AtivarnAshram

Más enseñanzas  | Biblioteca  | Boletín Contactar Enlaces Ignitus Ediciones
Dedicado a Bhagavan Sri Ramana Maharshi

 

Enseñanzas con
Michael James - 4

Puesto que en el estado de vigilia nosotros sabemos claramente no solo que hemos dormido profundamente, sino también que en el sueño profundo no sabíamos nada, ¿no está claro que el sueño profundo era un estado que hemos experimentado efectivamente? La «inconsciencia» del sueño profundo —la ausencia en ese tiempo de todo conocimiento de algo otro que «yo soy»— era nuestra experiencia propia, algo que nosotros mismos experimentábamos y sabíamos en ese tiempo.

 

Podemos emplear otra línea de razonamiento paralelo para demostrar el hecho de que nosotros éramos conscientes de nuestra existencia en el sueño profundo. Después de despertar del sueño profundo, ¿no tenemos una memoria clara de haber dormido profundamente, y de no haber conocido nada mientras dormíamos? Puesto que nosotros no tenemos ninguna memoria de algo a no ser que lo hayamos experimentado efectivamente, nuestra memoria de haber dormido profundamente y de no haber conocido nada mientras dormíamos, es una prueba clara del hecho de que nosotros nos experimentamos a nosotros mismos al dormir profundamente y no conocer nada en ese tiempo.

Si no recordáramos verdaderamente nuestra experiencia en el sueño profundo, no podríamos saber con tal certeza que nosotros éramos inconscientes de todo en ese tiempo. Lo que sabríamos sobre el sueño profundo no es el conocimiento positivo de que hemos dormido profundamente y no sabíamos nada en ese tiempo, sino meramente un conocimiento negativo de que no recordamos ningún estado tal en absoluto.

En lugar de recordar un intervalo claro entre un período de vigilia y el siguiente —un intervalo libre de pensamiento en el que éramos claramente inconscientes de toda otra cosa que nuestro propio ser— nosotros no recordaríamos ninguna pausa en absoluto entre esos dos períodos de vigilia consecutivos. En nuestra experiencia, el final de un período de vigilia se fundiría simplemente sin ninguna ruptura perceptible con el comienzo del siguiente período de vigilia, y todos nuestros muchos períodos de vigilia consecutivos, nos parecerían ser un único período de vigilia continuo e indiviso, lo mismo que las muchas imágenes de una película, cuando se proyectan en sucesión rápida sobre una pantalla, parecen ser una única imagen móvil continua e indivisa. Si no hubiera continuidad de nuestra consciencia durante el sueño profundo, el intervalo que existe entre un período de vigilia y el siguiente sería imperceptible para nosotros, lo mismo que es imperceptible para nosotros el intervalo entre cada imagen de la película.

El sueño profundo es así un estado del que tenemos una experiencia directa y de primera mano. Puesto que no puede haber ninguna experiencia sin consciencia, el hecho de que experimentemos el sueño profundo, prueba con claridad que ciertamente tenemos algún nivel de consciencia incluso en ese estado. Ese nivel de consciencia que experimentamos en el sueño profundo es nuestro nivel de consciencia más profundo y más fundamental —nuestra simple consciencia no-dual de nuestro propio ser esencial, que es nuestra verdadera auto-consciencia «yo soy».

 

Nosotros estamos tan acostumbrados a asociar la consciencia solo con nuestra mente, la consciencia que conoce otras cosas que sí misma, que con respecto al sueño profundo pasamos por alto lo evidente. Pasamos por alto el hecho de que la «inconsciencia» del sueño profundo es algo que hemos experimentado nosotros mismos, y que para haber experimentado esa supuesta «inconsciencia» en el sueño profundo, nosotros mismos debemos haber sido conscientes.

Por lo tanto, hasta donde posiblemente podamos saber nunca, no hay ninguna cosa tal como un estado de inconsciencia absoluta. Un estado tal de inconsciencia absoluta sería un estado que no podría ser conocido o experimentado nunca. El único tipo de inconsciencia que podemos experimentar y conocer no es un estado de inconsciencia absoluta, sino meramente un estado de inconsciencia relativa —un estado en el que la consciencia de la dualidad con la que estamos familiarizados en los estados de vigilia y sueño con sueños se ha sumergido, un estado en el que no somos conscientes de nada otro que nuestro mero ser, nuestra consciencia fundamental no-dual «yo soy».

