conocimiento de sí misma
no es una acción, un «hacer» de ningún tipo, sino solo ser.
Por lo tanto, para conocer nuestro sí mismo real, todo lo
que necesitamos hacer es solo ser. Lo que aparentemente nos impide conocer
nuestro sí mismo real, nuestra mera «consciencia ser», es nuestro «hacer»,
nuestro surgimiento para conocer cosas que imaginamos que son otras que nosotros
mismos. Mientras que conocernos a nosotros mismos no es un «hacer» sino solo
«ser», conocer otras cosas es un «hacer» o acción. La naturaleza misma de
nuestra «consciencia conocer» o mente es, por lo tanto, estar haciendo
constantemente.
Nuestra «consciencia conocer» viene a la existencia solo
por un acto de imaginación —imaginándose a sí misma ser un cuerpo, que ella crea
por su poder de imaginación. Así pues, ella no es nada sino una forma de
imaginación. Puesto que ella misma es una imaginación, todo lo que conoce es
igualmente una imaginación. Puesto que imaginar es un hacer o acción, la
formación misma de nuestra «consciencia conocer» en nuestra imaginación es un
hacer, y de todos los haceres es el primero.
Puesto que el surgimiento de nuestra «consciencia conocer»
desde el sueño profundo es un hacer o un acto de imaginación, todo a lo que ella
da surgimiento —todo nuestro conocimiento dualista, que surge en la forma de
nuestros pensamientos, algunos de los cuales parecen existir externamente como
nuestro cuerpo y los demás objetos de este mundo— es solo un producto de hacer,
un resultado de nuestros actos de imaginación repetidos. Así pues, desde el
momento en que surge desde el sueño profundo hasta el momento en que se sumerge
de nuevo en el sueño profundo, nuestra mente o «consciencia conocer» está en un
estado de actividad o hacer constante. Sin hacer, sin pensar ni conocer algo
otro que ella misma, nuestra mente no puede permanecer. Tan pronto como deja de
hacer, se sumerge en el sueño profundo, que es un estado de mero ser.
Sin embargo, aunque en el sueño profundo nosotros
permanecemos como nuestra mera «consciencia ser», de alguna manera parecemos
carecer de una perfecta claridad de auto-conocimiento en ese estado. Si nosotros
conociéramos claramente nuestra naturaleza verdadera en el sueño profundo, no
podríamos tomarnos de nuevo erróneamente por un cuerpo ni por ninguna otra cosa
que no somos, y, por consiguiente, no surgiríamos nunca de nuevo como nuestra
«consciencia conocer» o mente.
A todo lo largo de nuestros tres estados de consciencia
normales, nosotros experimentamos nuestra «consciencia ser» como «yo soy», y sin
embargo de alguna manera imaginamos que está oscurecida por una falta de
claridad de auto-conocimiento. Esta falta de claridad de auto-conocimiento
verdadero es solo imaginaria, pero, debido a que en nuestra imaginación parece
ser real, nos hace imaginar que somos una «consciencia conocer» en la vigilia y
el sueño con sueños, y que no nos conocemos claramente a nosotros mismos en el
sueño profundo, cuando esa «consciencia conocer» se ha sumergido temporalmente.
Cómo somos capaces exactamente de sostener esta falta
imaginaria de claridad de auto-conocimiento incluso en el sueño profundo, no
puede ser comprendido por nuestra mente o «consciencia conocer». Sin embargo, si
somos capaces ahora, en nuestro estado de vigilia presente, de escrutinizar
nuestra «consciencia ser» de forma suficientemente aguda, descubriremos que esta
falta imaginaria de claridad de auto-conocimiento nunca ha existido realmente.
Es decir, si retiramos la atención de nuestra «consciencia
conocer» de todas las formas de dualidad y la enfocamos agudamente en nuestra
«consciencia ser» no-dual, que nosotros experimentamos siempre como «yo soy»,
comenzaremos a experimentar nuestra «consciencia ser» más claramente. Cuanto más
claramente la experimentemos, tanto más agudamente seremos capaces de enfocar
nuestra atención en ella. Por lo tanto, practicando constantemente la
auto-atención, finalmente seremos capaces de enfocar nuestra atención tan
agudamente en nuestra «consciencia ser» que la experimentaremos con total y
perfecta claridad. Cuando lleguemos así a experimentar nuestra «consciencia ser»
con perfecta claridad, descubriremos que nunca hemos experimentado realmente
ninguna falta de claridad de auto-conocimiento.
Nuestra «consciencia ser» se conoce siempre a sí misma con
perfecta claridad, y no experimenta nunca ninguna falta de claridad de
auto-conocimiento. Nuestra aparente falta de claridad de auto-conocimiento es
meramente una ilusión, un producto irreal de nuestro poder de imaginación
auto-engañoso, y es experimentada solo por nuestra mente o «consciencia
conocer». Por lo tanto, tan pronto como experimentemos nuestra «consciencia ser»
con perfecta claridad, descubriremos que en realidad nuestra imaginaria falta de
claridad de auto-conocimiento es siempre no-existente, y así la ilusión de ella
será destruida para siempre.
|