|
Para que nosotros determinemos el medio por el que podemos
descubrir quién o qué somos realmente, es necesario que obtengamos primero una
comprensión teórica clara de qué somos y qué no somos. Podemos obtener una
comprensión tal solo analizando cuidadosa y críticamente nuestra experiencia de
nosotros mismos. Para que un análisis tal sea completo y minucioso, debemos
considerar nuestra experiencia de nosotros mismos no solo en el presente estado
de vigilia, sino también en cada uno de nuestros otros dos estados de
consciencia, a saber, sueño con sueños y sueño profundo.
Esta aproximación es similar al método bien establecido de
investigación adoptado en todas las ciencias objetivas. En esas ciencias, los
investigadores consideran primero cuidadosamente todos los hechos ya conocidos
sobre el tema de investigación para formular una hipótesis razonable que pueda
explicar esos hechos, y después proceden a probar esa hipótesis por experimentos
conducidos rigurosamente.
La hipótesis formulada por los científicos espirituales, o
los sabios, como son llamados más comúnmente, es que nosotros no somos el cuerpo
compuesto de materia inconsciente, ni la mente que consiste en pensamientos,
sentimientos y percepciones, sino que somos la consciencia esencial subyacente
por la que el cuerpo y la mente son ambos conocidos. Esta hipótesis ha sido
probada y verificada independientemente por muchos sabios antes que nosotros,
pero a diferencia de los descubrimientos de las ciencias objetivas, los
hallazgos de esta ciencia espiritual no pueden ser demostrados objetivamente.
Por lo tanto, para ser beneficiados verdaderamente por esta ciencia del
auto-conocimiento, cada uno de nosotros tiene que probar y verificar esta
hipótesis por sí mismo.
Para hacerlo, cada uno de nosotros debe experimentar para
ver si la consciencia que experimentamos como «yo» puede permanecer o no sola
sin nuestro cuerpo o mente. Si somos capaces de permanecer como consciencia en
la ausencia de cualquier tipo de cuerpo o mente, nos probaremos a nosotros
mismos que no somos ninguno de esos dos objetos conocidos por nosotros.
Para permanecer como nuestra mera consciencia «yo soy», sin
ninguna consciencia de nuestro cuerpo o mente, es necesario que conozcamos
nuestra consciencia en su forma pura, exenta de todo contenido —exenta de todo
objeto de conocimiento. Estamos tan acostumbrados a identificar nuestra
consciencia «yo soy» con nuestro cuerpo y mente que inicialmente puede
parecernos difícil distinguir entre nuestra consciencia y estos objetos
conocidos por ella. Debido a esta identificación de nuestra consciencia con sus
objetos o contenidos, nuestro conocimiento de ella parecer estar oscurecido y
sin claridad. Por lo tanto, para distinguir entre nuestra consciencia y sus
objetos, debemos obtener un conocimiento claro de ella como realmente es.
Tanto si somos un científico o solo una persona ordinaria,
cuando buscamos obtener conocimiento sobre algo, el instrumento primario y
esencial que usamos es nuestro poder de atención. Sin prestar atención a algo,
no podemos conocerlo.
En sus experimentos, los científicos a menudo usan ayudas
mecánicas para observar cosas que no pueden percibir directamente a través de
sus cinco sentidos, pero, sin embargo, es solo a través de sus cinco sentidos
como son capaces de leer e interpretar la información proporcionada por esas
ayudas mecánicas. Es solo por medio de uno o más de nuestros cinco sentidos como
podemos obtener conocimiento sobre algo en el mundo externo.
No obstante, aunque nuestros cinco sentidos nos
proporcionen información sobre el mundo externo, nosotros solo podemos conocer
esa información prestándole atención. Si no prestamos atención a la información
proporcionada por nuestros sentidos, podemos no ver algo que tiene lugar justo
frente a nuestros ojos, o no escuchar una conversación entre dos personas
sentadas justo a nuestro lado. Por lo tanto, todo conocimiento es obtenido
finalmente solo por medio de nuestro poder de atención.
Puesto que nuestra consciencia no es un objeto, no puede
ser observada por medio de ninguna ayuda mecánica, ni tampoco puede ser
observada por medio de ninguno de nuestros cinco sentidos. El único instrumento
por el que podemos observar y conocer nuestra consciencia es nuestro propio
poder de atención, sin ayuda de nada más. Puesto que nosotros somos consciencia,
y puesto que nuestra consciencia se conoce a sí misma sin ningún tipo de ayuda,
todo lo que necesitamos hacer para obtener un conocimiento claro de nuestra
consciencia como realmente es, es retirar nuestra atención de todos los objetos
conocidos por nuestra consciencia y concentrarla solo en nuestra consciencia
misma.
Puesto que nuestro poder de atención es nuestro poder de
conocimiento o consciencia, que somos libres de dirigir hacia lo que quiera que
deseemos conocer, concentrar nuestra atención en nuestra propia consciencia
significa concentrar nuestra atención en sí misma, o concentrar nuestra
consciencia en sí misma. Puesto que nosotros experimentamos nuestra consciencia
o poder de conocer como «yo», como nuestro propio sí mismo esencial, prestarle
atención no es una forma de atención objetiva, sino que es una atención
puramente subjetiva —una auto-atención perfectamente no-dual, una atención a
nuestro propio sí mismo esencial o «yo».
Solo prestando así atención a nuestra propia consciencia
esencial, que nosotros experimentamos como «yo», seremos capaces de distinguir
entre esta consciencia y todos los objetos conocidos por ella, incluyendo el
cuerpo y la mente que ahora tomamos erróneamente como «yo». Prestando así
atención a nuestra consciencia y distinguiéndola con ello de sus contenidos,
nosotros podemos experimentar y conocer con certeza si podemos permanecer o no
como mera consciencia, enteramente separados de nuestro cuerpo, nuestra mente y
todos sus pensamientos, sentimientos y percepciones. Si somos capaces de
hacerlo, nos probaremos a nosotros mismos que en esencia somos solo consciencia,
y que no somos ni el cuerpo ni la mente que ahora tomamos erróneamente como
«yo».
|