Si fuéramos realmente inconscientes en el sueño profundo, o en cualquier otro tiempo, no podríamos ser consciencia, debido a que la consciencia no puede ser nunca inconsciente. Sin embargo, puesto que somos conscientes del sueño profundo y de otros estados semejantes de inconsciencia relativa, nosotros somos la consciencia absoluta que subyace y soporta, aunque trasciende, todos los estados de consciencia e inconsciencia relativas.

El hecho de que experimentemos la vigilia, el sueño con sueños y el sueño profundo como tres estados distintos, ¿no prueba claramente que nosotros existimos y somos conscientes de nuestra existencia en estos tres estados? Hay así una continuidad de nuestra existencia y nuestra consciencia a través de nuestros tres estados de vigilia, sueño con sueños y sueño profundo.

Sin embargo, la consciencia de nuestra existencia o mero ser que continua indivisa en los tres estados, es distinta de la consciencia que conoce un cuerpo y el mundo en solo dos de ellos, a saber, la vigilia y el sueño con sueños. Nuestra consciencia simple y fundamental de nuestro propio mero ser, que continua a todo lo largo de nuestros tres estados, es nuestra pura consciencia incontaminada «yo soy», mientras que la consciencia que se identifica con un cuerpo particular, y que conoce un mundo a través de los cinco sentidos de ese cuerpo, es la consciencia mezclada y contaminada «yo soy este cuerpo».

Esta consciencia mezclada que se identifica con un cuerpo, es una forma limitada y distorsionada de nuestra consciencia original y fundamental «yo soy». Puesto que esta consciencia distorsionada, que nosotros llamamos nuestra «mente», aparece solo en los estados de vigilia y sueño con sueños, y desaparece en el sueño profundo, no puede ser nuestra naturaleza real, nuestro sí mismo verdadero y esencial. Nuestra naturaleza real es solo nuestra consciencia «yo soy» pura, incontaminada e ilimitada, que subyace y soporta la apariencia pasajera de nuestros tres estados.

     

Así pues, de nuestro análisis crítico de nuestra experiencia en nuestros tres estados de consciencia ordinarios, podemos concluir que nosotros somos la consciencia subyacente que conoce tanto los estados conscientes de vigilia y sueño con sueños como el estado aparentemente inconsciente de sueño profundo. O para ser más precisos, nosotros somos esa consciencia fundamental que sabe siempre «yo soy», y que en el sueño profundo no conoce nada sino «yo soy», pero que en la vigilia y sueño con sueños parece conocer otras cosas además de «yo soy».

Ni la consciencia de cosas otras que «yo» que experimentamos en la vigilia y en el sueño con sueños, ni la inconsciencia de otras cosas que experimentamos en el sueño profundo, son nunca capaces de ocultar completamente nuestra consciencia fundamental «yo soy». Sin embargo, ellas parecen nublar y oscurecer esta consciencia «yo soy», haciéndonos sentir en la vigilia y el sueño con sueños «yo soy este cuerpo» y en el sueño profundo «yo soy inconsciente», y con ello nos privan de nuestro claro conocimiento de nuestro estado verdadero de mero ser auto-consciente. Por consiguiente, para conocer claramente la verdadera naturaleza de nuestro ser, debemos usar nuestro poder de conocimiento para prestar atención a nuestra consciencia fundamental y esencial «yo soy», penetrando con ello más allá de las apariencias transitorias tanto de la consciencia objetiva de la vigilia y el sueño con sueños, como de la inconsciencia aparente del sueño profundo.

Nosotros pensamos normalmente en el sueño profundo como un estado de inconsciencia debido a que estamos acostumbrados a asociar la consciencia con el estado de conocer cosas otras que nosotros mismos en la vigilia y el sueño con sueños. Cuando el conocimiento de otras cosas se sumerge en el sueño profundo, experimentamos un estado de oscuridad o vacuidad aparente que tomamos erróneamente como inconsciencia. Hemos devenido tan acostumbrados a asociar la consciencia con el conocimiento de otras cosas que nuestro propio ser, que pasamos por alto el hecho de que en el sueño profundo somos claramente conscientes de nuestro ser. La razón por la que pasamos así por alto nuestra clara consciencia de nuestro propio ser en el sueño profundo es porque nos hemos habituado a pasarla por alto en la vigilia y en el sueño con sueños.

Tanto en la vigilia como en el sueño con sueños, usualmente gastamos todo nuestro tiempo prestando atención solo a los pensamientos y sentimientos en nuestra mente, y a los objetos y acontecimientos en el mundo aparentemente externo, y rara vez, si es que ocurre alguna vez, prestamos alguna atención a nuestro mero ser, nuestra auto-consciencia «yo soy». Debido a que ignoramos habitualmente nuestra consciencia de nuestro propio ser, creemos erróneamente que nuestra consciencia dualista —nuestra consciencia que conoce cosas que son aparentemente otras que nosotros mismos— es la única consciencia que hay. Puesto que esta consciencia dualista se sumerge en el sueño profundo, ese estado nos parece ser un estado de inconsciencia.

 

La consciencia que conoce otras cosas es un fenómeno transitorio que existe solo en la vigilia y en el sueño con sueños, pero no es la única forma de consciencia que existe. Incluso en la vigilia y en el sueño con sueños, existe una forma de consciencia más sutil, que subyace y soporta la apariencia transitoria de nuestra consciencia dualista. Esta forma de consciencia más sutil es nuestra consciencia no-dual de nuestro propio ser, la consciencia por la que cada uno de nosotros sabe «yo soy». Así pues, nuestra consciencia en la vigilia y en el sueño con sueños tiene dos formas distintas: nuestra «consciencia ser» fundamental, por la que sabemos «yo soy», y nuestra «consciencia conocer» superficial, por la que conocemos todo lo demás.

Aunque podemos distinguir así dos formas de nuestra consciencia, éstas no son dos consciencias diferentes, sino solo dos formas de una y la misma consciencia —la única y sola consciencia que existe. La relación entre estas dos formas de consciencia es similar a la relación entre la apariencia ilusoria de una serpiente y la cuerda que subyace y soporta esa apariencia ilusoria. Cuando caminamos bajo una luz débil, podemos tomar erróneamente una cuerda que yace en el suelo por una serpiente. Debido a que vemos la cuerda como una serpiente, fallamos en ver la cuerda como ella es, y, por consiguiente, pensamos erróneamente que lo que yace en el suelo es solo una serpiente. Similarmente, debido a que experimentamos nuestra «consciencia ser» como una «consciencia conocer», fallamos en conocer nuestra «consciencia ser» como ella es, y, por consiguiente, pensamos erróneamente que la única forma de consciencia que existe es nuestra «consciencia conocer».

Lo mismo que la cuerda subyace y soporta la apariencia ilusoria de la serpiente, así también nuestra «consciencia ser» subyace y soporta la apariencia transitoria de nuestra «consciencia conocer». Mientras nuestra «consciencia conocer» es una apariencia transitoria e ilusoria, lo mismo que la serpiente, nuestra «consciencia ser» no es una apariencia transitoria e irreal, sino nuestro sí mismo verdadero, nuestro ser esencial, que existe y es conocido por nosotros en todos los tiempos, en todos los lugares, y en todos los estados.

Puesto que nuestra «consciencia conocer», que es lo que comúnmente se llama nuestra «mente», aparece en la vigilia y en el sueño con sueños pero desaparece en el sueño profundo, es impermanente, y, por consiguiente, no puede ser nuestro sí mismo real —nuestra forma de ser y consciencia verdadera y natural. Puesto que nuestra «consciencia ser», por otra parte, existe en todos nuestros tres estados de consciencia, a saber, vigilia, sueño con sueños y sueño profundo, es permanente, y, por consiguiente, es nuestro sí mismo real, el núcleo y esencia mismo de nuestro ser —nuestra forma de consciencia verdadera y natural.

Puesto que tanto la forma «ser» como la forma «conocer» de nuestra consciencia son experimentadas por nosotros en el estado de vigilia, tenemos una posibilidad de prestar atención ya sea a los pensamientos, sentimientos, objetos y acontecimientos que son conocidos por la forma conocer de nuestra consciencia, o ya sea al «yo soy» que es conocido por la forma ser de nuestra consciencia. Cuando prestamos atención a cosas otras que nuestro ser, devenimos aparentemente nuestra forma falsa de «consciencia conocer», que es nuestra mente, mientras que cuando prestamos atención solo a nuestro propio ser, «yo soy», permanecemos como nuestra forma esencial de «consciencia ser» no-dual, que es nuestro sí mismo real.

 

La naturaleza de nuestra «consciencia ser» esencial es solo ser, y no conoce nada otro que sí misma. Puesto que es consciencia, se conoce a sí misma meramente siendo ella misma. Por lo tanto, su conocimiento de sí misma no es una acción, un «hacer» de ningún tipo, sino solo ser.

Por lo tanto, para conocer nuestro sí mismo real, todo lo que necesitamos hacer es solo ser. Lo que aparentemente nos impide conocer nuestro sí mismo real, nuestra mera «consciencia ser», es nuestro «hacer», nuestro surgimiento para conocer cosas que imaginamos que son otras que nosotros mismos. Mientras que conocernos a nosotros mismos no es un «hacer» sino solo «ser», conocer otras cosas es un «hacer» o acción. La naturaleza misma de nuestra «consciencia conocer» o mente es, por lo tanto, estar haciendo constantemente.

Nuestra «consciencia conocer» viene a la existencia solo por un acto de imaginación —imaginándose a sí misma ser un cuerpo, que ella crea por su poder de imaginación. Así pues, ella no es nada sino una forma de imaginación. Puesto que ella misma es una imaginación, todo lo que conoce es igualmente una imaginación. Puesto que imaginar es un hacer o acción, la formación misma de nuestra «consciencia conocer» en nuestra imaginación es un hacer, y de todos los haceres es el primero.

Puesto que el surgimiento de nuestra «consciencia conocer» desde el sueño profundo es un hacer o un acto de imaginación, todo a lo que ella da surgimiento —todo nuestro conocimiento dualista, que surge en la forma de nuestros pensamientos, algunos de los cuales parecen existir externamente como nuestro cuerpo y los demás objetos de este mundo— es solo un producto de hacer, un resultado de nuestros actos de imaginación repetidos. Así pues, desde el momento en que surge desde el sueño profundo hasta el momento en que se sumerge de nuevo en el sueño profundo, nuestra mente o «consciencia conocer» está en un estado de actividad o hacer constante. Sin hacer, sin pensar ni conocer algo otro que ella misma, nuestra mente no puede permanecer. Tan pronto como deja de hacer, se sumerge en el sueño profundo, que es un estado de mero ser.

Sin embargo, aunque en el sueño profundo nosotros permanecemos como nuestra mera «consciencia ser», de alguna manera parecemos carecer de una perfecta claridad de auto-conocimiento en ese estado. Si nosotros conociéramos claramente nuestra naturaleza verdadera en el sueño profundo, no podríamos tomarnos de nuevo erróneamente por un cuerpo ni por ninguna otra cosa que no somos, y, por consiguiente, no surgiríamos nunca de nuevo como nuestra «consciencia conocer» o mente.

A todo lo largo de nuestros tres estados de consciencia normales, nosotros experimentamos nuestra «consciencia ser» como «yo soy», y sin embargo de alguna manera imaginamos que está oscurecida por una falta de claridad de auto-conocimiento. Esta falta de claridad de auto-conocimiento verdadero es solo imaginaria, pero, debido a que en nuestra imaginación parece ser real, nos hace imaginar que somos una «consciencia conocer» en la vigilia y el sueño con sueños, y que no nos conocemos claramente a nosotros mismos en el sueño profundo, cuando esa «consciencia conocer» se ha sumergido temporalmente.

Cómo somos capaces exactamente de sostener esta falta imaginaria de claridad de auto-conocimiento incluso en el sueño profundo, no puede ser comprendido por nuestra mente o «consciencia conocer». Sin embargo, si somos capaces ahora, en nuestro estado de vigilia presente, de escrutinizar nuestra «consciencia ser» de forma suficientemente aguda, descubriremos que esta falta imaginaria de claridad de auto-conocimiento nunca ha existido realmente.

Es decir, si retiramos la atención de nuestra «consciencia conocer» de todas las formas de dualidad y la enfocamos agudamente en nuestra «consciencia ser» no-dual, que nosotros experimentamos siempre como «yo soy», comenzaremos a experimentar nuestra «consciencia ser» más claramente. Cuanto más claramente la experimentemos, tanto más agudamente seremos capaces de enfocar nuestra atención en ella. Por lo tanto, practicando constantemente la auto-atención, finalmente seremos capaces de enfocar nuestra atención tan agudamente en nuestra «consciencia ser» que la experimentaremos con total y perfecta claridad. Cuando lleguemos así a experimentar nuestra «consciencia ser» con perfecta claridad, descubriremos que nunca hemos experimentado realmente ninguna falta de claridad de auto-conocimiento.

Nuestra «consciencia ser» se conoce siempre a sí misma con perfecta claridad, y no experimenta nunca ninguna falta de claridad de auto-conocimiento. Nuestra aparente falta de claridad de auto-conocimiento es meramente una ilusión, un producto irreal de nuestro poder de imaginación auto-engañoso, y es experimentada solo por nuestra mente o «consciencia conocer». Por lo tanto, tan pronto como experimentemos nuestra «consciencia ser» con perfecta claridad, descubriremos que en realidad nuestra imaginaria falta de claridad de auto-conocimiento es siempre no-existente, y así la ilusión de ella será destruida para siempre.

 

Última actualización: miércoles, 10 de septiembre de 2008
© 2003 - 2008  AtivarnAshram.com. All Rights Reserved